lunes, octubre 31, 2016

#BlackMirror: El futuro o su peor reflejo


Oportuna síntesis la sugerida desde twitter en relación a la nueva joyita de Netflix en su tercera temporada.
Black Mirror es una combinación de Alfred Hitchcock con Lars Von Trier. Quienes duden de tan retorcida comparación no tienen más que ver los tres primeros capítulos para asumirla sin quejas.
La primera historia, Nosedive (Caída en picada)  impacta por un increíble sistema de arbitrariedades. Tan vigente como hoy son los criterios para calificar personal al momento de emplearlos o la exacerbada manera de premiar que sostienen los amantes de Instagram al momento de repartir o quitar estrellas y mimos.

Un cruce, una mirada, alcanza para incorporar la data (y la calificación del otro), lo que obliga a una automática y permanente sonrisa para obtener el tope máximo del premio. Lo que  parecen gestos de cortesía y un intercambio cordial, sin embargo, puede verse alterado al momento de aspirar a  mejores comodidades, conseguidas inevitablemente, si nuestra calificación mejora.


Ver a la joven Lacie pidiéndole ayuda a su terapeuta para lograr más estrellas y así estar habilitada a alquilar una mejor vivienda, remite al viejo interrogante del paciente y su analista "¿Qué debo hacer para obtener lo que quiero?" La recomendación no tiene mucho de misterio: no repartas tantos mimos a la gente de servicios, ni regales tus elogios, procurá involucrarte con gente de otro nivel (¿social? por supuesto) y eso te permitirá una mejor ubicación.
Así la muchacha apuesta a una vieja compañera del secundario, acaso la más popular, quien termina teniéndola en consideración como dama de bodas (no gratuitamente) Y allá va Lacie por sus 4,5 estrellas...hasta que la vida -en formato blackmirror, lógicamente-, mete la cola.


El segundo capítulo "Playtest" (todos son unitarios), muestra a un hijo confundido, tras la muerte de su padre que abandona momentáneamente a su madre para recorrer el mundo y encontrar una respuesta interior a su existencia. Las chances de animarse a ser conejillo de indias para un videojuego y así recuperar el dinero perdido de su travesía, lo llevará a un callejón sin salida. La presencia de mamá en este baile, sellará la historia.

El tercero de la tercera temporada "Shut up and dance", es una provocación a quienes reclaman un marco moral a las nuevas tecnologías. Un virus aleccionador en la computadora de un adolescente, le dará un correctivo fatal. Al concluir este capítulo, cualquiera podrá suponer que los perversos intrusos que se cuelan para señalar actos innobles (¿impuros? desde una moral standar), son claros en sus impensados castigos.
El espectador, sin embargo, podrá preguntarse ¿está bien destruir a aquellos cuyas acciones resultan cuanto menos condenables?
En lo personal pensando en la serie, duele que cada historia termine mal. Sí ya sé, hace a la esencia del formato y ese es el sentido de las producciones Netflix: Enada bueno ocurrirá si el criterio de cada relato debe ser sostenido de principio a fin".
Tal su coherencia global.
Hay también un argumento justificativo que sostiene que "la tecnología no es mala, si no lo que la gente hace con ella", aunque me cueste creer que una 9 mm tenga un buen fin en si mismo. No creo exagerar con tal comparación.
Pero ya está, el espejo negro que se cuelga en una pared como la sombra que acompaña nuestros secretos preciados en cada paso solitario, ya ganó un lugar en formato HD. Acaso quien se atreva a romper tal modelo, seguramente tendrá siete años de buena suerte. Como pinta el futuro imaginario, los merecemos.