lunes, abril 13, 2015

Adiós a las voces

De entrada iba a escribir adiós a dos voces, hubiese sido un gran error confundir la grandeza de dos de los máximos exponentes de la literatura, con un programa local menor.
Salvedades al margen, entre el sobrevuelo del broncoespasmo que suele invitarse en esta casa sin permiso y el escaso sueño, leo sobre la muerte de Gunter Grass y unos minutos después la confirmación del mismo final de nuestro querido Eduardo Galeano.
Ya ayer antes de la medianoche había oído sobre un nuevo gol del maldito jugador del Arsenal, Aaron Ramsey, (ese que la emboca y al día siguiente parte un exponente famoso) así que era sólo cuestión de esperar.
Y así fue, por un lado, no pude evitar rememorar esa película tortuosa y cautivante que significó el primer acercamiento a don Grass, sí, El tambor de Hojalata. Ahí estaba una voz sacrílega del niño que no quería crecer para contarnos cómo fue la Alemania Nazi, según el prisma de Gunter, premio Nobel de Literatura que con un recorrido denso en su propio país, alentó a generar más preguntas, todas incómodas, para repensar nuestro mundo después de la Segunda y su falsa armonía.
Aquí una manera de descubrirlo y homenajearlo:
Pues sí: soy huésped de un sanatorio. Mi enfermero me observa, casi no me quita la vista de encima; porque en la puerta hay una mirilla; y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que no puede penetrar en mí, de ojos azules. Por eso mi enfermero no puede ser mi enemigo. Le he cobrado afecto; cuando entra en mi cuarto, le cuento al mirón de detrás de la puerta anécdotas de mi vida, para que a pesar de la mirilla me vaya conociendo. El buen hombre parece apreciar mis relatos, pues apenas acabo de soltarle algún embuste, él para darse a su vez a conocer, me muestra su última creación cordel anudado. Que sea o no un artista, eso es aparte. Pero pienso que una exposición de sus obras encontraría buena acogida en la prensa, y hasta le atraería algún comprador. Anuda los cordeles que recoge y desenreda después de las horas de visita en los cuartos de sus pacientes; hace con ellos unas figuras horripilantes y cartilaginosas, las sumerge luego en yeso, deja que se solidifiquen y las atraviesa con agujas de tejer que clava a unas penas de madera. Con frecuencia le tienta la idea de colorear sus obras. Pero yo trato de disuadirlo: le muestro mi cama metálica esmaltada en blanco y lo invito a imaginársela pintarrajeada en varios colores. Horrorizado, se lleva sus manos de enfermero a la cabeza, trata de imprimir a su rostro algo rígido la expresión de todos los pavores reunidos, y abandona sus proyectos colorísticos. Mi cama metálica esmaltada en blanco sirve así de término de comparación. Y para mí es todavía más: mi cama es la meta finalmente alcanzada, es mi consuelo, y hasta podría ser mi credo si la dirección del establecimiento consintiera en hacerle algunos cambios: quisiera que le subieran un poco más la barandilla, para evitar definitivamente que nadie se me acerque demasiado. Una vez por semana, el día de visita viene a interrumpir el silencio que tejo entre los barrotes de metal blanco. Vienen entonces los que se empeñan en salvarme, los que encuentran divertido quererme, los que en mí quisieran apreciarse, restarse y conocerse a sí mismos. Tan ciegos, nerviosos y mal educados que son.
El otro exponente y adorado que nos dejó es Eduardo Galeano. Las Venas Abiertas, son casi un manual de la esperanza latinoamericana, que bien podría ser de lectura obligatoria, para cualquier gobierno o sistema educativo que se precie integrador. Lo vamos a extrañar y  mucho, por futbolero, por pintar nuestro Continente y hacer de aquello más doloroso una ilusión de lo bueno.
Otro regalo:
Ya los barcos negreros no cruzan el océano. Ahora los traficantes de esclavos operan desde el Ministerio de Trabajo. Salarios africanos, precios europeos. ¿Que son los golpes de estado en América Latina, sino sucesivos episodios de una guerra de rapiña? De inmediato, las flamantes dictaduras invitan a las empresas extranjeras a explotar la mano de obra local, barata y abundante, el crédito ilimitado, las exoneraciones de impuestos y los recursos naturales al alcance de la mano.”
1977,2010…¿Que diferencia hay? Cambiemos “golpes de estado” por “elecciones supuestamente libres y abiertas” y “dictaduras” por “gobiernos democráticamente elegidos” y voilà! he aquí el milagro de la permanencia, en cuatro décadas no hemos avanzado un paso.
Bienaventurados quienes estamos a tiempo de redescubrirlos.