jueves, junio 30, 2016

Un mundo basado en la realidad

La reciente reacción de dos adolescentes ingleses en un colectivo contra un inmigrante, no sólo me generan preocupación en torno a lo que se viene, si no ratifica esta forma de ver la realidad donde los chicos se van alimentando sin que los adultos prestemos demasiada atención.
https://www.youtube.com/watch?v=L2UFPLY_ucY

La voluntad por poner el acento en el necesario bullyng mediático, contra aquello que rechazamos, desconocemos hace pensar que no debíamos extrañarnos si de la noche a la mañana terminamos rehénes de hábitos violentos que desemboquen en tragedia.
El relato de David Byrne que voy a compartir ayuda a reflexionar y a comprender por qué sucede lo que sucede y por qué los adultos debemos tomarnos en serio en esto de bajar ansiedades y pensarnos más tolerantes.
Disfrútenlo y ayuden a un debate en serio sobre transformar el presente. Si es que les importa, claro.

"El periódico Independent dice que varios estudios y algunos informes realizados después de la Segunda Guerra Mundial por oficiales militares estimaron que solo uno de cuatro soldados llegó a disparar contra el enemigo. Los otros no estaban preparados psicológicamente para matar, así que no lo hicieron. Algo que resultaba algo muy enojoso para los altos mandos. Nunca se dio la sempiterna imagen de los soldados lanzados al ataque y disparando sus armas. Para remediar esta situación, se llamó a un tal Dave Grossman, que puso en práctica el "condicionamiento operante", un término de la psicología skinneriana, combinado con simulaciones de combate real.

Con anterioridad, el entrenamiento con armas de fuego consistía principalmente en disparar contra blancos lejanos para afinar la puntería. Las técnicas de condicionamiento psicológico de Grossman se fueron refinando con los años y se incorporaron los simuladores con un notable parecido a los actuales videojuegos con tiradores en primera persona. (Uno se pregunta si no habría que acreditar a los militares de lo que acabaría convirtiéndose en los actuales diseños de videojuegos). La eficacia de los soldados entrenados con estos simuladores se cuadruplicó, con lo que quedó demostrada su gran efectividad.

Grossman se basó en estas pruebas para escribir un libro titulado On Killing, y desde entonces ha criticado el impacto de los videojuegos comerciales que, según él entrenan a los jóvenes usuarios para ser máquinas de matar. Grossman cree que los videojuegos de disparos enseñan a los adolescentes y adultos frustrados a desarrollar un instinto asesino, a acelerar su capacidad de reacción y a disminuir su inhibición.


Esto suena tremendamente similar a las quejas de los liberales que se escandalizan cuando ven a sus hijos jugando una partida del Grand Theft Auto. Entretenerse con juegos de guerra o de cargarse zombies es una actividad muy común entre los adolescentes, actividad que abandonan al crecer y en su mayoría entienden como ficción. Pero Grossman, experto como pocos, afirma que quedan secuelas.
De forma parecida el recientemente fallecido profesor de comunicación George Gebner afirmaba que,  consumidos en cantidad suficiente, los medios modernos como la televisión, se convierten en la realidad para adolescentes, sustituyendo a la realidad de la calle, "sobre el terreno". Gebner decía que la gente que ve mucha televisión, vive como si la realidad televisiva fuera un fiel reflejo del mundo exterior.

 
Con el tiempo esta realidad televisiva se antepone al mundo real. Dado el contenido de lo que se ve en televisión, esa versión catódica de la realidad muestra al mundo como un lugar peligroso, lleno de crímenes, de personajes sospechosos y de fullerías ( ), además de contar con la insólita proporción de la población dedicada a defender el orden. La televisión muestra las ciudades como si fueran sitios llenos de hombres y mujeres de belleza imponente, de personajes de escenarios mejores para contar historias. Lo mismo sucede con los polis, ladrones y las zorras seductoras. Tal vez todos estos personajes exagerados y sobredimensionados sean el reflejo de otro tipo de realidad: la realidad interior".

* de Diarios de Bicicleta (David Byrne)