miércoles, marzo 30, 2016

Tentarlos con Vonnegut




















Nadie
....A veces me pongo a pensar en mi
educación. Después de la Segunda Guerra
Mundial, fui a la Universidad de Chicago
durante algún tiempo. Estudié en el
Departamento de Antropología. Por
entonces enseñaban que no había
diferencia alguna entre unas personas y
otras. Deberían enseñarlo todavía.
Otra cosa que nos enseñaban era que
nadie era ridículo, ni malo, ni
desagradable. Poco antes de morir mi
padre me dijo:
−Mira, hijo, no escribas nunca una novela
con un personaje malo.
Kurt Vonnegut Matadero 5
Y yo le contesté que ésa era una de las
cosas que había aprendido en la
universidad, después de la guerra. ...

Sobre las cruzadas
...Mackay tenía muy mala opinión de todas
las Cruzadas. La Cruzada de los Inocentes
(o Cruzada de los Niños) le afectó
solamente un poco más que las otras diez
Cruzadas de los adultos. O'Hare leyó en voz
alta este bello pasaje:
«La historia nos informa, en sus solemnes
páginas, de que los cruzados no fueron otra
Kurt Vonnegut Matadero 5
cosa que hombres ignorantes y salvajes,
movidos únicamente por un fanatismo
inmoderado, y de que su camino era el de
la sangre y el llanto. Sin embargo, los
relatos han exaltado siempre su piedad y su
heroísmo, retratando con sus más ardientes
y vehementes matices su magnanimidad y
sus virtudes, y el imperecedero honor que
conquistaron para sí, y el gran servicio que
prestaron a la Cristiandad.»
Y, tras una breve pausa, este otro:
«Ahora bien, ¿cuál fue el resultado de todas
esas luchas? Que Europa perdiera gran
parte de sus tesoros y la sangre de dos
millones de sus hombres. Y todo ello para
que un puñado de caballeros pendencieros
retuvieran la posesión de Palestina durante
cerca de un siglo.»
Mackay nos decía que la Cruzada de los
Kurt Vonnegut Matadero 5
Niños había empezado en 1213, cuando
dos monjes tuvieron la idea de reclutar
ejércitos de niños en Francia y Alemania,
para venderlos como esclavos en el norte de
África. Se presentaron treinta mil niños
voluntarios, creyendo que irían a Palestina.
Y Mackay concluía:
«Se trataba, sin duda, de niños
abandonados y sin trabajo, de esos que
generalmente abundan en las grandes
ciudades, de esos que se nutren del vicio y
la desvergüenza, y que están siempre
dispuestos a cualquier cosa.»
El papa Inocencio III también creía que
aquellos niños iban a Palestina y se sentía
conmovido: «¡Estos niños están despiertos
mientras nosotros dormimos!», decía. Pero
la mayoría de aquellos niños fueron
embarcados en Marsella, y cerca de la
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mitad perdieron la vida en naufragios. La
otra mitad llegaron al norte de África,
donde fueron vendidos.
Sin embargo, resulta que, a causa de un
malentendido, algunos niños fueron
enviados a Génova, donde no había ningún
barco de esclavos que los esperara. Allí,
unas buenas gentes les dieron de comer y
los alojaron para, después de charlar
amablemente con ellos, darles un poco de
dinero, muchos consejos y devolverlos a sus
casas.
−¡Hurra por la buena gente de Génova!
−exclamó Mary O'Hare.
(un par de párrafos de Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut)