viernes, julio 07, 2017

A la Iglesia


A la Iglesia. No para llorar, si no...a ver qué pasa.
Es miércoles abandono por un rato vuelta al perro por San Telmo, atrás quedan los pibes del colegio y mediodías de oficinistas.
Me mando a la Basílica del Rosario, en Defensa y Belgrano. Sé vagamente que es histórica, algo que ver con Belgrano, la marca de los disparos en una columna.
En la puerta, hay una mujer como cualquiera de los que reposan en los colchoncitos de Buenos Aires pidiendo algo.


Entro, en el acto comprendo que cualquier capillita de barrio del GBA se encuentra en mejores condiciones que esto. La luz es tenue, una neblina se sostiene con el polvillo de vaya uno a saber qué obra reparadora, el clima o el verso, dejó a los muchachos de la construcción sin jornal.
Como todo en la CABA, el edificio conserva la pausa del “estamos haciendo”. Cuestión de fe.
Hay dos pibes colombianos, quizás y una flaca sentada en uno de los primeros bancos. Yo me sumo como en años de antaño e intento recuperar algo de aquella estela espiritual. Veo un Cristo feo colgado de lejos. Nada. No (me) pasa nada.

Al bucear por los costados, el panorama es peor. Descuento que el lugar es patrimonio cultural, pero se ve que los porteños no se dieron cuenta, o la religión es cosa de boludos.  Empiezo a tomar fotos y, sin querer, me siento turista. Igual hago una salvedad, qué distinto es fotografiar con celular, a recorrer lugares cual viajero de otros tiempos.

Con esta cámara uno va a las cosas como si se apropiara de ellas, por eso interpreto a priori, que sacar fotos en un lugar que pudo haber sido sagrado, sólo corresponde si uno es extranjero o extraño. Y ahí estamos en el mundo, todos eternizando un momento, paisajes y objetos como quien se queda con un tesoro. Qué distinto a otras experiencias cuando uno iba al encuentro de las cosas; percibirlas, palparlas era sentirse afortunado de esa circunstancia, de ese instante.
Ahora, ser global es ser superfluo.

Hay un par más de Jesuses adentro. Uno recostado cual santo sepulcro que, paradójicamente aún patético agrada la vista. Debe ser su modo de reposar.
A los católicos nos hablaron y mucho de la agonía en la cruz y de la resurrección, pero ¿se sabe algo más de ese descanso? Después de semejante pesadilla, Pilatos y clavos mediante, ¿habrá tenido un sueño reparador de esos de volar, comer dulces o sexo extraordinario? Si es por nuestro contexto, el de este hombre, dificulto.
Pero también hay otro Cristo, en una cruz bastante baja. Con el tipo compartimos casi el mismo tamaño. ¿No era longilíneo? (NdeR: dudé en usar esta palabra pero me gusta)  Y sí, a este no le queda otra que resucitar, no hay pintura, ni escultura que pueda inmortalizarlo.
Tampoco parece haber voluntad por refrescar la Basílica. Siempre entendí que el término basílica le daba una mejor categoría a los edificios parroquiales. Pero ésta cuenta con sutiles redes a media altura para frenar cualquier desprendimiento del techo o mampostería. Ni los óculos, tal como se conocen a las aberturas de las iglesias, alientan a la vista del transeúnte. Aquí adentro mirar duele.

Ahora, a distancia, no me percaté que el recorrido que les describo fue durante este miércoles.
Los miércoles adolescentes eran días tristes, como si en la bisagra de la semana, uno jugara su destino y su sentido en el mundo. A veces, en la parroquia del barrio, me colaba para ver si en ese día surgía alguna respuesta o una pregunta que me permitiese sentirme sabio o más inteligente.

Afortunadamente, salir de la Del Rosario en una tarde de lluvia, para deambular por San Telmo, mejora el panorama que permanecer en esa suerte de catacumba macrista.
Este barrio me gusta, hay pinturas y artistas aspiracionales en locales carísimos, ferias americanas, ofertas gastronómicas, cafés que valen la pena y un par de cuadras que conservan adoquines y que no se pudieron chorear…todavía.
Me espera el vergonzante interés por escuchar el disco de Carpenters recién comprado, la sesión necesaria que equilibra ansiedades y locuras, revisar wasap con charlas que confunden y se entrecortan y, por supuesto emprender el camino al laburo.

Las fotos que conservé son impresiones. No apropiaciones. Y eso está bueno.
 Algunas iglesias, ratifico, no dan ni para llorar.