jueves, abril 16, 2015

No se olviden de Kundera

...Pero todo aquel esfuerzo lo único que hacía era demostrar que el aspecto de su marido huía irremisiblemente. Cuando comenzaron sus relaciones le había pedido que llevase un diario y anotase allí para ambos el transcurso de su vida común (era diez años mayor que ella y tenía ya por lo tanto una cierta idea de la miseria de la memoria humana)
La amaba demasiado como para aceptar que lo que ella consideraba inolvidable pudiera ser olvidado. Claro que al fin le hizo caso, pero sin entusiasmo. Las anotaciones, por eso mismo, tenían muchas páginas en blanco y se limitaban a lo más esencial.
(de El libro de la risa y el olvido)