viernes, septiembre 11, 2015

Downton Abbey, o novela rosa a la inglesa


 De entrada la servidumbre da un poquito de vergüenza ajena, no sólo eso, cualquiera que asome su interés por Downton, pensará sin dudar que los últimos nobles británicos son más humanos que la plebe. Con el transcurso de capítulos, la empatía por esta serie profunda desde el principio en apariencia, pero en definitiva, bien novelesca, cautiva a aquellos interesados en argumentos que salgan de la media criminal, cuasi retorcida.
Y los de la isla, como siempre dan cátedra: en los primeros capítulos además de ratificar el sentido de castas (¿explicará esto por qué la India se fascinó tanto con las formas sajonas?) dentro de la administración del castillo (con un empleado para asistir a cada uno de los integrantes de la familia), hay respuestas inteligentes que reflejan el por qué de su vasta e imprescindible literatura.
Hay conflictos, pero no psicoanálisis, hay escrúpulos, que van más lejos de lo religioso. Por supuesto los modales imprimen cualquier efectiva y estimada represión. Nadie se excede a simple vista y todos bregan por sostener sus deseos, eso sí, sin manifestarlos demasiado. Las calumnias son moneda corriente y ninguna lengua venenosa se priva de humillar al otro, siempre con inteligencia. El amor transita entre lo imposible y una quimera (situaciones que en simultáneo ubican la cuestión romántica y el escepticismo, en iguales condiciones)
Y una curiosidad, la traición no tiene un peso tan fuerte como la mentira. Por supuesto que con tanta gente los chimentos se expanden como llamaradas (no por nada, además de la literatura, los ingleses son maestros y los precursores de la prensa amarilla) La venganza no parece una gran preocupación (¿será un sentimiento más latino?) Y el dolor se soporta con una taza de te cerca y birlando (si se me permite el lunfardo) el rostro propio, ante la mirada de los otros.
El sexo es una promesa y la guerra una revolución, en el peor de los sentidos. Ahí sí, aflora un espíritu de solidaridad de la comunidad (¿bajada de línea en un mundo con corona?) que podría sorprender al más patriota desde estos lares. También permite agradecer no haber transitado por semejante castigo.
Bueno, no particularicé nada porque, como los libros y las canciones, siempre vale más la pena animarse a su desarrollo. Los que cayeron tarde como yo (como siempre), a sacarle provecho.