lunes, marzo 20, 2017

Orozco Barrientos - pulpa









Pulpa

No es explícito pero por ahí anda...



PULPA (Orozco-Barrientos)



Algo seca

Está sonando mi caja

Quita penas

Y una resaca de primavera

Quita penas

Y una resaca de primavera



Algo dijo

Y le bajó la bandera

Salta y quema

Una escopeta la cordillera

Salta, vuela y quema

Una escopeta la cordillera



Lo que veo es Lavalle

Y su desnudez

Dios y el diablo en bronce

Lo que nos mata es la sed

Dios y el diablo en bronce

Lo que nos mata es la sed



Pulpa fresca

Le andan sangrando las llagas

Quita penas

Y una resaca de primavera

Lo que veo es Lavalle

Y su desnudez

Dios y el diablo en bronce

Lo que nos mata es la sed

Dios y el diablo en bronce.

Historia...

Por enésima vez suena y resuena Tumba o Cementerio de Pappo´s Blues en casa, en el auto, en la calle, en mi cabeza, en el crepúsculo. Y no sé si son sus versos elementales o la guitarra que con un jueguito hipnótico me envuelve, o la combinación de ambas, las que ratifican el final más prolijo de todo.
Ese de pispeos inútiles, de palabras sin pronunciar, de silencios acordados, sólo para evitar que la verdad o las presunciones no duelan todavía  más.
En el fondo, me resisto a sostener o avalar la voz del Carpo adolescente y su conclusión "Tendré que ser historia y dejar de pensar".
En el fondo prefiero crearme la falsa ilusión de revertir el ser por el hacer.
Pero es una sensación, no una certeza.
Mi amigo- hermano de la vida y gran contenedor durante las últimas semanas dio, si no un saludable veredicto, una sincera recomendación: "Tiempo para pensar y reflexionar. Primero tratar de conocer dónde se quiere ir y después tomar decisiones. Hacerlo al revés no te va a llevar a ningún lado".
El tipo quiso retrucar tal idea pero el silencio que genera semejante argumento gana la partida.
Basta de falsa sabiduría. Para lograr semejante faena, debería ser otro y por cierto, durante unas semanas lo fui. Hay cosas que no son para cualquiera y ese es el mérito y a la vez el defecto.
Cambio foto de enredadera en un muro por noche húmeda. La noche siempre es aliada, como esas canciones que nunca se te escapan. El sol, diría el poeta, el sol no da de beber.
El compás de Desconfío se adueña de mis balbuceos y las imágenes se suceden como una cinta de película presta a incendiarse. De golpe quien miente es mentido, quien quiere es descartado, quien sueña debe despertar. Y está bien, la vida requiere buenos sentidos, aún para el sinsentido.
"Y es queee mi historia espera por mi..
a veces presiento, las cosas pasan
y sin que mi memoria las pueda esperar
tendré que...y dejar de pensar"



martes, marzo 14, 2017

Tener espalda

¿Existen dolores inspiradores?
Y no hablo sólo de los del alma. Tampoco me referiré a los de muela, oídos o estomacales, inmanejables para el pensamiento, si no a otros más persistentes, intensos. No, no son las articulaciones, esas donde la humedad suele jactarse de cosquillearnos para recordarle a las viejas lesiones que el tiempo no barre nada, si no todo lo contrario.
¿Cómo es la frase realmente, 'tener espalda o tener espaldas'?
Me resisto a asumir que la función del plural no sea más que una exageración de esa parte que va de los hombros a la cintura, que sólo refiera a tamaño o cantidad.
Aún sin consultar a la RAE, calculo que 'tener espalda' alude a tolerar y soportar, algo así como un bagaje amplio para demostrar nuestra capacidad de aguante; para sostener aquello que nos pesa y con lo que debemos transitar.
Cargamos con lo que nos toca llevar en suerte, aún sin poder modificarlo. Imposible mirar lo que hay detrás nuestro, salvo ayudados por algún espejo o por alguien que se ofrezca a orientarnos (a riesgo de que su mirada nos haga sentir el sobrepeso)

