domingo, abril 05, 2015

Verdad-Mentira, un limpiaparabrisas

Todo lo que se dice acá, es mentira.
 Bue, a veces.
O como dijo el poeta contracorriente, "nunca digo la verdad, pero nunca miento". Porque ¿qué otro sentido puede tener un blog, más que intentar emular certezas?
Y las certezas nunca pueden ser mentiras. Ni verdades. Las certezas, humildemente, dependen del punto de vista de quien las plantea y de su credibilidad.
Entonces ¿cuán creíble puede resultar un blog con la fidelidad de 16 seguidores?
Poco importa, yo creo lo que sostengo, sea verdad o mentira. Creo, con reservas, aunque se me considere planero o boludo, como algún ex compañero del Enca, porque "no hay otra manera de entender a quienes defienden este modelo", justificó ese chabón desde Palmas de Mallorca, creo, vía facebook.
- "Y no sabés de qué cosas son capaces", amplió de acá un ex amigo, avalando la teoría ingrata.
Comentario que apago una larga amistad desestimando una de mis últimas verdades absolutas.
Admito que por deformación religiosa, siempre pregoné acerca de la verdad, aunque no sea mi fuerte.
Si hasta defiendo un presente con uñas y dientes cuando quién sabe si merece ser vivido. Es más, a veces creo que vivo del reflejo de un pasado mejor.
Quienes lean todo esto, verán que no hay nada demasiado pulido, inteligente, ni nuevo en cada post. A lo sumo, verbos, sustantivos y sujetos, cambian de lugar. Tampoco pidan demasiado a quien se acostumbró a eso de casa al trabajo, como output, input, de un limpiaparabrisas.
Se me van cayendo las ideas y las palabras y, en la medida que lo cotidiano marque mi pulso, mis verdades serán tan inexactas como mis opiniones. Probablemente al final del viviste lo tuyo, quedará el yo, un par de verbos que a veces ayudan a construir el estilo indirecto en las crónicas vulgares (laborales) y barrios o locaciones ideales e inexistentes. Paraísos, les dicen.
Como sea, con o sin agua, con o sin verdades, con o sin certezas, a medias o al infinito y más allá, sigo saltando al vacío, si hay agua o no, es circunstancial. Igual que las amistades glorificadas que siempre están ahí, para enseñarme mi nada. No esperen mucho de los planeros boludos.
Afortundamente, los limpiaparabrisas, separan lo que molesta en el camino y me ayudan a ver.