lunes, diciembre 07, 2015

Best of Enemies (un documental para pensar el presente)

No son tiempos sencillos aunque los más optimistas supongan otra cosa. No, no hablo del presente claro está, si no de 1968. Un año donde el rock y el flower power silenciosamente se fueron extinguiendo, casi como los ideales (o cuanto menos sus exponentes globales). Sin JFK, ni Malcom X (asesinados en 1963 y 67, respectivamente), el Che (1967), Bob Kennedy y Martin Luther King (ambos en el 68), nada primaveral resulta entonces en un mundo que explota en nombre de aquietar las crisis y disimular la guerra fría.

Hay revueltas en Europa, un mayo francés, la primavera de Praga, pero también hay respuestas irracionales, impensadas, reaccionarias. En ese contexto, el documental que vi el pasado fin de semana por Netflix, parece ilustrativo en relación a lo que vendrá después (quizás ahora también)

Best of Enemies es más que un momento tumultuoso en la vida de los norteamericanos y, más allá del éxito que le significó a la cadena ABC al enfrentar en un debate con polemistas de tendencias diferenciadas, el modelo de este relato bien podría acercarnos al presente tramposo de los canales y su relación con el poder real.
De las cuestiones locales no voy a referirme mucho porque ya sabemos bastante del caso.
En lo particular de este documental, hay un exponente republicano, William F. Buckley Jr. a quienes los compiladores del video lo realzan como uno de los grandes intelectuales conservadores, por no hablar de un hiperderechoso. El hombre, quien posteriormente será el asesor y promotor de Ronald Reegan, confronta con un progresista y liberal escritor como Gore Vidal. La sexualidad, la moral, las guerras, los valores del americano promedio y sobretodo Vietnam, serán temas que desde este blog pueden resultar fríos y hasta aburridos en nuestro contexto, pero que ayudan al análisis en la filmación.

Pero no, hay además preocupación por la economía, por la represión callejera, con chicos que se expresan en las calles para ser combatidos por fuerzas del orden, con una violencia inusitada. Pensemos tal contexto con los ídolos o líderes de entonces, asesinados. El debate que dio mucho rating, es el lugar donde confluyen ambas voces, ambos modelos (¿decime si esa no es una gran grieta?)
Y si bien Vidal puede dejar conforme a los más optimistas (incluso los creadores de este producto, parecen reivindicarlo), la realidad es que el "American Way" que siguió después, sumado a la fortaleza real de Reegan en los 80 y la posterior ampliación del Imperio, deja más que claro quién gana y quién pierde en esta contienda. Gore escribió Imperio a modo de crítica y Buckley Jr. parece haber elaborado esta idea no desde el pudor o el cuestionamiento, si no desde el orgullo.

¿Y qué tiene que ver Best...con nosotros?
No nos apresuremos a concluir algo, si el documental se lamenta la falta de programas de debates "nobles", en el sentido de voces discordantes que puedan sentarse a discutir (el programa concluye de la peor manera), la realidad es que desde las pantallas se puede hacer y mucho. Ley y orden, pedía William F. en su ciclo en sincronía con la modalidad republicana de entonces.
Libre expresión realzaba Vidal, para rescatar a los callejeros manifestantes (¿alguien puede pensar en intelectuales de estos lares, rescatando a la tan "quedabienvapulearlaCámpora"?)
Ley y orden, valores republicanos que aquí fueron rescatados del mentor periodístico que lanzó La grieta, señalando a los "agitadores del gobierno".
Best of Enemies demuestra cómo un programa de la tercera y denostada cadena nacional estadounidense, puede erigirse y medir buen rating a partir de un duelo despiadado de voces. Intelectuales sí, pero que al final no miden consecuencias a la hora de dañar al oponente.

Al 68 le siguió un buen rato de Nixon, la derrota y los muertos post Vietnam, la expansión armamentista como recurso económico y argumento belicista y dominador.

A mi el ciclo me hizo ruido. Me llevó a confirmar que la batalla del presente (la mediática, la cultural) se dirime desde las pantallas. Es así, que estas palabras, estas frases sueltas desde un blog cualquiera son exiguas ante lo que vemos, frente a redes hoy inmaculadas, antes voces sabias desde el prestigio periodístico de aquí y de allá.
Pero no hay que enmudecer lo que salga, si no articularlo de un modo claro y directo.
Más ahora en el que los medios despejarán de su maleza, todo discurso de libre albedrío que afecte intereses concretos.
Más ahora cuando el ejercicio o entrenamiento periodístico, pasará por ser buenos tiradores de centros a los portavoces de los valores.
Más cuando, confundidos colegas vuelven a identificarse con sus gerenciadores (error público o privado)
No habrá chances de ser Gores Vidales para plantarse como mejores enemigos.
Si no saber observar y, por supuesto, aprender.
Siempre aprender.