Mi espalda, cuyo dolor vigente bien puede ser promovido por pinchazos haitianos, aquella cuna del vudú  (¿mentira, no existen semejantes enemigos!, creo), mi espalda, sigo, siempre se adaptó a mochilas incómodas. Mochilas que, en más de una sesión terapéutica, quisieron emular a una cruz religiosa. ¿Pero qué llevás acá adentro?, supo ser más de un reclamo, tras constatar el adoquín embolsado. Una agenda, una o varias promesas de lectura, (¿te acordás en el bondi, con La Voluntad de Caparrós?) un grabador, revistas, diarios, CDs, impuestos, cuadernos, pulloveres, etc,

Sin embargo, digamos que no todo peso debe necesariamente ser hostil.
Sobre nuestras espaldas, también nos simulamos fuertes para cargar a caballo a la persona amada, jugamos a cococha con quienes nos hacen sentir superhéroes, eludiendo los cochecitos y creyéndonos que tal fortaleza continuará con nosotros para siempre. Aprovechar al mango el contacto con tus pibes que en su inocencia se sienten altos o a punto de volar, hasta que nos de el cuero, claro.
Todo este delirio por un dolor que está a punto de cumplir una semana y que, según la guardia, no registra lesiones importantes.

Hago paréntesis que en realidad abre ideas para entender, de alguna forma qué le pasa a la espalda..
*espalda: Del lat. tardío spathŭla 'omóplato', 'espátula', dim. de spatha 'pala'. Parte posterior del cuerpo humano, desde los hombros hasta la cintura.  Dep. Estilo de natación similar al crol, pero en el que el nadador va con la espalda hacia abajo. espaldón ( barrera para resistir el empuje de las tierras o las aguas). Cuerpo armado que protege la retaguardia de una expedición.
espalda mojada Persona que pasa o pretende pasar de forma ilegal la frontera desde México hasta los Estados Unidos. caer, o caerse, de espaldas  asombrarse o sorprenderse mucho.cargado de espaldas Dicho de una persona: Que presenta una convexidad exagerada en la columna vertebral. cubrir las espaldas a alguien Resguardarlo, protegerlo. presentarle la espalda, generalmente en señal de desprecio. Desairarlo, ignorarlo, desatenderlo , echarse algo a la espaldas Despreocuparse de ello. espalda contra espalda Sirviéndose de apoyo mutuamente. guardar las espaldas a alguien cubrir las espaldas. hacer alguien espaldas Sufrir, aguantar. tener alguien buenas espaldas
Tener resistencia y aguante para soportar cualquier trabajo o molestia.tener seguras las espaldas tener protección superior a la fuerza de los enemigos. tener las espaldas anchas Aguantar paciente y estoicamente todo tipo de desgracias o de afrentas. espaldarazo ayuda que recibe una persona o cosa en su trayectoria hacia un fin social o profesional 'Recibió un espaldarazo de su padre cuando inició su propio negocio'. Reconocimiento de los méritos que una persona tiene en su actividad. 'La beca fue un espaldarazo a su carrera de investigador'.

Es tentador suponer que aquello de tener espaldas, quede enlazado con la experiencia. No siempre es así, también refiere a la gente con poder, algunos agraciados de la vida, a los curtidos de tantos golpes, a los que se bancan la parada.
Raro si uno piensa en ejemplos familiares o ajenos, podría descubrir que no hay un solo aspecto moral para englobar tal frase. No todas las personas honorables tienen espalda y sí también hay mucho garca que se jacta de tal ponderosa"virtud".

A mi la espalda me remite al pasado. Por razones obvias, presentes y físicas podría ser el inmediato;  aunque pongamos un manto de sospecha para pensar que en nuestra columna vertebral sobrellevamos no sólo la historia familiar, si no el adn que determinará quizás movimientos impensados, incluso paradójicamente a futuro.
¿Estarán ocultos en el coxis los 21 gramos del alma?

