miércoles, noviembre 11, 2015

Compañeros de ruta

Ya no salgo tanto a caminar en formato "sacrificándose x Independiente".
Todo lo contrario, si lo hago, coordino con mi compañero de Ruta, Héctor, horario y día y a dar vueltas por Ducilo, hasta que los temas o las preguntas cedan su lugar al cansancio.
Hoy por ejemplo, con puntualidad inglesa, a las 8, enfilamos para la ex Ducilo, ex Dupont y vaya a saber cuántas ex sumemos a futuro.
Por supuesto que la charla no tiene una agenda preestablecida, aunque la realidad o la construcción de ella, se intente colar siempre.
Con diez años más que un servidor, a Héctor lo conocí en una cancha de papi, a través del marido de una prima. Así de rebuscadas surgen las amistades que rompen aquel molde de complicidad de toda la vida.
La tanada, ese carisma barrial que refleja los años curtidos de un curtidor (creo que fue mucho tiempo fabricante y vendedor de carteras, camperas y todo lo referido al cuero) y una apertura para cualquier tema que se cruce en esto del divague general, convirtió al hombre en un socio amable.
A pesar de su condición de bostero, que compensa con una pasión futbolera ("mi técnico es Lorenzo", dice siempre) más una carcajada expansiva y contagiosa, digna de ser considerada para quien intente promover, alguna comedia o historia de varieté.
Debo reconocer que desde que me mudé (o retorné) a Berazategui, no vi a tipo más saludado que al amigo Héctor. Sólo los Mussi juntos, supongo (padre e hijo) podrían llegar a equipararlo.
El caso es que en el ritual del cultura general o "composición tema", hoy se cruzaron nombres e historias dignas de compartirse. Me contó de un tano amigo que entre lágrimas expuso su pasado, cuando surgió la guerra de Malvinas "El tipo, sabés, me dijo 'uy los ingleses', con una voz de temor y preocupación incomparable, como si los suyos pudieran sufrir todo lo que él ya había vivido".
El hombre también compartido con él sus desventuras durante la segunda guerra, pasó por las filas de Rommel, fue detenido por los británicos ("le hicieron cosas terribles"), logró escaparse y huir a a Italia, ahí lo persiguieron los alemanes. "Corrió como nunca para llegar a un monte. Los talones, pegándoles el culo, me describió, y con razón, entre las balas veía como al alrededor caían sus compañeros"), agregó mi socio caminante durante la segunda vuelta.
Hablamos de las desgracias del pueblo paraguayo y de la cobardía de Mitre con la guerra de la triple alianza. De Urquiza y su arrugue tras ganar la batalla. "Le perdonó la vida a Buenos Aires porque les habían cortado el grifo al litoral, por eso los invadió. Después la guita lo perdió y se la dieron", explica sabio.
Hablamos de mujeres, ¿cómo no? las que cruzamos, las que odian a Cristina, por su belleza, inteligencia y labia.
Siempre hablamos de Cristina.
De la toma de Merlo, de los inmigrantes, de los que viajan a Disney y se la pasan idolatrando limpieza, seguridad y servicios. "Sin pensar que allá no tienen piedad con los delincuentes, los hacen boleta, sin importarles nada. Adoran el modelo de Estados Unidos, modelo que se fue desarrollando a base de mafia y todo y sólo por negocios y por la guita". Coincido.
En la conversación me entrevero en una idea de país que a veces me parece sólo ilusoria y propia. Le digo que la Argentina perdió esa hospitalidad de otros tiempos, que nos rige el consumo y el poseer, que el plato siempre estaba listo para quien quisiera venir a casa. Que ya no hay mucho tiempo para juntarse con los que querés bien.
A la vuelta, insisto, pensé que mi argumento era más una noción de patria soñada que la verdad sobre lo que somos. Igual, la cantidad de los que somos y la heterogeneidad del presente, ratifica nuestro espíritu cosmolita, le pese a quien le pese.
Hablamos de música, siempre también. Del quinto Beatle, del espacio mágico que hoy se da en la biblioteca Manuel Belgrano con un grupo de jazz (estudiosos del género), tipos de ochenta y pico que se reúnen un sábado por mes, sólo para hablar de músicos, del contexto social en el que fueron creciendo.
El fútbol quedó de lado, en esta oportunidad, el sol castigó pero no tanto como para que la sucesión de temas elegidos al azar se intercalaran a cada paso.
Afortunadamente, esta rutina o ritual, dista del espíritu runner que tantas sospechas me genera en el presente. Veo a muchos colegas haciendo honor a sus encuentros 12k o como se llamen, para luego exponer un discurso derechoso, cosa que me da que pensar al momento de quemar grasas. ¿se filtrarán en las carreras algún genoma elitista?
No es nuestro caso. Héctor confirma que la amistad mucho tiene que ver con el momento en que uno se encuentra y la generosidad para compartirlo y poder escuchar al otro. Aun en mundos bien distintos.
Caso contrario, la compañía se vuelve como la foto de Down by Law, (Tom Waits y John Lourie), luego de varias desventuras y de ser forzados a compartir momentos juntos, lo mejor es adaptarse a la chaqueta que mejor calce y seguir cada uno por su lado.
En la que nos toca transitar, bien vale la noción de compañeros de ruta.
Salud amigo Héctor.