domingo, enero 08, 2017

El presente inmuniza

Hace unos días, lamentándome por la muerte de algunos referentes literarios, atado a mi visión católica, tiré por facebook:
  "Laiseca, Rivera, Berger, Piglia. Sin discusión si hay un dios, es de derecha. Díganle a Aguinis y Vagas LLosa que relajen tranquilos".
Además de leerlos a todos, un par de días después recordé un debate encendido en torno al premio que Clarín le entregó a Piglia por Plata Quemada en una confusa selección.
Con mis limitaciones intelectuales, reconozco que me gustó leer Respiración Artificial y la Ciudad Ausente. Antes que eso, recuerdo los días que me rajaba como podía del laburo para llegar a las clases nocturnas del hombre en el Rojas. Ahí Ricardo dictaba un curso sobre literatura nacional combinando a Borges, Arlt, Walsh y alguno más (¿Puig?)
Entonces yo seguía con atención su argumentación tratando de entender algo, del mismo modo que en un par de oportunidades, había intentado leer el Ulises de Joyce buscando encontrar el hilo del relato*
* (Hoy mientras sigo con la biografía de su traductor Salas Subirat, me consuelo con su explicación sobre la complejidad de la novela. Ya volveré a sumirme en la vida de Leopold Bloom y Stephen Dedalus)
Siguiendo con Piglia, no para criticarlo pero sí para admitir un tufillo raro respecto de Plata Quemada, el premio estuvo lejos de una designación imparcial y Noble (cuac, literal)
No sé si Planeta le había adelantado un pago al escritor y después optó por sellar el acuerdo a través del premio. Entonces Clarín pagaba 50 mil dólares al afortunado. Hubo dudas, sospechas y respaldo para el agraciado. El caso terminó alejándome de su obra. No creo que haya sido la Corpo causal del desencanto, pero no volví a leerlo.
http://edant.clarin.com/diario/2005/03/01/sociedad/s-03015.htm



Hoy, mientras concluye el cierre del diario, en contraposición a Piglia, leo un reportaje de Alfredo Serra, rescatado de Infobae a Andrés Rivera. El portal de Daniel Hadad no tiene miramientos si de estigmatizar el pasado y sacudir a la izquierda (peronista principalmente) se trata.
"Los montoneros querían matarme y los comunistas me echaron del partido, pero no huí del país" titula quien supo ser la excelsa pluma de editorial Atlántida. Y yo, concluyo como suele suceder en estos casos, que Rivera no se puede defender.
Quienes quieran leer el reportaje de Serra aquí va: http://www.infobae.com/tendencias/2017/01/07/rivera-antes-de-morir-los-montoneros-querian-matarme-y-los-comunistas-me-echaron-del-partido-pero-no-hui-del-pais/
Lo real es que en 2005 cuando se realizó probablemente el creador del Castelli que idolatré tampoco habría podido defenderse. Lo imagino a Serra, ex director de Gente, haciendo de su retoño laboral, sus últimos firuletes. Algo así como "escribo de lo que se me canta", mientras el medio se aggiornaba cada vez más y ya no eran tan trascendentes (al menos en las revistas cool) las editoriales aleccionadoras sobre el porvenir del país. Además era 2005 y había que hacer migas con el gobierno de entonces.
¿Uds dirán y qué carajo tienen que ver los buenos de Piglia y Rivera en este nuevo confuso post?
Simple, estamos tan fascinados con el modo de reescribir, redescubrir y releer desde el presente, que alteramos el perfil de los sujetos. Entonces, Piglia hoy puede sonar incólume, zurdo de verdad y Rivera, un combativo irreverente y descarriado. Sí, un loquito que aún en su delirio sostenía la sensatez de no hacer migas con los imberbes expulsados.
Quedan sus obras, como se dice siempre. Yo retomaré a Ricardo en algún momento, para ver si hubo un antes y un después de Plata Quemada (no lo leí) y ustedes tienen la chance de ir más lejos que el Rivera engañado de Alfredo Serra.
El interrogante no pasa por comprender si este presente inmuniza a nuestros protagonistas. Si no, si lo que hace es darle un privilegio a quienes hacen de las suyas, lo que quieren. Tomando como propias sus voces. Hablando en su nombre.