viernes, diciembre 21, 2012

Fito y lo verdadero

Escuchando el "20 años de El amor después del amor", Fito suena más amable que en la concepción de ese disco. No porque haya sido un fiasco, sino por nuestra dificultad de entonces para asumir la transformación del rosarino descarriado y solitario en un chico cool embobado por la Roth y el encanto postmoderno.
Y desde este viaje de vaivenes y valores surge la sospecha de que lo pasado no siempre representa a lo verdadero. ¿Dónde está lo genuino? ¿En admitir que a la distancia lo del flaco no era tan malo? Revisando nuestros momentos en esto de pedir coherencia entre el ser y el hacer, recuerdo los cuestionamientos a Charly con Clics Modernos y su postura "transa"; la visión despectiva para los caretas de Soda ("Cherati es un chetito", describía Luca); los reproches a la soberbia ricotera por Bulacio, cierta sorna arbitraria por reivindicar a Clapton por encima de Harrison (especialmente por hurgarle a su chica Layla y cantar el tema con maestría) y la lista sigue:
- Sting frívolo con su sexo tántrico
- Chacho Alvarez miedoso por bajarse del barco (aunque muchos reivindicamos su renuncia para despegarlo del vergonzoso chupete)
- Badía y su programa careta
- Las columnas nerds de Fresán
- La traición de Borges, con su pose discriminatoria hacia lo popular
- Los perdones eternos a los inmanejables despropósitos maradoneanos.
Entonces la máxima del maestro respecto del pasado y mañana es mejor, se vuelve sobre uno. Y las firmes posturas en tiempos de juventud, representan más una necesidad de sostener convicciones frente a los ídolos, lo nuevo,  o sus contradicciones.
Lo verdadero fue un casette que Paula, desde La Maga compartió gentilmente con una copia "exclusiva", del disco que cambiaría a Paez para siempre (bien o mal, así fue) También, esa horda de chicas teen (el término no era utilizado con frecuencia), desde el Gran Rex, entonando sus flamantes hits, como reconvirtiendo a Fito, en un Luismiguel popero.
Lo verdadero es decir que Luca, pasó de verdugo a víctima (como Charly, Cerati, el Indio, Chacho, Borges y el resto), según nuestros cambios de perspectiva. Y que la distancia mengua tanto nuestra pasión (o quizás sólo la mía) como la visión sesgada de los ídolos.