miércoles, abril 15, 2015

El Peor Chirolita

Los más viejos seguramente recordarán esa dupla impensada para una tele actual o capaz de despertar algo de interés entre adolescentes curiosos 2.0
Absortos y buscando la trampa, en aquel tiempo mirábamos la genialidad de un solemne Chapman (ni Tracy, ni el asesino de Lennon, claro está) articulando un muñequito de sonrisa rígida, cachetes rojos y cabello rubio, al mejor estilo del legítimo Illia Kuriaky (aquel amigo de Napoleón Solo, no confundir con IKV)
El tema es que el tipo era ventrílocuo y nosotros nos desesperábamos por tratar de dilucidar ese movimiento sutil que hiciera evidente lo sucedido y desarticulara, por fin, al farsante hecho de yeso o madera.
"Oíme", decía Chirolita adoctrinándonos en esa cosa canchera de su lunfardo atrevido.
Nos reíamos bastante hasta que el mentor de esa criatura protagonista de circo, pero con cierto éxito desde la pantalla, pelaba un monólogo final para las lágrimas, volviéndonos a la realidad y dándonos a entender que la vida de un muñeco era pura ilusión.

Salvando las distancias, pero no por eso menos sentido, por momentos me descubro Chirolita y no por mi capacidad para generar risotadas.
Es que siento que aquel superyo al que durante tanto tiempo enfrenté (llámese Dios, culpa, padrastro o "deber ser") se adueña de mis pensamientos y mis palabras, para terminar diciendo las peores cosas.
Duele y mucho porque sé cuánto uno peleaba por darle sentido al concepto de libertad.
Y aquí estoy, condicionando a mis pibes, en nombre de un sentido común que tiene más de prepotencia interior que de sentimientos nobles.
Acaso en pos de protegerlos de las adicciones tecnológicas, de la manipulación cotidiana, del dolor, uno va cercenando, sin proponérselo sus impresiones.
Es feo ser Chirolita, nunca más oportuno tal nombre para pensarse o sentirse nabo.
Aquel muñeco tenía el propósito del entretenimiento, de la diversión, éste, que nadie eligió, habla con suficiencia y da cátedra universal con argumentaciones insensatas.
Ojalá pudiera yo también meterlo en una valija, para dejar hacer o dejar andar mejor a los que quiero.