miércoles, noviembre 25, 2015

¿Cómo te lo explico? Periodistas en acción

(Me atajo: desde aquí, no creo que el kirchnerismo haya sido el gran mal para nuestra profesión. Dicho esto, comienzo)

Por ahí, leí alguna vez que el periodista siempre tiene algo de dandy, llegando a la  noticia o relacionándose con los otros desde cierta impostura. Este hecho, puede colocarlo (nos) por encima del ego medio que tanto distingue a la argentinidad.
Soy, sin embargo, de los que crecí tomando medio en broma o medio en serio (adolescencia católica) aquello que solía tirar Revista Humor con que "el periodismo es un apostolado". Tal concepto en el bolonqui de mi cabeza, se amplió promediando los ochenta desde la universidad, donde la idea de crear medios alternativos constituía una tarea, cuanto menos colectiva y comunitaria. Un delirio por entonces, confundido acaso, con la vuelta de la democracia. Muchas voces, para muchas audiencias.
Claro que al momento de empezar a laburar, esta noción se hizo añicos en el acto.
Por entonces no había ningún aspirante a cronista que no deseara pasar por la redacción del gran Diario Argentino. Tuve esa dicha, con tres notas de la sección Opinión, dos semanas aprovechando una licencia en Perfil y no mucho más.
"Soy de Clarín", entonces resonaba como el abracadabra de ficción. Incluso en la editorial de Fontevecchia, tal muletilla se escabullía más de una vez, con tal de que la nota no se pinchara. "Soy de La Nación", soltaba otro tramposo en este oficio "de la nación argentina", ampliaba al reunirse con su entrevistado, ya entregado a la nota.
Pero más allá de esta pendejada, que en muchos casos decidía si había o no nota para los otros medios, muchos colegas desarrollaron su vocación con esta dandy condition, a la que muchos comprendíamos, fascinados por las características de un diario moderno e independiente, al que por izquierda o derecha, solíamos describir. "Aunque tiene muchos clasificados", nos quejábamos entonces los imberbes.

Treinta años después, con Página como escuela más austera pero cercana del aspiracional periodismo intelectual, todo sonó muy diferente. Vimos que la simultaneidad de voces en el diario de los Mitre, no era tan mala, dejamos de criticar la cuestión ventajera de los diarios del pueblo (y hasta minimizamos sus discursos chauvinistas), quedamos enmudecidos por la expansión multi del grupo del clarinete y ya con muchos soldados en el medio (Tea explicitó la moda periodismo), el exceso de dandys comenzó a superpoblar miradas y mensajes.
Libertad de empresa y de prensa fue el disparador lanzado desde 2003, por un gobierno que para dar batalla concibió a los medios como una contraempresa y el despelote se suscitó. La ley de medios entusiasmó a miles de estudiantes o protagonistas de las ex radios piratas, otro emergente mediático de las formas de comunicación de la democracia, acaso para pelear un desarrollo que al hegemonizarse antes, había silenciado a los primeros canales de cable, mérito a las señales que incluyen fútbol (y borra la antena de la emisora local). Y muchos periodistas comenzaron a confundir rol con ubicación eventual. La experiencia de algunos como productores de otros contenidos, standaperos, conductores, asesores políticos, demostraba que había más opciones que la búsqueda de la verdad.
Entretener, es sabido, también forma parte de nuestra tarea y no está mal.
Hace rato que estoy tentado por nombrar a quienes pasaron de maestros a preceptores despreciables en el medio. A discutir el tema con nombre y apellido. El problema, sin embargo, pasa por la concepción de nuestra tarea y su sentido colectivo. Acaso la cuestión gremial en un ámbito que se desarrolló como pocos y que a muchos advenedizos les sirvió para hacer negocios millonarios, dejó al laburante medio con una obra social mediocre, sin herramientas de desarrollo y cargos de cotillón para obligaciones pulifuncionales, siempre mal pagas.
La fascinación por lograr un lugar en la farándula (llámese espectáculos, periodismo deportivo, opinólogos de la política) alcanzó para relegar aquello que merecía ser comunicado. El escritorio, el estudio o la compu pasó a ser más importante que la calle y salir dependía de los costos del medio y el "interés público" de la información. La influencia de las "nuevas tecnologías" (término arcaico pero aspiracional para los que nos formamos en los 80) no hicieron  más que realzar o recomponer el egocentrismo de esta profesión.
Gracias Jobs (Steve), si facebook expuso el formato tribal, twitter lo contradijo con sus 140 caracteres aleccionadores. Estigmatizantes, ingeniosos, inteligentes, reveladores y así al infinitvo, podrían resultar los calificativos de una manera de comunicar donde "te estoy diciendo algo, es relevante y no te lo podés perder". Estar atentos a la tendencia sirvió para llevar agua al propio molino, hecho que convirtió a la elección de las palabras en vasos comunicantes. Mencionar determinadas cuestiones, en "cierto modo", acrecentó la popularidad de los nuevos sujetos formadores de opinión. Es curioso, por ejemplo el reciente fenómeno de colegas cuestionando la editorial de La Nación, desde su propia cuenta. Sin embargo, leer entrelíneas el modo de la crítica, habla a las claras su posición en el medio. El tiempo dirá dónde reside la valentía y dónde la estupidez (aunque mi comentario suene antipático)
Durante los últimos años, se pudo ver a varios saltando de veredas, disimulando el lugar del presente (temor de preservación), colegas elevando la voz, ofendidos por "el dedo acusador del poder" (hoy sigo dudando que el poder del último gobierno haya sido tal, según le gusta realzar a la hoy "ex" oposición.
Como sea, sin luz en mi barrio (represalia vía Edesur, por suburbanos peronistas?), este post siguió más tarde, ahora, con nombres de gabinete para poner colorado al periodista más anti k.
Veremos entonces si los colegas seguirán en su rol denunciante, cual periodistas en acción, o por el contrario, si ofician de benefactores con el gobierno de la alegría, sugiriendo listas o cronistas desubicados. Por el momento todos hacen mutis por el foro. Con la pauta recontraoficial de todo, no creo que cambien mucho y se atrevan a declamar libertad de expresión para lo que venga. Entonces el ego y el dandy alternará con el mero show mediático.
Así, 30 años después de hacer periodismo, la cuestión del apostolado, resuena como una humorada, que en el presente, seguro nadie entiende. O prefiere no comprender demasiado.