miércoles, noviembre 11, 2015

Rockear de madrugada (candestinidad 2da parte)

Y que después no vengan a cuestionar nuestra (o mía, le calce a quien le calce) que "todo tiene que ver con todo".
Cinco de la mañana, Berazategui duerme. Salvo un pibe, entonado que puesto casi a propósito (en relación al post de días atrás sobre rockear y pasar a la clandestinidad, bueno ustedes ya saben y si no, pispeen) recorre la cuadra cantando "Larga vida al rock&roll, sólo quiero rockandroll, lo MEJOR QUE HAY ES EL ROCK AND ROOOOLL", así en sus diversas formas y afinaciones. Al flaco se lo oye contento, más convencido en hacer notar a la barriada, sus convicciones musicales, a viva voz, sin parlantes cultores del meneadito o del meloso Romeo Santos.
Lógicamente, despierta a la bonita vecindad, mientras la canción se va extinguiendo como el eco del camino largo que baja y se pierde (licencia nac & pop, por qué no).
Pero no, algo acalla eso que ya se parece más al murmullo de un aspirante a Charly García o Pomelo.
La alarma o botón antipánico, o curro de seguridad pseudo privada para dejarnos a todos los lugareños satisfechos, resuena como para TRANQUILIZARNOS.
Ahora sí, estamos seguros. Pienso en la boludez del miedo que tiene más de caprichoso, prepotente e intolerante que de sentido social. Pienso en el piloto automático que significa sacarse de encima todo aquello que resulte ajeno. Pienso en las sanas y buenas costumbres de las que fuimos forjándonos. Esas de la privacidad, más en el sentido utilitario que en cuidar otros bienes preciados, simbólicos como podría resultar suponer "el pibe está medio borrachín y le gusta cantar". Y punto.
Me acuerdo de días atrás cuando una mina sugería controlar a los barrenderos "porque les estamos pagando el sueldo", esa condición de quienes despreciaban tanto el Estado por décadas para apropiárselo como un ganadero o patrón de estancia.
Por eso si me cruzo al vecino que tiró la alarma, apelaré al remanido e irrefutable argumento.
"Es sólo rock & roll y a mi me gusta".
(todo esto pero multiplicado por cien y mejor, ya lo dijeron Diego Capusotto y Pedro Saborido, con clase, arte y sentido político)