Afortunadamente, en mi caso, la consabida molestia se ubica un  poco más arriba (tanto lío, dirán, por haber desagotado la pelopincho a baldazos...si es ese el verdadero origen del dolor), algo así como en posición cóncava, oblicua o diagonal al corazón.
El problema pasa por no poder ver qué sucede realmente con las escamas desgastadas de uno que nos antecede, ¿adónde van a parar? ¿Se reconstituirá la piel? ¿Cuál será el ejercicio más conveniente para liberar y resucitar mi espátula cansina? El recetario indica reposo, menos carga en la mochila, poco ejercicio y, de ser posible, masajes descontracturantes: píes de geishas altamente recomendables (upps, perdón niunamenos lo hice otra vez)

En todo caso, con el correr de los días iré al rescate de la 's' perdida en el título de este post.
Simularé la mejor parte de la historia de Manolo, mi padrino marinero para recuperar mi fortaleza, rescataré los consejos del hermano sindicalista (que sí sabe de aguantar chubascos)  y a echarse a andar.
En definitiva, a mis espaldas no les quedará otra que hacer lo que se me cante.
Aún y a pesar de esos incontrolables  y ¿misteriosos? pinchazos que aparecen de vez en cuando.

Deriva

Recién veo a quien debe ser una eminencia del psicoanálisis argentino, Germán García, hablando de instinto. Según él, la palabra trieb, del alemán, resume su significado, del que Freud se jactó para describirlo y diferenciarlo del instinto animal.
Sin embargo, García destaca que la verdadera definición se corresponde con deriva, utilizada por Lacan, que es la manera de describir instinto y de lo que le sucede al hombre en relación a su historia. No es historia como algo predeterminado, si no la forma de transitar la vida, estar a la deriva no es ni más ni menos que el modo en que nos desarrollamos.

Sumo un par de artículos interesantes a propósito de esto. Saludos
http://revistadesvios.unsam.edu.ar/entrevista-a-german-garcia-para-revista-desvios/
http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=851

sábado, marzo 11, 2017

Nuestros libros

No toda la vida de un libro está necesariamente sujeta a su propio contenido.
Hay momentos en que su influjo corresponde a otros sentidos, quizás donde quede más graficado sea a la hora de compartirlos.

Hay libros que operan cual secretos, uno los cita, refiere a una situación del texto buscando la complicidad de quien escucha y sabe que si la respuesta es correspondida, ahí hay un código.

Es cierto que con el cine, las series e incluso la música podría suceder lo mismo, pero el valor íntimo de leer en soledad ciertos párrafos, ciertas circunstancias, le otorga un carácter privado, cuya aceptación puede desembocar en un estímulo nuevo para los sentidos, entre los lectores involucrados.

Hay libros que son como prendas, tesoros que se guardan o dejan en lugares donde podrán o no ser exhibidos. En este caso el sujeto lo suelta y la tapa, el sepia de las hojas comienzan a operar cual gualicho, también por supuesto inciden el título o la memoria de quién se pregunta cómo llegó ese manuscrito intruso a ocupar un lugar en el hogar.


Son libros con olores, con nombre y apellido. Ahí, para leerlos, ahí para el olvido.

Hay libros que funcionan como llaves, en este caso, uno los comparte con un propósito, a veces lo admito, manipulador, a veces, con la intención de ayudar a algún lector/ra distraído/a.
No hace tanto, compartí uno con una colega que me confió su crisis familiar (o creí ver eso) acepto que al tiempo me enojó saber que ni había intentado hacer el esfuerzo por leerlo. En su indiferencia o falta de voluntad por espiarlo, interpreté que su queja continuaba intacta, lejos de ser una llave, el libro cual candado, seguía vaya a saber uno por qué, en algún lugar dormido.

Hace unos días, después de atravesar un problema de salud, me dijo que lo estaba terminando.

Durante muchos años, el libro supo ser objeto de culto entre los amigos.
Celosos los conservábamos, cual monedas de oro y dudábamos con soberbia sobre quién era y quien no, merecedor de recibirlos.

Hoy, Jorge y Marcelo, por ejemplo, me enseñan a desprenderme de ellos; soltar no es para cualquiera, pero conociéndolos celosos también en la lectura, supongo que detrás de esa generosidad, los tipos deben tener otros cometidos.
Es que nadie sabe realmente hasta qué punto inciden en el Cosmos algo tan pequeño e insignificante como es ese miniladrillo de papeles prolijamente atados.

Hoy todavía me pregunto dónde habrá ido a parar el que le di a Néstor, nuestro amigo recientemente fallecido. Asumo ¿perversa? o concienzudamente que cuando le di "En cinco minutos levantate María" (Pablo Ramos), era consciente de que no iba a tener chances de recuperarlo,
Supuse que la historia de la mina, lo abrazaría en las horas finales de su dolor, que la muerte y sus formas conversarían con las angustias internas del Cabezón para sortear o llegar a sendas respuestas que se asemejen a esa calma espiritual que puede transmitir, a veces, un exquisito personaje de ficción.

Hay libros que te pesan aunque parezcan cortos.
"¿Por qué tenés que terminarlo? ¿Por que es Saer?", me preguntó Capi ayer a propósito de "La Ocasión". Yo le expliqué que el libro me estaba acompañando a medias en este particular presente en trance. Y sin embargo, ayer desde temprano, la frase del santafesino descubierta en el subte D, empezó a taladrarme la cabeza.

"...perdido en pensamientos que le hacen chispear de rencor los ojos"
Estaba yo en Belgrano pispeando por tercera vez una casa de frutos secos, a la espera de no sé qué gesto amoroso, cuando decidí abrirlo y leerlo por enésima vez.

Ven, eso es lo que sucede con los libros, uno quisiera chorearse ciertas voces del autor, cierta construcción y cargarla consigo mismo para siempre. Pienso en su sentido demoledor, en qué parte de Saer me alcanzó o afectó en relación a mi historia personal. Pienso en la genialidad de un escriba al descubrir que un texto de sólo un par de líneas puede ser trascendente, aunque ese libro no se haya vendido una mierda.

Pienso en tantos tesoros ocultos y en los escasos ojos para mirarlos, bocas para contarlos, oídos que sepan escucharlos, acaso hoy más distraídos por la negrura de las noches chatas, o la incandescencia de las miles de pantallitas encendidas de sol a sol.
Pero guarda, atenti, Nuestros Libros, igual que los universales o los malditos, tienen su influjo.
Sépanlo y cuídense.
Quizás un par que estén a su alcance y, a pesar suyo, ya empiecen a lograr su objetivo.




sábado, marzo 04, 2017

Para contar

Me levanté colándome en una historia de Carver, ahí estaba el vaso de whisky en el piso, la casa americana entre lomas desérticas, la mujer tirada en la cama y el tipo con su insoportable resaca ahogado en sus angustias y consciente de que lo que se le está por venir.

Después salté al andén solitario y frío de una estación suburbana, cual Arlt y la mina llorando desconsoladamente por las amenazantes advertencias de su madre.

No conforme con esto, me refugié en la narguila del advenedizo  viajero y su extremadamente ingenua mirada respecto de las bondades que otorga el magrebí a quienes se desesperan por gastar su dinero en experiencias nuevas.  Seguramente Bowles lo pasará por las armas.

Salí corriendo con mi mochila entreabierta, orgulloso tras haber esquivado a la policía de la guardia, aunque algo ridículo con la ropa blanca y las pantuflas.  ¿Adónde puede rajarse un tipo, después de escuchar el peor diagnóstico? No quiero suponerlo, se lo dejo al maestro Burgess, sabio en resolución de bolonquis.

Eludí la psicología de la sexagenaria mareada en el shopping y espiada por Kundera.
Me sentí satisfecho por todos los referentes de la literatura y revisé titubeante otros que dejé afuera. Y sin embargo, a todos ellos los sentí lejos, como si en pocos días, la literatura se me hubiese convertido en un arte inútil.

En tren de buscar argumentos para descifrar tal vacío, me sueltan sencillamente que “fuimos malditos”, “nos hicieron un trabajo”. Me río, mucho, pero no estoy precisamente en sintonía con creerme los maleficios, ni pensar que el diablo volvió a meter la cola.

La terapia me está enseñando en serio a no victimizarme.

Y de golpe, las voces de siempre resuenan como un hit de radio repetido hasta el hartazgo. Me dan ganas de salir a tomarme un vino, a aguantarme en una plaza sin miedo, la llegada del amanecer, a enrostrarle a la lluvia que no me jode si no todo lo contrario. Con buena onda, me acusan de adolescente y el deber ser y el tipo modelo, comienza a comprender el pavor del padre difunto frente a una potencial ventana devenida en cárcel.

Y celebro, aún a riesgo de que el premio divino se transforme en nada, celebro digo, esta travesía. Ese barco del que hablé el día de mi cumpleaños. Sí, 53 es el barco, me digo y empiezo a entender algo que había escrito  hace un par de meses a pesar mío. A veces la literatura, como el inconsciente, puede ser anterior a los hechos.
A veces lo impredecible incluye una liviandad similar a la felicidad. Entonces vuelvo a los autores, a las canciones, a las películas que me enseñaron.



Moverse también es sinónimo a estar vivo. Aunque duela.

jueves, febrero 23, 2017

Tener suerte

*
“Nunca me acompañó”, “siempre me esquiva”, “lo bueno le pasa a los demás”.
La lista de argumentos para describir aquello que termina por transformar un momento impulsado por la tan codiciada suerte, racha o fortuna, escasea en el diccionario de la vida.
Igual a no quejarse, sacar número bajo en la previa de la colimba durante los años malvinescos, sin dudas significó mucho más que haberse ganado un trasatlántico.
También sentir la dicha de amores correspondidos no figura en ningún bingo.
Pero eso es otro cantar.
Sin embargo, hay una jornada que quedó grabada en mi retina y a la que debo remitirme más atrás que aquellos jóvenes, torpes y titubeantes dieciocho años.
Ocurrió en la escuela 24 o 15 de Sarandí, del número no tengo idea pero todavía la veo a mi mamá chiquitita y nerviosa con su suplencia, bancando la parada del hogar e imponiéndome un faltazo, para acompañarla durante la larga jornada de sus primeras clases.
Debía ser agosto o el mes en que entonces se festejaba el día del niño. Aquellas celebraciones parecían más un mimo generacional de padres inquietos y ocupados buscando dejar una señal en sus crianzas, que el efecto comercial y marketinero de los últimos años.
Lo concreto es que en esa escuela, el día del niño tendría premios varios y uno mayor.
Calculo que rondaría mis ocho años entonces y que, cual mascota del aquelarre escolar (¿hay alguna  otra manera de describir a un grupo de maestras cacareando a coro?) era el más indicado para la noble y sana tarea de sacar papelitos de adentro de una bolsita de celofán.
Supongo que a los dos primeros ganadores, les habrá correspondido sendos libros. Afortunado el tipo que pudo sortear los obsequios. De recibir El lazarillo de Tormes o Platero y yo, lecturas obligadas y odiables, en ambos casos hubiesen impulsado desde el desprecio por las letras al chico más voluntarioso o acrecentado el perfil aburrido de la mejor traga, tal como describíamos a las pibas inteligentes de dudosa belleza (perdón niunamenos).
Sé que, en estas circunstancias, yo conservaba un numerito, el dos y que todavía faltaban un par más hasta entregar el máximo galardón.
Las históricas comandaban el acto y alternaban la mirada entre alumnos y autoridades, como un actor que olvida la letra y busca desesperadamente la ayuda de su apuntador.


