jueves, octubre 20, 2016

La grieta que se hace abismo

Mientras Majul pregunta compungido y preocupado desde LN si Francisco vendrá en 2018, mientras Malkovich me habla desde la TV Pública para tentarme a un espectáculo impagable en el Coliseo (por su valor simbólico, pero sobretodo, por no estar al alcance de ningún bolsillo de laburante), reviso mi recorrido barrial en un conurbano a punto de marchitarse, aunque el calendario diga primavera.
Con los amigos de la biblioteca MB concluimos que ya no hacen falta listas negras ni quema de libros para apretarte, "te asfixian económicamente con los impuestos y ya está".
Un quiosco de la calle 15 refuerza esta idea, la mujer ofrece "llevá lo que quieras", extendiendo sus brazos sobre una estantería semivacía. "Estoy pensando si reponer o cerrar", comenta. Las cuatro lucas del alquiler no parecen ser el único obstáculo, seis de luz "más impuestos, más la gente que no tiene un mango, me deja sin ninguna salida", dice y su mueca sonriente, intenta despegarla de la angustia que se hizo piel.
La chica que la acompaña en la puerta, asiente casi con lágrimas en los ojos. La venta de ropas para chicos tampoco resulta. Cinco lucas de recaudación y una deuda que crece en silencio, la obligan a adelantar el final de su contrato.
"El problema es qué hacer", continúa la quiosquera. "A mi edad, cerca de jubilarme, ¿quién te toma para algo?" Los logros de la mujer -o mejor dicho su esfuerzo como microemprendeora-, están a la vista:
lo que era un galpón abandonado, se transformó en un digno localcito con luces, ventanas y refacciones varias. "Y ahora, ¿cómo recupero ese dinero?"
La hago corta: dos hijos sin laburo, una nieta, otro por venir y la herencia que dejó su amado y difunto esposo, está próximo a desvanecerse.

Las calles patrulladas contrastan con lo visto y oído. Si los devotos al gatillo fácil y a las botas se enfurecían con aquella sensación de seguridad, ahora continuarán recargados detectando potenciales delincuentes, con sólo revolear sus cabezas.
Recorro la ciudad-pueblo y proyecto un desierto controlado por cyberpitufos que estén dispuestos a preservar como sea los escasos locales de electrónicos y señalándonos a todos como notables sospechosos, hasta que los documentos digan lo contrario. Y ni eso, claro está.

"Nos robaremos entre nosotros, nos acusaremos entre nosotros", especulo, mientras el grupo de whasap del barrio advierte que la alarma fue encendida otra vez "porque hay alguien que me da desconfianza", asume una señora a la hora de Telenoche y América Noticias.

La calle principal ensalza un escenario invernal. John, el actor que además hace música, me habla desde la tele de la pizzería Princesa. Decenas de locales con carteles en venta y galerías vacías como instalaciones de nichos, demuestran lo inminente: "se fue todo al carajo hace rato y nadie te lo cuenta, por si las moscas".
Enfrente, el templo satura con tubos fluorescentes, hay uno cada dos o tres cuadras y mucha gente que sigue con atención una plegaria desconsolada.
La fe mueve montañas o encarrila a las almas, antes de sus próximos delitos.

Me dan ganas de responsabilizar, en esto de reprochar al viento, a las pedorradas discusiones de las redes. Veo a un futuro no tan lejano (si no ahora), a pibes haciendo de las pantallas, un atrofio semejante al paco.
Así el deterioro físico de quienes lo porten, serán reemplazados por una linda edición con instagram.
Te cambio mis comentarios x emoticones. Te cuento lo que me gustaría que me pase si pudiese despegarme de aquí. Habrá que ver si no hay muerte masiva con la inminente incorporación del wifi a boletas impositivas.
Igual, por ahora que todos estemos enchufados garpa. Y mucho.

Encima nos sale mal esto de tomar el rol impostado de antecesores contándonos la precisa. "mirá pibe", ¿quién puede encarar semejante puesta y ser escuchado? Y encima ¿para decir cuál verdad inconsistente?

Por suerte queda siempre el fútbol. Ahí será el enésimo debate en relación al futuro presidente que no fue de AFA, la tristeza de Messi. Ah, en un somero cálculo compartido con un compañero de laburo, llegamos a la conclusión que el Barza le pagará 40 millones de euros por cuatro años, lo que equivalen a 700 millones de pesos ¡por año! Que no me digan tristeza nao tem fin. Al menos en su caso.
Están también las transmisiones del fútbol. La Corpo ya labura en esa cuestión y los cableoperadores (otros cibermediáticos) volverán a  cobrarte aparte.

Y así como la tipa de los caramelos habló sin esperar consuelos ni contraargumentos, uno desea equivocarse con lo evidente. Nos quieren indefensos, quietos, sin aire.

Por las dudas, al hogar que de vez en cuando oficia de trinchera (nunca de diván) me traje tres libros más de Don Andrés. En casa, entre un rompecabezas que arrancó recién (día de la madre mediante), sonetos del padre de Hamlet cruzados con Morrison, la habilidad para la tela y colgarse, entre ediciones lalistas (sí x la Espósito), entre todo eso, el viejo cabrón y utopista tiene su lugar preferencial.

Después a amargarse con cosas más pueriles pero necesarias como bancar a Gaby Milito frente a los colegas amargos, buscar una serie soñada que sirva para entender que por 40 o 50 minutos se puede ser miles de otros y, cuando esta puta lluvia lo habilite, empezar sí con la huerta terapéutica de zapallos, tomates y albahaca.

Hacer un micromundo aquí abajo en el abismo, mientras los que nos empujaron al precipicio, siguen explicándonos desde las pantallas lo mal que nos portamos señalando la grieta que supieron martillar.