viernes, abril 01, 2016

El sentido del laburo o laburar sin sentido

En esta idea de proyectar, uno imagina cuáles serían las motivaciones para un hijo adolescente pensando, por supuesto en lo mejor para su futuro.

Acaso el arte, vocación para quienes se sueñan célebres, pero también para aquellos que dedican horas y horas por formarse y aprender, puede llevarlo a la consabida función social que representa la docencia en una disciplina soñada. Menospreciada tarea esta, siempre por aquellos obstinados en salvarse, pero vital para quienes entiende que la evolución de la enseñanza hace al sujeto, pero también a su comunidad.

Pero basta de verso, la realidad es que con la profundización de la grieta, he descubierto un modelo prejuicioso que no hace otra cosa más que ensancharla.

Así, de un lado se ubican los ñoquis, que tanto les gusta enunciar al partido ganador, obstinado en demonizarlo todo.
En esa argumentación que nada tiene de culinario, se arrojan por la borda, 20 mil pibes de escuelas de música, el archivo de la memoria, los empleados de la biblioteca nacional, quienes soñaron con ver funcionar de nuevo Atucha, los que proyectaron proveer a todos de servicios de telefonía y televisión a través de radares, vía Isat, museo de la memoria y varios aspectos que, aún con los prejuicios del modelo liberal que nos gobierna, hacen a la cultura y a una manera distinta de reelaborar nuestra idiosincrasia.
En los municipios, los ñoquis serían, por supuesto, "los negros lacras" que tanto castigan hoy los call center pro o trolls, ahora desde una ubicación preferencial: desde la misma Casa Rosada, trabajan para enseñarnos lo bueno, lo conveniente, lo sano, lo incontaminado.

"Trabajo" es la palabra que me da vuelta, pienso qué laburo podrán hacer mis hijos a futuro. Porque en los 90, la cosa era más sencilla, poco o nada artesanal, bien de servicios, mucho de bicicleta financiera, pibes cool vendiendo espejitos de colores, o empresas fantasmas.

Con la última década, las opciones parecieron ampliarse, también desde un costado más urbano.
Nadie quería irse al campo porque los dueños del campo siguen siendo los de siempre y porque sus sueldos resultaron escasos, en comparación con la asignación universal por hijo.
La pequeña y mediana industria dio algunas señales: los proyectos cooperativistas, con reservas, fueron expandiéndose; la noción de que los favorecidos y exclusivos gerentes propiciadores de la importación, eran relegados por un oficio, un compromiso, o una fabriquita con posibilidades, recuperaba el sentido de las escuelas talleres.
Pero no.

Los que ganan son los trolls. Esos que te tiran por la cabeza a cualquiera el apellido Baez, minimizando los esfuerzos personales y las convicciones de muchos, para ponerlo todo bajo sospecha y estigmatizar una forma de vida, cercana a la lucha de clases. Para después citar con autoridad las máximas del rtoquismo, transpolando a la indiada de 1890, o la gauchesca, con los invasores de países limítrofes que, por supuesto dicen ellos "no quieren laburar".

Y ahí están los pibes del Lolapallooza y Agapornis, enseñándonos, lo que es bueno. Lo correcto.
Que mejor negociar con los usureros que nos prestaron guita, esos que van emigrando de país en país y de negocio en negocio espurio, sin medir consecuencias. Viste cuando te rompen algo, un auto y el planteo es "cómo me vas a pagar", bueno, ese es el espíritu productivo de quien juega a la rula financiera con nosotros.

Es entonces cuando se soltó el título de este post pensando desde el donde y hasta cuando: "El sentido del laburo o laburar sin sentido".

El sentido del laburo, a mi entender, se relaciona con trascender con esfuerzo y dedicación por lo que uno sueña, en pos de su comunidad y de su talento, oficio o vocación.
Todavía, no le encuentro demasiado sentido a las 8 o 12 horas parado en la puerta de un comercio para cuidarlo de potenciales invasores.
Tampoco me parece que el acoso telefónico para venderte un servicio de internet, haga a la nobleza del esfuerzo. O vegetar en un lugar donde no pasa nada. O transformar la encomiable tarea de médico, por la de un representante de laboratorios o empresas, deseosas de ubicar sus productos, experimentando con nosotros.
A mi estas tareas, no me caben.