El premio soñado no era nada del otro mundo, visto desde acá, ninguna play, ni monopatines, tampoco una bici. Pero gustaba. En un envolotorio gigantezco, la gran palangana bordó cobijaba autitos, pelotas, ladrillitos y muñecos, envuelta con el consabido moño rojo, presto para abrirse, apenas se conociera el resultado final.
La ausencia del primer citado, desembocó en una confusión extraña.
Así me vi sosteniendo al mismo tiempo, mi codiciado 2 y, revolviendo impune los números de la bolsita, bregando por una urgente coincidencia. Después, con la inocencia correspondiente de entonces, deposité el número retirado en la mano de quien supongo, era la directora.
Ella, altiva, enérgica y convincente gritó: “El ganador es el dos”, mi cara de angelito distaba y mucho del flequillo criminal - no a lo Balá, si no a Raimundo (el pibe del instituto de menores que enloquecía a Hijitus)- pero sostuve mi rostro serio cuanto pude extendiendo la mano.
Mi vieja me alzó feliz y pensó que el azar podría ayudar a acallar sus años vergonzantes por ser una prematura esposa separada y que la suerte, finalmente seguiría conmigo.
La trampa prescribió como la inocencia, en un solo día gané y perdí.
Gané la palangana aunque la alegría no fue completa, a pesar de que entonces no supe decir por qué.
La suerte estuvo de mi lado aquella única vez.
Igual, todavía no pierdo las esperanzas.
Por ahí el dos vuelve y me ayuda solito. A mi pesar.
* (la nota surgió a partir de la sección Crónicas timberas del suple de Diario Popular)

miércoles, febrero 22, 2017

Dedos de mimbre (sí, de Luis)

Entre las ruinas
que nunca se levantan
nena yo veo
tus dedos de mimbre
quiero saber por que los veo

Todas las flores del sol
en el campo
que mañana lloran la lluvia
quiero saber
porque la lloran
ti, ti, ti, ti, ti, ti...

Bajo las vueltas
que nunca se detienen
nena yo creo
que el mundo esta listo
quiero saber porque lo creo

No quiero un signo
que anule mi alma
solo recuerdo
tus dedos de mimbre
quiero saber porque recuerdo
ti, ti, ti, ti, ti...

Entre las ruinas
que nunca se levantan
nena yo veo
tus dedos de mimbre
quiero saber porque los veo
ti, ti, ti, ti, ti...

Ante los muros
que nunca se disuelven
nena yo pierdo
tus dedos de mimbre
quiero saber
porque los pierdo

Todas las flores del sol
en el campo
una mañana lloran la lluvia
quiero saber porque lloran...
ti, ti, ti, ti, ti

Los que se quedan y los que se van

"No te quedás a hacerle el aguante", reprocha con esa sabiduría de quien se supone experto en lealtades.
Después veo cómo cuidó de sus amistades y concluyo que lo suyo es sólo una linda frase.
Además del 'quedándote o yéndote' spinettiano que se acerca al alfa y omega, blanco o negro, nacer o morir, recuerdo otra disyuntiva semejante que alguna vez tiró Silvina Garré: "los que se quedan, sufren un poco, pero no mueren como los qué se van".
En ambos casos, entiendo que todo depende de dónde estés parado.
Existe una fantasía acerca de que el que se va, parte hacia mundos más audaces, aunque el trayecto pueda resultar duro.
Como contrapartida (o contrapunto, mejor dicho), la sola idea de quedarse rebota como algo sedentario, quien se queda es el que soporta o, si queremos encontrarle un sentido amable al asunto, quien permanece cuenta con fortaleza suficiente como para sobreponerse a los sinsabores de la vida ordinaria (cotidiana).
Acaso la polémica remite al verdadero sentido del movimiento. Quien se mueve, intenta. Quien se queda, creemos, yace y por consiguiente, perece.
También hay que tener aguante para salirse de los cánones normales y patear el tablero.
En cambio, el hecho de "estar", podría ayudarnos a ser afortunados testigos de una evolución lenta pero persistente.
Entiendo como tramposa esta alternativa donde el andar es lo que nos determina y el estar, aquello que permite consolidarnos como sujetos.
Y ahí están en los laburos, esos tipos sabiondos que, por pillos o hábiles para callarse a tiempo, terminan premiados con sueldos suculentos, prácticos al observar y evitar comentarios irritantes que puedan depositarlos en un abrir y cerrar de ojos en la calle. Funcionales del mercado.
Y en la vereda opuesta, los pibes brain storming, se mueven abiertos a transformarlo todo, acaso porque el camino que emprendieron, todavía es lo suficientemente corto, como para perder kilometraje.
¿Y enamorarse? "Mejor perderse que encontrarse", sería otro cruce a considerar.
¿Y esto qué significaría? ¿Que perderse implique salirse del eje preestablecido, de lo heredado, de lo aprendido, para abandonarse a alguna circunstancia desconocida y por ende, inmanejable?
¿O que encontrarse se asemeje a buscar un punto en común, donde ni todo es de uno, ni nada del otro?
Encontrarse como equilibrio, nada más opuesto que un acuerdo amoroso.
Por supuesto que no tengo ni la más remota, sobre aquello que resulte conveniente (y convincente)
Dice alguna otra canción que las cosas tienen movimiento o, en la antinomia, cual Carlitos Balá, "como el movimiento se demuestra andando...andemos".
Sin embargo, si las cosas se mueven, ¿hasta qué punto sirve ir en su búsqueda?
"Cuanto más voy pa allá, más lejos queda, cuánto más de prisa voy, más lejos se va", canta Serrat en El Horizonte.
Igual, con tanta pretensión y ejercicio, decime si no está bueno, de golpe, dejarse llevar por que sí y, cuanto menos lo esperás, quedarte dormido. Quieto.

