Cuando el mundo tira para abajo
es mejor no estar atado a nada
Imaginen a los dinosaurios
en la cama
Domingo denso de enero.
Hay que salir a caminar como
sea, aunque esto implique el recorrido habitual largo hasta Ducilo, con par de
vueltas a la fábrica incluidas, más la adicional de la plaza San Martín a modo
de cierre.
Esta costumbre surgió medio
acordada con Héctor; en realidad calculo que él venía poniéndola en práctica
mucho antes. Pero era una manera de juntarse para charlar y exorcizar sobre los
fantasmas de este mundo, algo más saludable que compartir el clásico café o una
refrescante cerveza.
La amistad con Héctor Islas o
José Rodolfo, como gustaba llamarse en redes surgió desde la práctica
deportiva.
No sé cómo la disputa del
papi y las notorias diferencias futboleras decantó en el vínculo tardío:
diferencias de edad, colores y origen (él berazateguense de pura cepa, yo
retornado en 2002) pero digamos que de aquellos enfrentamientos en el club Los
Marinos, a partir de la invitación de Luis, (primo postizo), el ritual de los
martes y jueves, alternó en torpes gambetas,
siguió con reflexiones de confianza hasta mutar en el afecto sincero.
Por ahí andaba yo, advenedizo
en una ciudad pueblo que figuraba en mi DNI pero que tardó un par de décadas
largas hasta hacerse terruño propio, tras mudarnos con Gabriela y mi primer hijo
a la casa paterna.
Distinto el caso de Héctor
que parecía conocer la ciudad del vidrio como la palma de la mano. En su paso
vertiginoso durante la caminata ("no parés, no parés, recomendaba")
era capaz de recitar las directrices de los primeros planos de la ciudad, alternando
los viejos nombres y números para indicar de qué manera la inmigración europea
se fue adueñando y enamorando de éste nuestro conurbano profundo de laburantes
testarudos, gallineros fructuosos y memorias multicolores.
Antes de sumergirme en todo
esto, con el afecto por Berazategui de mis abuelos, empecé a buscar recuperar
el tiempo por no ser NAC (Nacido y Criado), dejando que el fútbol allanara mi
nuevo camino.
Medio perdido y torpe en el
juego, rasqueteaba mis últimas armas de falso nueve, entre desconocidos de buen
pie. Ahí Héctor confirmaba la picardía de los que saben jugar sin necesidad de
correr.
Asumo que mi modo de
envejecer condicionó tales atributos. Algunos lo vinculan con la cantidad de
torneos en el barrio, otros sin eufemismos dirán "saber ser vivos",
los menos vuelteros lo llaman con razón "tener calle".
El tipo bostero, de prolijo
bigote y cabello ¿eventual gomina? ofició de guía de este servidor paracaidista.
Más saludado que Mussi en
Berazategui, peronista, fanático de Toto Lorenzo y los Beatles (Paul, su
estrella excluyente), devino en el primer amigo genuino de esta región.
De tranco largo y veloz (lo
que obligaba a apurar el paso para seguirlo), Héctor marcaba el ritmo a la vez
que se animaba a hacer en simultáneo una lectura de los tiempos que iban
tocándonos en suerte.
Los debates sobre las formas
de hacer política de Cristina. El daño que generó luego el macrismo,
"Mauricio no es sólo Macri, su origen es Blanco Villegas", recalcaba
casi separando en sílabas como recordarnos la ambición desmedida de nuestros
terratenientes ganaderos. Y el daño suscitado por el último payaso surgían como
disparadores de fuertes debates respecto de la Argentina, su lastre y
fundamentalmente su inexorable y difuso destino.
A Héctor me lo cruzaba todo
el tiempo aunque no era el único ciudadano con tal privilegio. En realidad
solía pasarle en simultáneo a decenas de vecinos con quienes el hombre se
detenía respetuosamente a intercambiar comentarios entre su potente carcajada y
entusiasmo.
En dos o tres sugerencias, el
tipo desplegaba un compendio de saberes y soluciones simples, cerrando la
cuestión con una sonrisa o palabra de aliento.
Devoto de los suyos, su
adorada Marta, la singularidad de sus hijos y la familia como matrix esencial
de la existencia, Héctor distribuía su tiempo entre la demanda filial y sus
retoños (atento a las necesidades de hijxs y nietxs), el interés por lo social
en general, pero también con la capacidad de
buscar sus espacios y momentos para despuntar el placer por el arte en
todas sus formas.
