martes, enero 03, 2017

Poema en tiempos de preperonismo

La realidad siempre te supera. Con Héctor, vecino y amigo de caminatas, nos preguntábamos un año y pico atrás si lo que vendría con Macri resultaría parecido al 76.
"No te equivoques, advirtió él con más experiencia, esto será el 55".
Sin embargo, los hechos fueron más allá de nuestros supuestos. Si la apuesta fuerte a la seguridad y la represión retrotraen a Videla ("decime si Jujuy, no está cerca de ser Tucumán"), si los delirios en finanzas homenajean al orejudo (¿lo habrá admirado el niño Dujovne en su momento?), la negación absoluta de ciertos derechos hablan a las claras de una era preperonista.

De hecho, las broncas y las manifestaciones hoy suenan anarquistas ante que orgánicas.
Y eso que las expresiones en la calle, refieren a una queja colectiva!!
En tanto los medios reproducen el relato (éste sí que se expande en formatos, cual ensayo coral perfecto) y los colegas periodistas, distan por mucho de los hijos de Boedo, buscando historias de vida que reflejen la calle verdadera, mientras los dueños y editores se empalagan con el interesante avance de don Adolfo en Europa.
Acá  y ahora, muchos de los krispados ven con estupor como nadie los contiene frente a los numerosos cortes de luz. Ni Edesur/nor, ni los ministerios y mucho menos las empresas periodísticas que los contratan (y le dan la espalda a las paritarias), se interesan por tus carencias.
Y hablando de Boedo, continuando con la lectura espaciada de Salas Subirat, veo a un tipo sin respuestas tras las peligrosas normas del régimen del 30.
Hacer juguetes, señala el autor de "El traductor del Ulises" y apelar a la poesía y a aprender sobre nuevas lenguas en solitario, son -mientras trabaja en la aseguradora La Continental-, su consuelo literario.

Aquí sumo una poesía para entender ese (¿este?) período complejo.
Disfrútenla, rúmienla.


Azul Deshecho
La cesación del fuego y de la sangre
bulle, vanamente arde; 
los días segregan convulsiones
que se afanan removiendo muertes. 
La muerte es Dios. 
Hay que creer, 
creer vencido, 
creer en algo prisionero, 
que, solo, caducando, 
se emancipa. 
Después será, cuando las manos cesen, 
el silencio. 
Que ese silencio tome las derrotas, 
el sol vencido y el azul deshecho.