sábado, marzo 14, 2015

Los ´80, estroboscópicamente hablando (Gza. Carlos Bernabei)

Los ´80, estroboscópicamente hablando.

Un grabador de 4 pistas. Mi obsesión a comienzos de los ´80 tenía nombre: TEAC 144, un portastudio  a cassette con mezclador.
Hasta entonces usaba un National mono y para sobregrabar le agregaba un celuloide en el cabezal: al no haber playback, tenía que cronometrar la entrada de cada instrumento. El último se escuchaba mejor ya que  iba disminuyendo el volumen con cada pasada.

Creo que ese verano todo era el doble de Pink Floyd. Bastante embolante. Yo esperaba  Ummagumma 2 y aparecieron con esta fórmula de canciones y ruiditos. Waters se puso épico. Uf.

2 Anagramas de moda:
Wall al revés es Law, Ley
Y además
Wall significa Pared, anagrama de  Padre.
 Ley, Autoridad, Muro, Padre…

Y eso de “We don´t need no education” era demasiado. Era el momento bolú de los ´80 como había sido “Almost cut my hair” (Casi me cortan el pelo) de CSN&Y en los  70 y lo de “Gimme gimme the power” de Molotov en los 90. (A quién se le ocurre cantar dame dame el poder?). En fin.

Lo mejor de los 80 fue la re-introducción del beat en manos del baterista de The Police!

Beat!

El Cometa Police. Pasó a fines de 1980 como si nada -como Evo en el Tren del Alba- y volvió  en 1981 donde la prensa dijo  Ah bueno, ahooooora sí, como con Evo, ya presidente.

Beat!

El redoblante de Copeland fue en los 80 lo que la re-introducción de la pandereta en manos de Bono en los 90.

Beat!


Police fue caaaaaaasi como los Beatles. Además Lennon nunca pudo patearle la cabeza a un cana aquí en Argentina. Y con los milicos. Y después Sting subió a las Madres al escenario. Y oh vergüencita, todo el Rock dijo viste eso viste eso viste eso.


Invierno de 1980: Entré a Entel como operador bilingüe. Antes de eso me había cortado el pelo a tijeretazos. Paraba en el Hotel Esterlina, Mitre  al 1200 (Al lado del actual Manny´s y del taller del luthier Fanta) Una noche me para la cana: De qué instituto te escapaste? No no, trabajo en Entel  de Cangallo y Talcahuano. Con ese corte de pelo? A vos te tengo visto, de dónde te escapaste? No había credencial ni nada: Subir al hotel donde corroboran que sí, el señor esta parando aquí, etc. Así varias noches hasta que el pelito empezó a crecer.

En la habitación tenía un sitar con su estuche que un amigo había comprado en  Nueva York y lo había dejado en custodia. Además de un grabador 2 pistas a cinta abierta más una guitarra criolla, un amplificador Alarsonik de 15 watts y un violín con micrófono de contacto Barkus Berry porque quería aprender a tocar como Sugarcane Harris en el blues de Zappa. Estaba estudiando con Rick Anna -de moda por haber tocado con Ron Wood en una zapada en Londres- con un dudoso método de Robert Fripp. No el guitar craft sino el otro, con los sellitos del diapasón.
Demasiados objetos de valor, digamos.

En planta baja había una habitación con las puertas entreabiertas pero encadenadas con un terrible candado. Adentro se veía un laboratorio fotográfico completo todavía armado, el fotógrafo no pudo levantar su deuda y lo echaron del hotel.
Funcionaba como  advertencia.

Llega una caja roja  de 15 x15 x15 cm a la Aduana. Contiene 13 cassettes que amigos emigrados nos mandan con la música que se escucha allá. Estocolmo, Sitges.
En la Aduana informan que podemos retirarlo porque escucharon todo y no lo encuentran inconveniente: Bitches Brew de Miles Davis, Solstice  de Ralph Towner-Garbarek, Robert Johnson King of the Delta Blues, Paul Butterfield, Pallavi, Don Cherry, Lester Bowie, Dollar Brand, Enrico Rava, etc.
En otro lugar del planeta estaba ocurriendo otra cosa. Para sobrevivir aquí había que inventarse una  justificación. Por ejemplo creer que porque lleg
aban discos importados de Bob Marley- recuerdo la tapa de Babylon by Bus, que ganas de viajar- estábamos pispeando lo que pasaba en el planeta.

El punk –o mejor dicho, la noticia de que existía el punk- fue el cachetazo que nos hizo rodar y darnos cuenta que no cazábamos una. Cómo? Años atrás era “i´pozible Ignacio” encontrar un buen profe de guitarra que te enseñara cuatro tonos y después comprar el libro de Pescado en Ricordi donde te escribían la melodia de Panadero Ensoñado con una arm


adura de clave de 5 bemoles y después de ensayar y ensayar  aparecían estos tipos que ni afinaban!
Pero tenían muchísimo para decir.

Los que no tenian mucho para decir eran algunos jazzeros que tocaban en Jazz & Pop, en  Chacabuco al 400. Solos interminables  pero tal vez no era lo importante sino que lo que pesaba ahi era el  reducto, reducido, una reducción indígena, un ghetto , una embajada con inmunidad diplomática. Te corrían hasta ahí. Metete ahí adentro total  sabemos que no jodés. Como Zelaya en la embajada brasileña.

Habían pasado cuatro años del golpe y todavía se olía la delación en el aire, en el bondi, el viaje en tren, en el laburo, con los vecinos, el encargado del edificio!
Había gente que ya no estaba más y había que acostumbrase a eso. Los que crecimos viendo a estos hermanos mayores  lúcidos  que de a poco fueron desapareciendo o emigrando tuvimos que aprender  eso, a sobrevivir. Cómo? Hurgando en la historia de cada uno como el heladero cuando le pedís un gusto que ya no le queda y ves que  raspa en el fondo de la lata. Y no hay más.
Inventándose.

Entonces la música viene a suplir algo. Pero qué prejuiciosos éramos. Por suerte nos abrimos a la cultura musical brasileña. Pero costó. Nos reíamos de Brasil, del samba, de la batucada, también de los negros camdomberos,. Negros? Sí, pero bluseros. De Nueva Orleans o Chicago. Pilchas? Nada del colorinche brasileño por favor.
Terribles músicos bajaban a Brasil para los festivales de jazz y sólo algunos pasaban por aquí. Y ya creíamos que controlábamos lo que pasaba en el mundo.
 Criticaban la parafernalia de teclados de Joe Zawinul cuando tocó Weather Report!
Prejuicios.
Lo que ocultan los prejuicios.
De que nos defendemos?
Por suerte estamos mas líquidos, mas permeables.
Menos ochentosos.

Carlos Bernabei
Parque Patricios
23/set/09