Así, dentro y fuera de la
ciudad, celebró cada encuentro al que pudiera asistir para escuchar algún
artista, un orador inteligente o sencillamente contemplar la habilidad de los músicos.
Con Victor Hugo se vio en más de una ocasión, retribuyéndole su admiración,
pero también intercambiando impresiones sobre la obra o el show que los hizo
coincidir en suerte.
También bregó por ayudar a
otros en su crecimiento profesional. Así fui testigo de cómo alentó a cantantes
de bajo perfil, procurando desinteresamente difundir su obra.
En El Patio, la Biblioteca
Manuel Belgrano, yendo por la 148 el hombre recreaba sus universos a prueba de
inflaciones y de las marcas del tiempo. En este sentido, desde sus relatos creí
descubrir lo más parecido a una adolescencia feliz. De madraza generosa y padre
carnicero, con encuentros de familias de mesas largas y bromas precisas, Héctor
halló su propio tesoro en un combinado que se le instaló con una música
indescifrable que lo transformaría para siempre.
Vagamente me contó aquella
anécdota donde el simple de la manzanita sonaría una y otra vez, después
vendrían los elogios a George Martin, la defensa a ultranza de los escarabajos
al nivel de Mozart o Beethoven. Paralelamente, en alguna de las caminatas,
recordaba a ese profesor que minó su cerebro con literatura y hasta cierta
curiosidad por el teatro. Todo esto más o menos en línea con sus recuerdos
formales, hasta una tarde en que reveló su propósito.
Entonces, Paul Mc Cartney ya
había tocado un par de veces y quien por años había optado por evitar el
flequillo, probablemente fuera de época, hizo un pedido que sonó a orden o
decreto. "Tengo que pedirte un favor, necesito tener dos o tres minutos
para conversar con Paul", explicó. Héctor sabía de mi laburo en
Espectáculos y su misiva me resonó con la inocencia de quien supone el fácil
acceso al Hyatt o al Four Seasons.
"Quizás pueda hacer algo
para conseguir una entrada al show, propuse, pero lo del ingreso al hotel lo
veo complicado", comenté.
"Bueno, está bien",
accedió ni corto ni perezoso a la propuesta.
Por supuesto que mi
sugerencia era otra complicación, pero tuvo suerte. La foto que compartimos acá
corresponde a aquella tarde soñada en la que Islas volvió a tener el doble de
aguante de los picados, mientras uno observaba el embrujo de la banda que
vuelve jóvenes a los históricos e incrédulos a los escépticos.
Primer cometido de Héctor,
quien días más tarde agradeció la invitación con uno de sus tesoros guardados: un
habano cubano, supuso, era lo menos que me merecía, después de monumental
evento.
De todos modos la historia no
quedó ahí. Un par de años más tarde, insistió con aquel pedido "necesito
comentarle algo". Por entonces, Posadas y 9 de julio fue escenario de su
segunda proeza. Claro que para esta ocasión, Marta se encargó de hacerle el
aguante. La pareja llegó temprano (vaya uno a saber cuántas horas se bancó la
susodicha para que su amado concrete el sueño) pero después de desencuentros y
esquivar al piberío, ahí estaba nuestro beatle conurbanense haciendo honor al
maestro de Liverpool.
Si la familia conserva el
video (entiendo que sí, gracias a las habilidades de Marta inmortalizando la
escena) se lo puede ver a Paul siguiéndole la vista a Héctor, luego de que este
lo invocara entre tanto griterío.
Más divertida, sin embargo,
fue su explicación, luego de esa increíble faena. "Yo sabía que iba a
poder hablar con él", me confió caminando por la 144 rumbo a la Calle
Varela. "¿Sabés cuál fue la verdadera razón? Todos gritaban desquiciados y
yo fui directo 'Paul lo llamé' ¿entendés? El tipo se sorprendió porque vio a
alguien de su edad convocándolo con su nombre, preciso, por eso se asomó del
auto y me saludó directamente".
Ese testigo y aventurero es
Héctor. El mismo que accedió acompañarme a ver al Rojo con respeto. Aún entre
chicanas futboleras, sabía hacer una evaluación de mi equipo o el suyo, siempre
preservando sus colores de la crítica. Por ahí, contaba contento cómo la había
pasado con su hija tras un partido. La cita incondicional familiar permitía
imaginar un ida y vuelta a la cancha envidiable.
