martes, octubre 18, 2016

Nada que perder (otro juramento...

se le coló al viejo Rivera)
Lo comparto

-Juro ante este tribunal, que Mauricio o Moisés Reedson fueron una sola persona. Viajé con él en el mismo barco, comimos el mismo pedazo de pan, habló por mí y por otros como yo, y no nos vendió, y no vaciló cuando muchos de nosotros vacilamos. Puedo probar, ante este tribunal que Mauricio o Moisés Reedson fueron una misma persona: él, cualquiera haya sido su nombre, no se hizo rico como muchos de nosotros. No quiso ser rico en su juventud; no quiso serlo en su derrota. Puedo contar, ante este tribunal, si me lo permite, que cuando supimos que nuestro turno para hablar había concluido, le pedí que aceptase ser mi socio en la sastrería. "No es para mí", respondió Mauricio o Moisés Reedson. "¿Qué no es para vos?", le pregunté sabiendo qué era lo que rechazaba, sabiendo a qué se aferraba, sabiendo a qué se identificaba, sabiendo lo que diría un segundo más tarde. "Esto", y Mauricio o Moisés Reedson abrió los brazos, un segundo más tarde, y me mostró aquello que indicaba que Max Gryn progresa. "Esto no es para mí". "Escuchá lo que dijiste, Reedson. "Escuché, Max: dije que no puedo ser patrón." "No soy una mierda, Reedson." "Nunca creí eso, Max. Sos una buena persona, Max. Buenas tardes, Max."
Juro ante este tribunal, que Mauricio o Moisés Reedson trabajó para mí, en  mi taller, y en treinta años de mierda fue el mejor obrero que tuve. Juro ante este tribunal, que una trde a Mauricio o Moisés Reedson, el hombre con el que viajé de Amsterdam a Buenos Aires, se le rompió algo adentro, no me pregunte dónde. Sudaba, le temblaban las manos y una saliva reseca y amarilla se le pegaba a los labios. "Cosí mal las mangas, Max", me dijo. Levanté las mangas del suelo y las examiné. "Reedson, son las mejores mangas que cosiste en tu vida", le dije. Se puso la gorra y el saco y me pidió que le pagara. "Pagáme, Max, y descontá de lo que me pagás esas podridas mangas", me pidió Mauricio o Moisés Reedson. Y yo le pagué, y le desconté, de lo que le pagué, esas podridas mangas. ¿Acepta este tribunal que el maldito orgullo y la vida entera de Mauricio o Moisés Redson hayan sido  más fuertes que su derrota? ¿Acepta este tribunal que esa unidad, que nos hería y agraviaba y por la que lo dejamos solo, prueba que Mauricio o Moisés fueron una sola persona?