martes, agosto 05, 2014

Borrar lo que jode

Sí, no digan nada, ya sé, es improcedente, no se debe ni se puede. Desearlo es cuanto menos, un síntoma de debilidad. Pero bueno, yo no voy a apelar a golpes bajos, ni comentarios descalficativos. Eso se los dejo a los iluminados ex compañeros del secundario que siempre están ahí, para enseñarme y ratificarme cuán ignorante fuí, soy y seré.
Voy a aplicar este correctivo como me enseñó Dora, a esta altura una experta en esto de manejar odios y broncas. Todavía me acuerdo, entre sorpresas y risas, el inusual, por no decir rústico, método de la vieja para eliminar a dos o tres parientes (comadres, o algo así, pa decirlo en términos del siglo pasado) volándolas de un plumazo.
El primero, más ¿delicado? requirió de un impulso artesanal. Ahí estaba la mujer ausente sin rostro, entre el álbum de los cincuenta años de casados de mis abuelos, con la cara recortada, acaso con una tijera de costurera (no había marcas de serruchito tramontina, así qu elo más probable es que haya sido punta fina y a cobrar). El solo hecho de señalar la imagen, como era de esperar, desató una sucesión de epítetos irreproducibles que siempre suena sentidos y hasta poéticos, en boca de la gente con experiencia. (Mejores incluso que las puteadas promovidas al piberío cuando se despegan de sus balbuceos a la carga de la primera oración).
La segunda foto, en cambio, casi pasa desapercibida, si no fuera que uno, alertado por esa reacción psicótica de la noble Dora Petracci - acuñadora involuntaria de su brote a un servidor, o mejor dicho responsable de que yo cuente además de mis rayes, con los que me cedió vía genes-,  altertado entonces, la revisión se frenó con otra "afortunada". No hubo corte, si no una cruz inmensa en la cara sumergida en un eficaz crayón negro.
Quitarlo de mis amigos vía facebook, dejar de seguirlos en twitter, hacer un simpre delete en el celular y saltear la pregunta existencial que, excepcionalmente los implantes telefónicos nos interrogan: ¿está seguro de querer eliminar? Y yo que sé!! A seguro lo llevaron preso. Lo que es seguro que lo que jode, a borrarlo. Que, en definitiva, además de diabólico, uno tiene un par de honorables títulos que nos eximen de nuestra turrez, por el solo hecho de ir envejeciendo.