Se hacía espacios para
charlar temprano con Alejandro, antes de que éste encarara sus
responsabilidades, celebraba la madurez e independencia de la mayor o comprendía
la inocencia de Gustavo, el menor, con quien supo tirar paredes en aquellos
partidos de allá lejos.
La última vez que charlamos
fue antes del Boca- Riestra. Estaba contento con haber visto junto a Marta a
Nacha Guevara junto a Favero y no tardó nada en retribuir con emoticones esa
invitación.
Un par de meses antes,
contemplé al matrimonio sostener en respetuoso silencio el dolor por la pérdida
de nuestro intendente en el De Vicenzo. Allí nos cruzábamos siempre en la feria
del libro, en las de las colectividades y (no estoy seguro), incluso un Bera
Rock. En más de una oportunidad, lo pensé con el Negro Mussi juntos, pateando
la ciudad e intercambiando roles. Sí, Héctor intendente ¿por qué no?
Vengo pateando este texto
hace diez días. Lógicamente imaginé el pesar de su hija con Boca de local ante
Ñuls. Ojalá haya ido igual a la cancha, calculo que Héctor lo hubiera querido.
Todavía no volví a conversar con Marta. Aún cuando uno labura con palabras, soy
consciente de lo estéril que representan elaborar frases nuevas, sin lugares
comunes, sin clichés de ocasión.
Me quedo con él poniendo
orden el lugar donde reposan sus padres y pensándose con ellos. O, para los que
lo preceden, con el cura campechano que en Cuellas reforzó la idea de que
Héctor está entre nosotros. Siempre es así, los afectos, la buena gente, los
tipos como él, se vuelven viento, olores, preguntas, conversaciones solitarias
o colectivas.
Razones y broncas. Todo eso
junto.
En estos días retomo las
caminatas y, aún consciente, dejo que la mirada se pierda en el tic de buscar
al lungo que viene a doscientos metros de frente. Remera azul, paso largo y
firme, extendiendo los brazos para saludar con las manos, diciendo "acá
estoy, vamos por una vuelta más. Pero la última que tengo que relevar a Marta y
después al mediodía tengo que buscar a mi nieto. ¿Cómo está la familia? ¿Para
qué está el Rojo? ¿Cómo seguirá todo esto?", indaga y yo, mientras
comienza a caer el sol, le cuento.
Superamos Reyes de modo austero y sin
zapatos.
A no quejarse, el transporte público y la calle
viralizan la mendicidad, aunque nadie repare en ello.
Ya no se respeta el turno de la venta ambulante ni
los mangazos por la falta de moneda, todos al mismo tiempo, urgen las necesidades. "También tengo mercado pago",
reza más de un transeúnte para beneplácito del megaultramillonario Galperno, quien sabe sacarle provecho hasta la transpiración de los desclasados.
"Como el IVA al Uvita de cartón", me
comentó alguien hace poco. ¿Dónde puede reclamar su 21% cualquier
durmiente callejero?
A lo nuestro. El segundo Prompt va de un enigma
difuso literario. Se trata de Finnegans Wake
(1939), la última obra de James Joyce, motivo de culto entre lectores,
académicos y artistas, reconocida paradójicamente como uno de los libros más
difíciles e "ilegibles" de la literatura moderna.
No es un bestseller masivo como Ulises, pero Grok
sostiene que tiene un fandom apasionado que lo considera una obra maestra
absoluta.
Joyce tardó 17 años
en escribirlo, creando un lenguaje inventado con puns multilíngües (mezcla
palabras de hasta 70 idiomas), portmanteaus (palabras fusionadas) y
neologismos.
El libro intenta recrear el flujo del sueño, el inconsciente y la noche, sin trama lineal clara. Esto lo hace casi impenetrable para el lector común, pero para sus admiradores es un desafío intelectual adictivo: descifrarlo genera euforia, como resolver un puzzle infinito.
Grupos de lectura
dedicados pasan años (incluso décadas) analizándolo página por página. Leerlo y
"entenderlo" (o al menos disfrutarlo) confiere estatus de
erudito.
La novela transcurre durante una sola noche en el sueño de un tabernero de Dublín llamado Humphrey Chimpden Earwicker (HCE, a menudo abreviado como "Here Comes Everybody", simbolizando al hombre universal). Este personaje se transforma en diversas figuras arquetípicas, como el gigante Finnegan (inspirado en una balada irlandesa donde un hombre cae de una escalera, muere y resucita en su velatorio al salpicarle whiskey).
