viernes, mayo 01, 2015

A 17 años de un primero de mayo

No fue un primero cualquiera, no señor.
Allá por el 98, la decisión tomada de renunciar e irme por primera vez de Perfil (Semanario) coincidía con una pregunta en mis 34 años, y si no lo intento ahora ¿cuándo va a ser?
Mi compañera acompañó el riesgo; era pasar a ser colaborador en LN Turismo y trab
ajar sin sueldo fijo, después de casi 10 años de obediencia plena para la publicación vergonzante del siempre jodido Jorgito F.
Para aquel 1º de mayo, nos prometimos un asado en casa, buscando darnos ánimo y consensuar tal "locura" con la familia. Hoy revisábamos ese instante con los presentes de nuestro acontecimiento.
Yo creo que estaban mis cuñados, mi vieja, mi hermano, en la casa de Sarandí.
En el repaso, se mezclan los que ya no están, mi suegro ya había fallecido, mi vieja no se había separado, entre la confusión surge otra reunión con "los Bruzzoni", padres de mi amigo de la infancia, quienes oficiaron como una segunda familia durante mi adolescencia y a quienes en los noventa le dedicamos un encuentro de achuras y vacío. Pero no, no fue el almuerzo de ese primero de mayo del 98.
Lo bueno de los repasos es que se te vienen encima todo lo vivido y te das cuenta de su valor.
"No pueden ser 17 años, Saverio tiene casi 14", me retruca la susodicha.
Se equivoca. Entre el fin de aquel milenio y la llegada de este, todo lo acontecido se precipitó casi sin aliento. Los viajes se espaciaron, la literatura y la música de nuestros jóvenes años idolatrados y compartidos entre del 88 al 94, quedaban condicionados por lo que siguió: despedidas a parientes, yeso de brazo, casorio, dos o tres mudanzas, 2001 una operación, nacimientos, producción radial a las 4 de la mañana, construcción de pisos y baños en casas que no eran nuestras, emigración de Sarandí a Berazategui, etc.
Pero a no apartarse del eje que fue aquel primero de mayo. Con una mesa más larga que el patio, un sol que avalaba mi capricho (celebrar el devenir de no pertenecer más a una empresa piojosa que hacía de mis expectativas profesionales, piso y techo simultáneamente), con la familia de testigo y esos brindis de alegría compartido, cuyo efecto o efectividad al momento de los deseos futuros, continúa resultándome dudoso.
A esta altura, sentirse sobreviviente de aquello, me vuelve un tipo laburante barato pero afortunado.
Quizás como la canción de Lennon que hoy compartí,  (https://www.youtube.com/watch?v=mjK4Sn5Lmts)
a lo mejor hubiese tenido sentido decirse que uno se enroló en un ámbito más combativo, gremial y de luchar codo a codo con los compañeros. La verdad no ocurrió nada de eso.
La realidad es que los celos de dos editores en el gran diario de Saguier & cía, me dejaron con menos notas. Así y todo, la mayor experiencia laboral la gocé en esa ruta de libertad, sin la típica garantía que te da un salario regular, más su correspondiente obra social, pero con el vértigo de doblar cada apuesta de trabajo sin permitirme quedarme quieto.
Después del 98, hubo radio, despegar.com, portales, suplementos varios, revistas de comunicación, la querida "Reflexiones y Debates", hecha a pulmón por mi amigo Fernando Calzada, los talleres de Periodismo, con otro groso querido como Jorge Prinzo.
Hubo dos viajes a Bolivia , (http://www.lanacion.com.ar/205950-las-4x4-ponen-la-sal-en-la-region-de-uyuni) uno antes de renunciar y otro para el Diario Mitre (tranqui no se trató de compraventa), Patagonia (http://www.lanacion.com.ar/205687-patagonia-br-los-dominios-del-viento-y-del-silencio) , varios reportajes a artistas ousiders (http://mperezagrippino.com/prensa_4.htm) que nada tenían que ver con la farándula, una revista de bailanta light hecha por los "creativos" de la editorial de Gente, hasta que llegó la invitación a retornar a la casa malparida del clan Fontevecchia. "Ahora la culpa es tuya", me convocó con su discurso histérico el Willy Wonka del periodismo, como quien te recibe y se arrepiente al momento de extender sus brazos.
Por último en tal recuerdo, celebro ese recorrido hasta este presente. El último jueves, después de mucho tiempo, me sumé a una asamblea laboral, como quien aprendió a perder el miedo de esa dinámica noventista que me significó cortarme solo para entender de qué van los derechos laborales en un país donde había que arreglárselas con la propia mochila para dar un portazo.
A media mañana de  hoy, me crucé con el vecino de enfrente y al "Hola Pedro clásico" le sumé un "feliz día". No sé por qué, pero entre tanto feriado, día patrio, del padre y la familia, navideño, pascual (pa los religiosos), etc, el del laburante, me da más ganas de comulgarlo con mi entorno. Será por lo costoso.
Será por aquel brindis.
Yo que sé, feliz día para nosotros.

PD: y también para los que no tienen o que aún excluidos, sueñan con una oportunidad, y no se conforman con ser tocados con lo que fue la varita menemista de nuestras vida. (Esa del azar, la de ser famoso, la de "dios me miró" y no sé cuantas boludeces para alcanzar algún sueño, sin esfuerzo, prostituyéndose o d
e puro culo)