En cambio, eso conocido como "cavar zanjas", "cargar bolsas en el puerto" o el trabajo de la construcción, del que suele hablarse con desprecio, aún con los fines electoralistas o especulativos (del político o del negocio inmobiliario, según el caso), dignifican el sentido del aquí y ahora. Lo mismo aquello de que "la tierra, para quien la trabaja". Utópico en un país que vuelve a ser el de antes, ese que no propicia los proyectos colectivos.

Bueno, no quiero hacer de esto una oda del kirchnerismo, no me interesa. Sí pienso, por ejemplo, en quienes nos dan cátedra permanentemente de republicanismo y cuya labor, dista mucho de una tarea mancomunada. En mi labor de periodista, por ejemplo, de a ratos creo que la postura declamatoria que hoy distingue a nuestra tarea, no construye ni significa nada. Nada.
Leo más construcciones arbitrarias, prejuiciosas y personalistas que una labor minuciosa, despojada de soberbia y precisa. ¿Es que con promover una noticia o revelar algo que se ignora alcanza? Desde el concepto frío, probablemente. Nadie dice que luego de informar por un accidente vial deba encargarse del pobre atropellado y llevarlo al hospital. Pero acaso sí.

Como sea nuestro paso por este mundo, laburar sin sentido en mi profesión, sería reproducir mecánicamente aquello que conviene decir o que nuestro núcleo de pertenencia (ideológico, barrial, étnico, etc) desea escuchar.
Defenestrada la fórmula periodismo y militancia (que sí, suena insustancial), hoy hasta los más críticos del último gobierno, destacan la carta de Rodolfo Walsh a la junta militar, como prueba elocuente, a partir de la exhaustiva descripción de hechos que el periodista montonero utilizó a modo denuncia. No descarto que los elogios a regañadientes, se corresponden con su fatal desenlace.
Walsh intentó hacer algo más que periodismo en aquel relato. Del mismo modo, que la investigación de Operación Masacre, lo obligó primero a pensarse a si mismo, para pensar la sociedad desde otro lugar.

No voy a aburrirlos con esta descripción, si ya llegaron acá (lo dudo) me dicen, por ejemplo que escribo rebuscado, que nadie lee, que si breve dos veces bueno (lo dejo para pos-terior post)

Al superar mis 50, la noción de trabajo va declinando como mis neuronas.
¿Es un tema de neuronas?
Seguramente. Hubo un tiempo que el trabajo fue esclavo, otra, transitorio, otra obsesión, otra oportunidad, otra razón de crecer, otra, forma de progresar.
Hubo otro tiempo (si pudiéramos abstraernos del sentido circular o dialéctico de la relación historia, tiempo espacial) en que aprovecharse de la situación, del momento que te toca, de la fortuna que te acompaña en esta instancia, relegó la noción de la trascendencia (si es que el laburo tiene que ver exclusivamente con esto)
Por ahora yo escucho a aquellos que me enseñan lo bueno de lo nuevo. Que argumentan lascivamente las razones de los 100 mil despidos, pero dudo que puedan explicarme con claridad, cuál es su verdadera tarea en este presente.
Mientras tanto, veo a profesores remadores de plástica o guitarra, trabajadores sociales que se niegan a abandonar a aquellas comunidades, orgullosas por aprender a claudicar frente a la lengua y mandato histórico del poder en la Argentina.
¿Y el periodismo? Bueno, acaso algunos laburantes que empiezan a reconstruirse desde los bordes, sueñen un espacio alternativo y cooperativista (qué palabras arcaicas, frente al "revolucionario mundo", de las narcisistas y policíacas redes sociales), otros en cambio, se parecen cada vez más a voluntades misilísticas por imponer sus mensajes, cual sello nazi y gozar de sus consecuentes y obedientes lectores o televidentes.
Y quizás, como este blog, como este rato de escritura sin trazo fino, nada de lo que hoy nos toca hacer parece tener demasiado sentido.
O tal vez eso es lo que nos quieren hacer creer.