viernes, septiembre 23, 2016

Billonarios vs "tener un blog"

Ayer enganché por casualidad una nueva serie buenísima: Billons con Damian Lewis (Brody en Homeland), el grosso de Paul Giamatti , el custodio de Frank Underwood en House of Cards y Maggie Siff, la amante judía de Don Draper en Mad Men.
Al  margen del elenco, me llamó la atención el escaso rebote en los medios. Suele suceder con los productos de Showtime, siempre listos para provocar, hoy amplificados por Netflix.
En verdad se comprende cierto mutismo incluso en las críticas de espectáculos, Lewis interpreta a Bobby Axelrod, un multimillonario que, a priori remite a Mark Zuckerberg. Probablemente el pibe de facebook se haya encargado en amedrentar su repercusión y bajarle el interés global a la historia.
Además, el relato expone como pocas veces el entramado e inescrupuloso mundo de los CEOs financistas lavando dinero y mutando en sucesivos negocios, entre inversiones "solidarias" y fundaciones de beneficencia.
La historia simple indica que hay un fiscal  Chuck Rhoades (Giamatti) que intenta hacer un minucioso seguimiento de los movimientos de Bobby intentando atraparlo. Curiosamente en la compañía de éste, Axel Capital, trabaja la esposa del jurista Wendy (Maggie Siff), como psicóloga de la firma. 
Hay sexo poco convencional, espías cruzados (entre el gobierno y las empresas) y, por supuesto, un debate acerca de los alcances de la justicia y la doble moral, condimentos que vuelven a la propuesta fascinante.
No cuento más pero quiero detenerme en una escena, la analista debe bajarle las ansiedades a uno de los empleados despedidos, a fin de evitar que éste exponga los negocios de Axelrod. Con clase la mujer le recuerda un caso similar de quien tras alejarse intentó exponer a su ex jefe, conclusión, el hombre no pudo reinsertarse en el ámbito laboral. "¿Sabes que hace ahora, preguntó Wendy sin esperar respuesta, tiene un blog".

Admito que la estocada dolió. Certera me dolió. No sé por qué vino a mi mente un forzado o forzoso paralelismo, buscando una comparación tan contundente.
¿A qué puede ser equiparable el hecho de tener un blog?
¿Sabés qué hace ahora?, tiene un cuaderno, escribe un diario, sólo piensa en su equipo de fútbol, se retiró a cuarteles de invierno, conserva una huerta, viaja dos horas para hacer una tarea que no le gusta, vive el día a día. Abandonó la competencia en su profesión. Se consuela mirando series, películas o releyendo libros.
Justamente ayer, mi amigo Jorge Prinzo, me envió un fragmento de una entrevista que aprovecho para compartir. Antes debo decir que la vara de Billons para referirse al éxito, pasa por el sueldo anual de los beneficiados (tanto de los empleados, como de los empresarios top) Es ese el paradigma a considerar.
Incluso el sueldo de la psicóloga, está muy por encima del fiscal oficial, lo que ya denota un latente problema en la pareja. Sabemos cómo se pone la cuestión cuando el salario de ella supera al del "hombre de la casa".
Lo cierto es que la falsa dicotomía, por ahora suele enmudecernos.
Invito a los eventuales amigos que pispean este blog, a exponer alternativas que representen una ¿solución? (o mejor dicho síntesis, en el sentido dialéctico), más concerniente a lo posible.
Si se puede.
(que no es lo mismo que sí, se puede!!)

* (de mi amigo Jorge, extraído del blog Eterna Cadencia)

Marta Sanz, escritora española que vendrá en unos días para hablar en el FILBA, dice en una entrevista:
Respecto a las nuevas tecnologías, yo aspiro a no ser apocalíptica, pero a la vez me molesta esa posición claramente empresarial, con la que muchos usuarios se sienten identificados, de recibir todas las novedades tecnológicas como una especie de maná.
—¿Qué es lo que cuestionás?
—Me molesta que se tilde de reaccionario a cualquiera que no diga amén a todo y me inquieta la pérdida de libertad y la estricta vigilancia, en un momento en el que los usuarios, sin embargo, sienten que son más libres que nunca porque pueden dar su opinión sobre la política exterior rusa o el culo de Kim Kardashian. Me estremecen las películas de Jason Bourne y la sustitución de los vínculos fuertes por los débiles. Sobre todo, como te decía al principio, en la política y en el ámbito amoroso. Lo confieso. Además con las redes nos hemos convertido en opinadores profesionales, estilistas, politólogos, cocineros, pero sobre todo nos hemos convertido en publicistas de las propias redes. Les hacemos el trabajo gratis: a las redes, a Internet y a las empresas de moda que consiguen que la gente se haga fotos para mostrar al mundo lo bien que le sientan unos pantalones vaqueros de una determinada marca. Vivimos en el peligrosísimo filo de confundir la democracia con la demagogia, despeñarnos por el barranco de la oclocracia, el linchamiento y la orgullosa exhibición de la propia ignorancia. Vivimos en una sociedad donde estamos emparedados entre un concepto de libertad de expresión que se confunde con el insulto y una sangrante doble moral, pacata e intolerante, que se solapa no pocas veces con el eslogan de lo políticamente correcto. Todo cambia de un modo muy vertiginoso que nos envejece y nos hace preocupantemente nostálgicos. Como si viviésemos en una vertiginosa elegía.

Crítica de la serie para los que se interesen en ella (está en Netflix)
http://www.elantepenultimomohicano.com/2016/04/critica-en-serie-billions-temporada-1.html