miércoles, diciembre 17, 2025

Sin el estigma de diciembre


 

Me esfuerzo por abandonar....

...por unos días la mochila IAista, esta suerte de oráculo personal que da respuestas para todo como el cerebro mágico o el mago Chang, capaz de alivianarnos el esfuerzo de refrendar el pensamiento o evitar esas lagunas que nos perturba y que le dieron tanta reflexión y letra a Freud y Lacan, entre otros.

A propósito, sin soltar del todo a Grok, hace cosa de diez días, cuando rasin se soñaba campeón, Milei portaba su traje YPF en la entrega de los Nobel y las navidades asomaban como hologramas comerciales, me dediqué a revisar conceptos en torno de la Melancolía

Anhedonia, que le dice nuestro Charly. Impresión despojada de la talentosa Dunst en esa joya planetaria de Lars Von Trier. O el diagnóstico que algunos emparentan con la depresión, otros con la psicosis y varios con la capacidad manipulatoria de quien se sabe derrotado. 



Melancolía, esa que se canta (Silvio, Gorillaz, Depeche, Arjona) y la que se confunde con su oximorón: la Nostalgia. 

Y no. Podemos traerlas a la memoria, utilizarlas como trampas de recordatorios, pero a no dejarse engañar. Ambas son como esas primas que se descubren de chicas en una fiesta familiar multitudinaria de fin de año, compartiendo la misma mesa y que, vaya uno a intentar comprender por qué regla vincular del destino, no se verán nunca más.

Tengo ganas de revolver en las defidescripciones de la voz sabionda de Musk que compilé, como dije antes, hace diez días. Pero no, será para otro post. 

Seguiremos con la bilis negra (melankholía (μελαγχολία) melas (negro) y kholé (bilis), en otra oportunidad. 


El otro concepto, o mejor dicho con lo que sí estuve remando durante estas últimas 72, 96 horas, refirió a El ocho interior lacaniano

El caminito de hormiga, sin embargo no es tan directo para ver cómo este tipo llegó a esa ¿figura? Primero, falso círculo, luego la tan idolatrada cinta de moebius - cuyo uso suele abusarse cada vez que buscamos describir amores infinitos por ídolos, momentos, referentes-. sí, el ocho acostado.

Y por fin el ocho interior. Prometo que en algún momento del 2026, me animaré a juntar a gente querida y desplegar una clase, con papeles, tijeras y todo, como aconsejaba el noble francés y jugaré a exponer el recorrido de un punto entre esa suerte de rulo interno, serpentina para explicar la relación del borde, de lo interno, de lo externo, del deseo, del fantasma, de lo dicho y lo no, etc.



Lógicamente pensarán "pero qué al pedo está este chabon", sólo porque  ni me enganché con la tasa que eligió pagar Toto Caputo de un ¡¡¡DIEZ POR CIENTO!! en dólares para el préstamo recibido número 23.40991, ni con la reconfiguración de las realzadas "bandas". 

Tampoco me embronqué con la Sra.Bulgheroni y sus loas a Javo. No escalé en la opereta goberclarinesca contra Chiqui Tapia ¿Qué parecido es este al actual presidente, al ego del Muñeco, de Román y el mismo Messi, no?  

Igual da para otro post. 

Tampoco una sola línea acerca de la miseria y los durmientes callejeros. 

En cambio elegí irme por las ramas. Entre cuestiones de salud y sequía del bolsillo, apelé a Pluribus para abrazarme a una ficción que nada tiene de inverosimil. Leí La llorería de Martín Sivak, sumé minutos a la tesis inconclusa, me reuní con gente querida, deshojé plantines de tomate y albahaca (esta para el pesto), alguna bicicleteada y no mucho más.



Si existe una vida mejor, pero es más cara, hay otra sana, pero requiere desenchufarse.  

Nada mal contra el estigmatizante diciembre.


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