martes, agosto 05, 2014

Brindemos x Estela y todos los nietos del país

LAURA CARLOTTO: EL PRINCIPIO DE LA NOCHE INTERMINABLE
En 1976, Laura Carlotto tenía 21 años y vivía con unas amigas en La Plata, en un departamento justo enfrente de la comisaría novena. Les parecía que, de tan obvio, las ponía a salvo de sospechas: era un primer piso con dos habitaciones donde vivían y se refugiaban muchos militantes de la JUP. Allí empezó un periplo de casa en casa hasta su secuestro, un año después. Adelanto de "Laura, vida y militancia", el libro escrito por María Eugenia Ludueña y publicado por Editorial Planeta Argentina.
Por: Maru Ludueña
La noche se le había hecho interminable. Laura espera hasta la madrugada la llegada de Cascote. Se despierta temprano, se cepilla los dientes rápido, sin mirar mucho el espejo donde él ha escrito con rouge y cierta desesperación cuánto la quiere.
Es una de las tantas maneras en que él le pide que vuelvan a estar juntos. Está arrepentido. Laura ha dicho a las amigas que lo ama profundamente, sin dudas, pero no está tan decidida a decirle que regrese al departamento. Tiene miedo de salir aún más herida.
En los últimos días casi lo ha perdonado. Está convencida de que hizo bien en pedirle que se fuera. Él vive temporariamente en una oficina con baño privado y kitchenette, a pocas cuadras. El lugar es propiedad de la Gordi, amiga y compañera de Historia. La Gordi ha heredado esas oficinas de su madre y las alquila también a otros compañeros, en su mayoría militantes de la JUP.

Aunque Laura y Cascote están en un impasse y se han prometido darse un tiempo, él había quedado en verla en el departamento esa noche. Laura se pregunta si no le habrá pasado algo en las calles de La Plata. Se pone una camisola, los pantalones patas de elefante y las plataformas. Camina preocupada hasta las oficinas de su amiga donde vive Cascote. La puerta principal del complejo no tiene llave. Atraviesa el pasillo con pisadas firmes para darse ánimo, pasa por la puerta de la oficina donde viven los otros compañeros y se detiene frente a la de su marido. Golpea con ganas. Cascote no responde y Laura se empieza a asustar. Vuelve a golpear más fuerte. Él le abre la puerta. Con solo mirar su cara, comprende que pasa algo. Son tiempos raros, impregnados de una honestidad brutal: Cascote invita a Laura a entrar, a sentarse con su nueva novia y a conversar entre los tres lo que le pasa a cada uno. Laura cierra de un portazo y se vuelve al departamento. “Venite a vivir conmigo”, le dice la Gordi a Laura aquel verano.