martes, julio 12, 2016

Spotlight en Argentina


Creí perdido Spotlight, o Primera Plana, film cuyo nombre remite a una sección específica dentro del Boston Globe, dedicada a investigaciones profundas y de alto impacto.
Sí, es una de periodistas.
Pero el argumento explica por qué la ganadora a Mejor Película de los Oscars, más mejor guión original, pasó sin pena ni gloria por estos lares. Incluso, me costó bastante conseguir una copia a la vieja usanza.
En suma, el relato desnuda los profundos y ocultos problemas de la Iglesia Católica en ese estado conservador, en relación a numerosos casos de abuso por parte de varios sacerdotes. Una práctica que en la historia sorprende por la cantidad y por una modalidad que se mantuvo escondida por muchos años.
Inevitable no transpolarlo a nuestro ámbito.
Casi como acto reflejo, recordé la ardua y difícil investigación que en su momento encaró la periodista Irene Bais, a raíz del caso Grassi. Todavía me pregunto si toda la malasangre y los padeceres que vivió la querida colega y mujer de un amigo en torno a ese trabajo, fue lo que desencadenó en su maldita enfermedad.
Igual su marca será imborrable para nosotros y para el periodismo por lo que, ella junto con Miriam Lewin, pudieron sacar a la luz, lo terrible de "Felices los niños", arriesgándose por demás en una sociedad acostumbrada a ocultar las miserias de nuestras honorables instituciones. Donde sea.
Por suerte, lentamente eso parece más historia vieja que presente.
Acaso las acciones de Francisco, en el país del Norte, durante su visita, más la condena pública de los curas de Boston y otros, abrió una puerta a una transformación profunda dentro de la estructura eclesiástica.
No obstante de esto, recordé mi infancia y los eternos rumores en torno a sacerdotes del barrio.
Lo terrible de Spotlight no es que las denuncias refieran a "algún cura rarito o zafado que se aprovechó de su cargo y de su poder dentro de una comunidad", si no que la historia refleja una metodología sistemática, donde los abusadores son ocultados o trasladados.
Dos ideas generan fuerte impacto en el film: los cuestionamientos al celibato y una insólita estadística, que comparte un ex cura, alejado de la comunidad religiosa,  "el 6 % de los sacerdotes cometen abusos", lo que conlleva a un increíble resultado: de los 1500 presbíteros de Boston...¡90! cumplen con las características de  los pedófilos.

Pensaba, insisto rememorando, a mis amigos católicos haciendo chistes al respecto.
Señalando como normal y mofándonos a espaldas de ellos, los extraños vínculos entre el cura de barrio y uno que otro de sus "asistentes". Todavía recuerdo a Monseñor Laguna durante una entrevista en su parroquia, realzando los encantos del café de Taormina, mientras un muchachito que oficiaba de secretario preparaba el brebaje con dedicada atención.

También recuerdo otros religiosos y sus cuanto menos, cuestionable amistad con personajes siniestros. Aunque poco tiene que ver con las denuncias de pedofilia, algunas prácticas de los representantes del Señor, generaban varios interrogantes. La estrecha relación de Monseñor Plaza y Suarez Mason, de Di Monte y Suarez Mason. El corrimiento de curas tercermundistas en el conurbano, por otros más conservadores y consecuentes con el poder oficial. Los obispos vergonzantes de Lomas, La Plata, Jujuy vs. los solitarios De Nevares y Novak.

Sí, ya sé, todo esto es un gran menjunje. Pero hay algo que es cierto, en Spotlight, un "extranjero" o "intruso" de la comunidad es quien altera el orden social disparando la investigación, en Avellaneda, mi barrio de la infancia y quizás en otros, hablar de esto sería atentar con el sentido solidario de la Iglesia.
Mirar para otro lado, tomarlo como broma, es más simple, o mejor dicho, menos comprometedor.