viernes, abril 03, 2015

Amigo trampolín

Extenso y hasta inútil puede resultar esto de buscar la vara que mejor legitime el sentido de la amistad. Recuerdo, el dolor que me significó la franqueza de un compañero de secundario que fue enunciando a un par de mi entorno como amigos. Entonces lo llamé del mismo modo para que luego me aclare: "pero mirá que yo amigo tuyo no soy, eh", lo que me sumergió en la insoportable angustia de no saber discernir cuál es el límite que determina este misterioso sentimiento.
Sirvió aquella mala experiencia, me volvió algo desconfiado, por lo que me propuse, quizás inconscientemente, a no acotar como otros la amistad a un solo ámbito.
Tras la adolescencia, entendí que los afectos no se sostienen únicamente por coincidir con la infancia, el barrio, la profesión o según qué ideología.
A diferencia de Gabriela, por ejemplo, que tiene en claro tal sentido y confirma con sus actos que la amistad arranca de una situación lejana y primera, sostenida aún entre los vaivenes en el tiempo, yo sí fui dichoso en esto de encontrar buenos amigos a través de los años.
Pero la idea de este post surgió con el ensamble amigo-trampolín, juego de palabras como aquel pez-banana de Salinger o la piba.buena que supo cantar Alfredo Casero.
He aquí la explicación: no fue una, si no que en varias circunstancias donde uno compartió gustos, actividades, grupos con amigos, realzando el disenso y los diferentes mundos como una forma de amplificar miradas. En estas circunstancias, el deporte, las salidas, fiestas, comidas, encuentros laborales y proyectos se adaptaban a los invitados de turno.

Creo, ahora, que ese fin bueno/noble sería el principal motor para que el mote de amigo trampolín, resuma mi rol. Así, quienes vieron algún beneficio extra en otros interlocutores, aprovecharon tal circunstancia, para que después, los momentos compartidos queden relegados a otras reuniones más esporádicas.
Así también entendí que de la amistad, también se disparan intereses, negociados,  beneficios, que se acercan poco o nada a esa mirada común, donde nada tiene que ver la complicidad con sacar tajada.
Sería algo así, como ser pareja de truco, sólo porque uno entiende bien el juego y sabe ganar, una vez que llevaste al compañero a la mesa selecta, éste se encargará de correrte para su propio beneficio. Trampolín, con todas las letras. Nabo o boludo, también caben.