viernes, marzo 20, 2015

Chatas escolares

Más terrenal y sin ballenas a la vista, el conurbano marca su agenda.
A dos días de iniciadas las clases (a diferencia del resto), la escuela de mi hijo suspende las actividades y  sopla ora típica historia de burocracia kafkiana.
Su Politécnico NO TIENE BAÑOS, o sí, tiene baños químicos esos que usan en los recitales por un rato, en las plazas, según los eventos y que distan de los comunes.
Sobretodo si deben ser compartido día a día por 1700 alumnos, 400 profesores, más aquellos auxiliares que no entran en las estadísticas numéricas rimbombantes pero que están ahí silenciosos para que los pibes sigan teniendo clases.
Atenti, los baños, más los talleres, se construyen (si se me permite la expresión dentro de una obra que debió haberse iniciado a fines de diciembre, para finalmente arrancar en febrero y a dos por hora), tras una licitación de nueve palos y medio.
La fecha fijada por la empresa favorecida (término que no refiere a las bondades de la licitación, si no a la condición ventajera presente) era 9 de marzo para la conclusión de los baños, y 9 de abril, para los talleres.
Este post, lamento decirles, no va a ser optimista y vanagloriarse de la encomiable tarea funcionarios, arquitectos, constructores, directivos escolares y otros, si no todo lo contrario.
Los pibes siguen yendo, por ahora, tendrán talleres que serán exclusivamente teóricos por mucho tiempo y, por enésima vez en la Argentina, continuarán siendo patos de la boda.
Tranquilos, los medios a su tiempo terminarán dándole protagonismo:
¿acaso los adolescentes no tienen su merecido lugar cuando los criminalizamos?
Pero sin apartarme en el asunto, duele que las respuestas dependan de dirección, consejo escolar, inspección provincial, gobierno provincial, constatación de lo realizado para que luego baje como un tobogán el reclamo y vuelva a subir, como pibito disfrutando de sus idas y venidas entre caídas y escalinatas de un arenero.
Arenero que hoy el establecimiento escolar es reducido por dos o tres personas, con suerte para la promesa de concluir lo que va camino, si no me equivoco, a convertirse en una construcción faraónica, sin mensaje egipcio, ni resultados magníficos, al mejor estilo Puerto Madero.
Tengo un par de ideas, igual, para poner en práctica, en caso de que surja ese silencio que reemplaza al concepto profundo y bien argento de "me hago el boludo y que este bolonqui  lo resuelva otro".
Propongo la vuelta de las chatas (escupideras, tazas de noche, llámenlas como quieran) a las aulas.
O, cuanto menos, propongo a la comunidad, manifestarse con este ya caduco utensilio en el ministerio más cercano.
Como sea, veremos que pasa en 28 días, según prometió la ¿empresa? constructora.
Ahí sí, si el conurbano lo permite, volveré a las estrellas reventadas en playas profundas.
Aunque dudo, la agenda del bonaerense, se sabe, siempre es inconmensurable.

Palabra grande, que bien le cabe a una obra de $9.500.000 ¿no?