HCE está atormentado por un rumor vago de un pecado o indiscreción cometida en un parque (Phoenix Park, aludiendo al Pecado Original). Su esposa, Anna Livia Plurabelle (ALP, que representa el río Liffey y la feminidad eterna), y sus hijos (los gemelos Shem y Shaun, opuestos como artista y pragmático, y la hija Issy) aparecen en metamorfosis constantes.
La estructura sigue los ciclos históricos de Giambattista Vico (edad divina, heroica, humana y caos, seguido de un nuevo ciclo), simbolizando la caída y resurrección eterna de la humanidad. El libro comienza a mitad de una frase y termina con la otra mitad, formando un círculo infinito: todo cae y resurge ("Finnegans Wake" juega con "fin again" = fin de nuevo, y "wake" = velatorio/despertar).
En concreto, no hay una trama lineal clara; es un sueño colectivo donde se entretejen mitos (Finn MacCool, Adán y Eva), historia, familia y lenguaje. Muchos críticos advierten que resumirlo simplifica demasiado su esencia, que radica en el flujo del lenguaje y el subconsciente más que en una "historia". Si buscas leerlo, se recomienda con guías como A Skeleton Key to Finnegans Wake de Joseph Campbell. ¡Es un desafío monumental, pero fascinante!
Existen guías
clásicas como A Skeleton Key to Finnegans Wake de Joseph Campbell (1944),
sitios web con decenas de miles de anotaciones (como FWEET), foros, grupos de lectura
y conferencias internacionales.
Algunos lo llaman
"culto" literalmente: es como una secta de joyceanos
obsesionados.
Muchos fans
insisten en que no hay que "entender" cada palabra, sino leerlo en
voz alta: suena como música, poesía rítmica o un río de palabras (el libro
empieza y termina en la misma frase, circular).
Secciones como
"Anna Livia Plurabelle" se consideran prosa poética sublime, un
aparente caos hay humor absurdo, erotismo y una visión optimista de la
humanidad (caídas y resurrecciones cíclicas, como el título basado en una
canción irlandesa).
Críticos como
Harold Bloom lo comparan con Shakespeare o Dante. Los propios Beckett, Borges o
posmodernos destacan esta lengua universal que une mitos, historia y
sueño.
En otra vereda se
ubica Nabokov quien describió al exótico texto como "plato frío".
budín
Con el tiempo, sus
defensores parecen seguir airoso: sigue siendo de culto, aunque muchos lo
abandonen rápido. Pero quienes lo "atrapan" lo defienden con pasión
religiosa.
Consultada la IA
sobre algún exponente similar de Argentina, la propuesta fue Rayuela, de Julio Cortázar
y Adán Buenosaires de Leopoldo Marechal.
La "antinovela" como describen muchos a
Rayuela (1963) propone dos formas de lectura: una lineal tradicional y otra
"a saltos" (como el clásico juego), lo que invita a los lectores a
experimentar con el orden de los capítulos y descubrir múltiples narrativas.
Muchos lo consideran el equivalente latinoamericano
a las innovaciones de Joyce (incluso Borges lo reseñó en conexión con obras
como Finnegans Wake), hubo eventos donde se lee colectivamente o se analiza su
complejidad filosófica y lúdica.
Otro candidato podría ser Adán Buenos Ayres (1948)
de Leopoldo Marechal, a menudo llamado el "Ulises argentino" por su
estilo épico, alegórico y denso, que también atrae a lectores devotos para debates
profundos sobre su mitología porteña y referencias culturales.
Respecto de nuestras propias cofradias o pactos colectivos, esquivo cualquier alusión política para no acrecentar susceptibilidades (hablo, por supuesto, de la audacia juvenil de los setenta). También especulo con los aventureros piscóticos de 'Los siete locos'. Deliro con un proyecto así en el conurbano con Marechal o 'El Aleph', 'Respiración Artificial', 'Sobre héroes y tumbas' y una lista que invite a procesar los mensajes de una voluntad individual que de la noche a la mañana se convierte en apetito grupal.
Por ahí a Uds. les surge alguna idea al respecto para poner en práctica.
Se espera con interés.