lunes, febrero 20, 2017

part time

Scones-baldes-gallopeligrosamentenaranja-banco-bastón-embarazadaalos45-quejas-fojacero.
Uvas. Muchas.
Lila(Downs)-globito-budindepan-fugazza-pera+ciruela+uvas.
Labiosylágrimas-dolor-largartija
cieloenceguecedor-metro-adios

REM - Imitation of life

















Charades, pop skill
Water hyacinth, named by a poet
Imitation of life
Like a koi in a frozen pond
Like a goldfish in a bowl
I don't want to hear you cry
That's sugarcane that tasted good
That's cinnamon, that's Hollywood
Come on, come on no one can see you try
You want the greatest thing
The greatest thing since bread came sliced
You've got it all, you've got it sized
Like a Friday fashion show teenager
Freezing in the corner
Trying to look like you don't try
That's sugarcane that tasted good
That's cinnamon, that's Hollywood
Come on, come on no one can see you try
No one can see you cry
That sugar cane that tasted good
That freezing rain, that's what you could
Come on, come on on no one can see you cry
This sugarcane
This lemonade
This hurricane, I'm not afraid
Come on, come on no one can see you cry
This lightning storm
This tidal wave
This avalanche, I'm not afraid
Come on, come on no one can see me cry
That sugar cane that tasted good
That's who you are
that's what you could
Come on, come on on no one can see you cry
That sugar cane that tasted good
That's who you are
that's what you could
Come on, come on on no one can see you cry

https://youtu.be/0vqgdSsfqPs

Payasadas, talento para el pop,
Jacintos (flor), nombre otorgado por un poeta.
Imitación de la vida,
como un Koi (pez) en un estanque congelado,
como un pez de colores en una pecera,
no quiero escucharte llorar.
Es una caña de azúcar que sabía tan bien,
Es canela, es Hollywood.
Vamos, vamos nadie puede verte intentarlo.
Quieres la cosa más grande,
la cosa más grande desde que el pan viene en rebanadas.
Lo tienes todo, lo tienes medido,
como un espectaculo de viernes para adolescentes.
Congelado en la esquina,
Intentando parecer que no lo intentas.
Es una caña de azúcar que sabía tan bien,
es canela, es Hollywood.
Vamos, vamos nadie puede verte intentarlo.
Nadie puede verte llorar.
Esta caña de azúcar que sabía tan bien,
es canela, es Hollywood.
Vamos, vamos nadie puede verte llorar.
Esta caña de azúcar,
esta limonada,
este huracán, no tengo miedo.
Vamos, vamos nadie puede verte llorar.
Esta tormenta con relámpagos,
este maremoto (tidal wave)
esta avalancha, no tengo miedo.
Vamos, vamos nadie puede verte llorar.
Esa caña de azúcar que sabía tan bien,
es quien tú eres,
por eso es por lo que puedes (hacerlo)
Vamos, vamos nadie puede verte llorar.
Esa caña de azúcar que sabía tan bien,
es quien tú eres,
por eso es por lo que puedes (hacerlo)
Vamos, vamos nadie puede verte llorar.