- Es Bobby ¿qué le digo?
- Mañana en Zivals
- ¿A qué hora?
- A las ocho.
A Ziggy la llamada lo incomodó un poco. Seguía bancando la
línea. En Hudson la conexión es desastrosa. Claro que Flores no iba a ser el
único en alterarle la mañana. “Dejá a Alfredo lo atiendo yo", ordenó a
Claudia, ya molesta por hacerle de secretaria. “Sí, flaco es ese. Ya vi tu
propuesta. Dale, eight pi em”. A ‘Pont le chinga’ volvió a atenderlo ella, el
Disc Jockey no le caía mucho en gracia pero de los tres siempre fue el más
cumplidor.
Mientras preparaba la encomienda con delicado esmero, repasó
las ofertas por su joyita. El melómano mediático resultó ser el postor más
excéntrico: Cena con Ron en el Ritz en septiembre con todos los gastos pagos.
“Si el Carpo, supiera se caga de risa”, murmuró haciendo bailotear el último
pucho del primer atado Parisien. A Wood ya lo había entrevistado en el 92 pero
entre tanta miseria, semejante escapada merecía una reconsideración.
A Rosso, de quien conserva un especial cariño - se cansó de
invitarlo a la radio para sus semblanzas en ‘La casa del Sol Naciente’-, le
ofreció su mejor cara. Más por afecto que por su propuesta en sí. Juntos vieron
al Duke en un show para el olvido y ahí se enteró que su colega había trabajado
para Odeon Pops, seleccionando los primeros discos de Los Beatles para grabar
en Argentina. Sin embargo Zig ya estaba de vuelta con el cuarteto. Aquella
primera edición limitada de Alfredo no
le cerró. El tiempo había generado extraños anticuerpos respecto de los de
Liverpool. Al final, consideraba que ‘Rubber Soul’ devino en lo más parecido a
Cantaniños y su tan reivindicado ‘John Lennon Plastic Ono Band’ generó algunos
“inconvenientes” con su actual esposa. De hecho el disco dormía en el cuarto
estante, el más alto de sus 3200 incunables, a fin de que la tentación no
encendiera alguna mecha.
Alejandro sí lo hizo vacilar. El más terrenal ofertó un
contrato de por vida en radio Palermitana
-“queda lejos”, se quejó de entrada proyectándose-, sueldo sensiblemente
superior al actual, en dólares más aguinaldos. “Ese sí la tiene clara”, se dijo
después del segundo cigarrillo, al tiempo que dudaba si ponerse a reparar o no
esa tarde su viejo Winco. “¿Es para tanto?”, especuló risueño con la
suficiencia de su fortuna.
Y lo era. Aquel recital en el ‘Majestuoso Sarmiento’ de Sarandí, significó la envidia de toda la jauría rockera, en especial la de los porteños. El menjunje exclusivo producido por el sello Mandioca guardaba impresiones que excedán al talento. Sin discusión fue ese Pappo´s Blues el mejor antecedente, del Billy Bond pendenciero que saltaría a la fama unos meses después. Aunque esa noche David y Napolitano percibieron otra polenta. Potencia ampliada con un entorno...complicado. En el 72, todavía los de la FAR alternaban militancia y arte. Y esa noche los muchachos estaban mancomunados y contentos. ‘Pappo es liberación’, gritó uno después de la Marcha y el pedido por los compañeros presos.
Hasta que llegó ‘Cementerio’. Las dos o tres notas de su
inicio acalló la euforia. Duró 34 minutos. En el medio hubo de todo, cánticos,
un Lebón excitado por intentar colar un falsete y un líder que sólo abrió los
ojos con los aplausos.
“Grabalo todo”, fue la orden de Jorge Álvarez. “Y le
cumplieron”, explicó Ziggy a su chica que no llegaba a comprender la
insistencia de los reconocidos oferentes. Por supuesto evitó revelar las
ofertas. De enterarse su matrimonio podría entrar en problemas.
- ¿Vienen por lo
de David Robert Jones?, preguntó el empleado.
- Sí, si,
respondieron interponiéndose los tres, asumiendo la contraseña. ¿A nombre de
quién dejó la encomienda?, lanzó Bobby algo desbordado.
- De ninguno en
particular. Me pidió que se lo entregue a los tres.
Aturdidos dejaron que Pont Lezica, despegue los adhesivos
del papel madera hasta reconocer la tapa del disco.
- Debe ser una
joda ¿Let´s Dance?, se preguntó Alfredo, buscando en vano algún vinilo en el
sobre. Incorregible.
- Qué turro, lo
interrumpió Flores mientras afloraba su sonrisa nikilaudesca. Leé, ordenó,
señalando el reverso: “No me tomen en serio. Z”.
Cruzaron por reflejo para Callao. ¿Vamos a la Academia?,
tiró Rosso algo desconsolado. “Ni en pedo”, descartó Alejandro. “A los galgos.
A brindar por Ziggy”. “Y por el Carpo”, sumó Bobby intentando recuperar su
compostura.
A 30 kilómetros, en lo recóndito del conurbano, sonaba
“Working Class Hero”. Habría quilombo después, pero esa noche estaba
justificado.
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