Más data...
https://peninsulardigital.com/2025/04/24/club-de-lectura-tardo-28-anos-en-terminar-libro-de-joyce/
https://www.xataka.com/literatura-comics-y-juegos/1995-club-lectura-comenzo-a-leer-libro-dificil-james-joyce-28-anos-despues-al-fin-ha-terminado
https://revistacolofon.com.ar/bosquejo-de-un-umbral-para-finnegan/
https://www.culturematters.org.uk/finnegans-wake-fascism-and-the-essential-unity-of-the-human-race/
Como ambos me resultan queribles, desafiantes y atemporales, los transpolé a Grok. Aquí la primera experiencia promtiana, más allá de la etimología compartida anteriormente.
Encontrás puntos en común entre murakami y kenzaburo oe?
Sí, hay varios puntos en común entre Haruki Murakami y Kenzaburō Ōe, dos de los escritores japoneses más influyentes de la posguerra, aunque sus estilos y enfoques difieren notablemente (Ōe es más político, intelectual y realista crudo, mientras que Murakami es pop, surrealista y globalizado).
Ambos son escritores japoneses contemporáneos de renombre internacional — Ōe ganó el Nobel en 1994; Murakami es un eterno candidato y bestseller global.
Influencia fuerte de la literatura occidental (especialmente inglesa y estadounidense) → Los dos leyeron mucho en inglés desde jóvenes, lo que los ayudó a distanciarse de la tradición literaria japonesa clásica (como Kawabata o Mishima). Esto les permitió desarrollar estilos innovadores y menos atados a las convenciones niponas.
Exploración de temas profundos como la alienación, la soledad, la identidad y el trauma personal/social → Ōe a menudo desde lo autobiográfico (ej. la discapacidad de su hijo) y lo político (posguerra, nuclear); Murakami desde lo cotidiano mezclado con lo surreal (pérdida, memoria, mundos paralelos).
Uso de narrativas introspectivas y personajes complejos → Algunos lectores ven similitudes en el ritmo de la prosa, la yuxtaposición de lo mundano con lo extraordinario, y tipos de personajes (protagonistas alienados). Por ejemplo, obras como A Personal Matter de Ōe se han comparado con el aura de novelas de Murakami.
Compromiso con temas sociales japoneses → Ambos han tocado el trauma de la guerra (Ōe más directamente con Hiroshima/Nagasaki y crímenes de guerra; Murakami en obras como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o Underground sobre el atentado de Aum). Los dos han criticado aspectos de la sociedad japonesa moderna, como el nuclearismo.
Innovadores en su época → Rompieron con la literatura tradicional japonesa, incorporando elementos "extranjeros" (pop culture en Murakami, existencialismo europeo en Ōe).
A pesar de estas coincidencias, Ōe ha sido crítico con Murakami (lo vio como demasiado "pop" y centrado en subculturas, sin el compromiso político profundo de la literatura japonesa clásica), aunque luego reconoció obras más maduras de Murakami entregándole un premio.
En resumen, comparten raíces en la modernización de la literatura japonesa posguerra y una mirada crítica al individuo en la sociedad, pero desde enfoques muy distintos.
En tanto y antes de la tarea que hoy me ocupa, cerré relectura de 'El salto de papá', de Martín Sivak a un mes de 'La llorería' su último libro. Increíble cómo con literatura, este muchacho le puso el cuerpo a la adversidad. Hay tripas, buen gusto y compromiso, más el valor de un envidiable equilibrio entre padecer y relato. Chapeau para el colega (por periodista) Eu não sou escritor.
Ahora transito 'Patagonia' de Bruce Chatwin, un británico que vino por estos lares en los setenta, motivado por la curiosidad de nuestros dinosaurios. Buena prosa, muy antiperonista y algo liviano para leer el contexto (bah, quizás eso me joda a mí nomás)
También, entre el calor, una muela que fue, los cierres del diario de fin de año, el desenlace de 'Pluribus' (merece un post, creo) volví paralelamente a Kenzaburo Oe ahora con 'Carta a los años de nostalgia'. El ponja es increíble, justo lo arranqué en estas horas y veo que su personaje habla de la transformación de la naturaleza luego, los bosques en particular, a raíz de la radiación.
En síntesis comenta que, lejos de afectarse, la misma se fortalece por lo que recomienda elegir este ámbito en lugar de las ciudades, pensando en la supervivencia.
Ah, ayer vivimos 'Dolor real'. Buena historia aunque no deja de hacerme ruido el carácter solemne del pueblo judío para referirse a su pesar (básicamente trata de dos primos que hacen un tour a Polonia, primero con un grupo a los campos de concentración y luego a la casa natal de su abuela) en tiempos donde el empoderamiento israelí y el genocidio que propicia en Gaza, dista y mucho de un aprendizaje sincero. Como si hubiese un solo dolor real, el de ese pueblo.
Fin del parte
Vamos a un objetivo que, de manera lúdica, se me ocurre para refrescar y alimentar esta tarea bloguera, más allá de mis intermitencias y las escasas devoluciones.
Voy a socializar o compartir cuando crea conveniente, la función promtear con las eventuales IA.
Para esto, nunca mejor que aprovechar Grok e ir al origen de la cosa. Palabras más, palabras menos, aquí vamos con la primera apuesta:
Significado del término "prompt"
El término prompt es una palabra inglesa con múltiples significados dependiendo del contexto:
Como adjetivo: Significa "rápido", "pronto", "puntual" o "inmediato". Por ejemplo, "prompt response" se traduce como "respuesta rápida".
Como verbo: "To prompt" significa "incitar", "provocar", "sugerir" o "recordar" (como en teatro, donde un "prompter" ayuda al actor con las líneas).
Como sustantivo:
En informática tradicional: Un "prompt" es el símbolo o mensaje en la pantalla (como "C:>" en sistemas antiguos) que indica que el sistema está listo para recibir comandos.
En escritura creativa: Un "prompt" es una idea, frase o estímulo para inspirar la creación de un texto (ej.: "Escribe una historia sobre un viaje en el tiempo").
En inteligencia artificial (IA) generativa: Es la instrucción, pregunta o texto que se introduce en herramientas como ChatGPT, Gemini o Midjourney para guiar la generación de contenido (texto, imágenes, código, etc.). Un buen prompt es claro y detallado para obtener resultados precisos.
En español, especialmente en contextos de IA, se usa directamente "prompt" (sin traducir), aunque equivaldría a "instrucción", "indicación" o "entrada".
Origen etimológico
La palabra "prompt" proviene del latín "promptus", que significa "preparado", "listo", "visible" o "a la mano". Deriva del verbo "promere" (pro- "hacia adelante" + emere "tomar"), es decir, "sacar" o "traer a la luz".
Entró al inglés en el siglo XIV/XV a través del francés antiguo "prompt".
Fuentes confiables como Etymonline y Oxford English Dictionary confirman esta raíz latina, relacionada con palabras como "pronto" en español/italiano (que también viene de "promptus").
En el contexto moderno de IA (desde ~2022 con el auge de modelos como GPT), "prompt" se popularizó porque estas herramientas "esperan" una entrada (como el antiguo prompt de comandos) para generar una respuesta "pronta" y preparada.
En resumen, su origen clásico de "listo y disponible" encaja perfectamente con su uso actual en tecnología: una indicación que prepara al sistema para actuar de inmediato.
Espero que les resulte útil.
Pd: Viajar en el Roca baja a tierra cualquier pretención (literaria, personal, etc) Mucha gente peleándola como sea, tolerando el abandono estructural (político, ferroviario, etc) Un examen necesario para los que sueñan con paraisos digitales.
También el chupete smartphone refuerza un sentido colectivo de abandono e introspección (cada uno con su celu) que parece no tener fin.
Me esfuerzo por abandonar....
...por unos días la mochila IAista, esta suerte de oráculo personal que da respuestas para todo como el cerebro mágico o el mago Chang, capaz de alivianarnos el esfuerzo de refrendar el pensamiento o evitar esas lagunas que nos perturba y que le dieron tanta reflexión y letra a Freud y Lacan, entre otros.
A propósito, sin soltar del todo a Grok, hace cosa de diez días, cuando rasin se soñaba campeón, Milei portaba su traje YPF en la entrega de los Nobel y las navidades asomaban como hologramas comerciales, me dediqué a revisar conceptos en torno de la Melancolía.
Anhedonia, que le dice nuestro Charly. Impresión despojada de la talentosa Dunst en esa joya planetaria de Lars Von Trier. O el diagnóstico que algunos emparentan con la depresión, otros con la psicosis y varios con la capacidad manipulatoria de quien se sabe derrotado.
Melancolía, esa que se canta (Silvio, Gorillaz, Depeche, Arjona) y la que se confunde con su oximorón: la Nostalgia.
Y no. Podemos traerlas a la memoria, utilizarlas como trampas de recordatorios, pero a no dejarse engañar. Ambas son como esas primas que se descubren de chicas en una fiesta familiar multitudinaria de fin de año, compartiendo la misma mesa y que, vaya uno a intentar comprender por qué regla vincular del destino, no se verán nunca más.
Tengo ganas de revolver en las defidescripciones de la voz sabionda de Musk que compilé, como dije antes, hace diez días. Pero no, será para otro post.
Seguiremos con la bilis negra (melankholía (μελαγχολία) melas (negro) y kholé (bilis), en otra oportunidad.
El otro concepto, o mejor dicho con lo que sí estuve remando durante estas últimas 72, 96 horas, refirió a El ocho interior lacaniano.
El caminito de hormiga, sin embargo no es tan directo para ver cómo este tipo llegó a esa ¿figura? Primero, falso círculo, luego la tan idolatrada cinta de moebius - cuyo uso suele abusarse cada vez que buscamos describir amores infinitos por ídolos, momentos, referentes-. sí, el ocho acostado.
Y por fin el ocho interior. Prometo que en algún momento del 2026, me animaré a juntar a gente querida y desplegar una clase, con papeles, tijeras y todo, como aconsejaba el noble francés y jugaré a exponer el recorrido de un punto entre esa suerte de rulo interno, serpentina para explicar la relación del borde, de lo interno, de lo externo, del deseo, del fantasma, de lo dicho y lo no, etc.Lógicamente pensarán "pero qué al pedo está este chabon", sólo porque ni me enganché con la tasa que eligió pagar Toto Caputo de un ¡¡¡DIEZ POR CIENTO!! en dólares para el préstamo recibido número 23.40991, ni con la reconfiguración de las realzadas "bandas".
Tampoco me embronqué con la Sra.Bulgheroni y sus loas a Javo. No escalé en la opereta goberclarinesca contra Chiqui Tapia ¿Qué parecido es este al actual presidente, al ego del Muñeco, de Román y el mismo Messi, no?
Igual da para otro post.
Tampoco una sola línea acerca de la miseria y los durmientes callejeros.
En cambio elegí irme por las ramas. Entre cuestiones de salud y sequía del bolsillo, apelé a Pluribus para abrazarme a una ficción que nada tiene de inverosimil. Leí La llorería de Martín Sivak, sumé minutos a la tesis inconclusa, me reuní con gente querida, deshojé plantines de tomate y albahaca (esta para el pesto), alguna bicicleteada y no mucho más.
Si existe una vida mejor, pero es más cara, hay otra sana, pero requiere desenchufarse.
Nada mal contra el estigmatizante diciembre.
Você é assim
Um sonho pra mim
E quando eu não te vejo
Eu penso em você
Desde o amanhecer
Até quando eu me deito
Eu gosto de você
E gosto de ficar com você
Meu riso é tão feliz contigo
O meu melhor amigo é o meu amor
E a gente canta
E a gente dança
E a gente não se cansa
De ser criança
A gente brinca
Na nossa velha infância
Seus olhos, meu clarão
Me guiam dentro da escuridão
Seus pés me abrem o caminho
Eu sigo e nunca me sinto só
Você é assim
Um sonho pra mim
Quero te encher de beijos
Eu penso em você
Desde o amanhecer
Até quando eu me deito
Eu gosto de você
E gosto de ficar com você
Meu riso é tão feliz contigo
O meu melhor amigo é o meu amor
E a gente canta
A gente dança
A gente não se cansa
De ser criança
A gente brinca
Na nossa velha infância
Seus olhos, meu clarão
Me guiam dentro da escuridão
Seus pés me abrem o caminho
Eu sigo e nunca me sinto só
Você é assim
Um sonho pra mim
Você é assim
Você é assim
Um sonho pra mim
Você é assim
Você é assim
Um sonho pra mim
Você é assim
Você é assim
Um sonho pra mim
E quando eu não te vejo
Eu penso em você
Desde o amanhecer
Até quando eu me deito
Eu gosto de você
E gosto de ficar com você
Meu riso é tão feliz contigo
O meu melhor amigo é o meu amor
Ahora que estamos en las malas, nunca te vamos a abandonar....
Entre ayer y hoy me quedó dando vueltas un debate acerca del consumo que tiraron ayer en Batalla Cultural (Gabriel Sued y Noe Barral Grigera, El Destape) respecto de un estudio indicando que los argentinos celebran el fenómeno de la libre importación, aunque se lamentan el cierre de fábricas.
La historia siguió con el repaso del inminente cierre en Pilar de Whirlpool y el riesgo de Essen en la misma localidad. En redes el algoritmo me trajo a Mayra Arena reflexionando sobre la crisis ("nadie quiere autopercibirse como desempleado, todos prefieren sentirse emprendedores"), más alguno que otro dato acerca de laburar 12 horas diarias en lo que sea y apelar a las billeteras digitales para demorar la pobreza.
"¿Tenés una moneda? podés transferirme a mercado pago, si querés y me ayudás un montón", se escucha diariamente en el Roca.
De ahí, antes de matear, salté al fenómeno Shein que entusiasma por igual a compradorxs compulsivxs como a amantes de las marcas, tal vez por esto de elige tu propia aventura a la hora de gastar. Metáfora perfecta de la penetración masiva y cultural de la existencia.
La fórmula es simple. China y todo, representa como ninguna la exacerbación del mercado. Mientras Europa la sufre y Trump juega a los aranceles duros, acá Shein y quien quiera tiene el terreno allanado.
Para el usuario común es simple:
Elegir un producto, una prenda, un mueble, algo electrónico, encargarlo, llega a tu casa y listo. Fin. De esa manera evitás perder el tiempo para su búsqueda, ahorrás en el recorrido y aprovechás tu vida en otras cosas.
Bueno, tampoco se trata de echarle la culpa a Xi Jinping, bastante entrenamiento tuvo, tiene y tendrá el argentino promedio, supramedio y submedio con Marquitos Galperín, nuestro emperador digital amarillo.
Y aquí viene el dilema, el falso ahorro de evitar moverse hasta algún lugar (local de proximidad, Avenida Avellaneda, Palermo, la Gran Dulce o la feria del barrio) para priorizar la existencia.
Lo que implicaría desentenderse de quienes cortan telas, trabajan en prendas o productos regionales, apuestan por una elaboración nacional. Adiós y buena suerte.
Justo es decir que desde hace mucho el consumo privilegia la cuestión identitaria global, las marcas universales son las únicas que tienen sentido y las que quiere la gente. (mandato capitalista).
Por ende, a uno o varios dentro de nuestro entorno, no les queda más que la chance ilusoria de apelar al propio tiempo para reconvertirse en emprendedor ("soy mi propio jefe") y dirigir sus aspiraciones a demandas más cercanas como vender tortas de cumpleaños, hacer delivery, promover algún tatuaje o un diseño original que "realce tu cuenta de instagram, portal o local".
Así, con una buena estética, podrás contar con esos milagrosos tres segundos para hipnotizar vía reel a algún potencial cliente.
Motivo suficiente como para soñar.
Imagino entonces en esta dinámica cuando la suerte se posa sobre algún agraciado enterpreneur. Una torta, por ejemplo con una cruz en el medio y gusta, con suerte convoca seguidores y gente que quiere comprarla lo que permite aprovechar el efecto de la buena racha hasta lo que dure.
Viralizar lo nuestro entonces será la salida hacia adelante. En tales circunstancias, deberá trabajar 7 x 24 porque "las oportunidades no se dan todos los días" o sólo ocurren una vez en la vida.
Argumento que va de los primeros contrabandistas de 1808 en el país, hasta llegar a la venta de seamonkeys, instalación de parripollos, canchas de paddle, patitos en la cabeza, etc.
La dinámica aplica para la flamante minipyme como la disciplina del buen influencer, la permeabilidad de diseñadoras de modas o páginas, las tentadoras rutinas de algún chef virtual. Y por qué no los videos o temas lanzados por músico en youtube o spotify. Además de otras disciplinas enriquecedoras y vitales para nuestra existencia que en este momento se me escapan.
Aún sin hablar de las dificultades para sobrevivir (tema que sugerí pero esquivo) insisto con la idea del tiempo como principal valor.
Se dejan de hacer cosas porque ya no tienen sentido, porque no hacen falta, porque no hay utilidad en el esfuerzo (algo que se exacerba por ejemplo con la importación). Estudiar no asegura supervivencia, proyectar solo o en conjunto ¿para qué?
Mientras tanto, el índice recorre el artilugio de mirar hacia otra parte, todo el tiempo que dure o que sea posible, esa ansiedad plena que sólo se calma con el reflejo de la luz azul de la pantalla amiga.
Es cierto, el tiempo nunca nos perteneció, pero este artificio que se expande, ya es gimnasia, alimento.
Acaso el mismo alimento que hoy desborda al desierto de Atacama, restos de aspiración estética foránea, devenida en un enorme e infinito basural haciéndose geografía.
La montaña es la montaña. Y el tiempo, nuestra pretensión.