lunes, agosto 04, 2014

Van Gogh sin mirones

Cata se enciende imitando la canción de una interprete ¿indi? argentina y uno no puede cuanto menos agradecer que esto suceda. Hay temas, voces, letras, sonidos que sobreviven a lo establecido y se ganan la atención del eventual oyente por simple belleza.
Y con esto, la ya gastada imagen del artista que sufrió la ingratitud de sus coterráneos, salta como un memorex a prueba de amnésicos.
Es que el bueno de don Vicente, es cierto, padeció las vicisitudes de estar a espaldas del éxito o mejor dicho de la fortuna merecida que cobijó a tantos artistas, pero mientras todos nos sumergimos en lamentar su historia desgraciada, se me cruzan también los cientos o miles de espectadores y mirones que se quedaron sin la chance de ver sus cuadros en su momento.
Y esto que puede parecer una queja social como la que tuiteó ayer una krispada: -¿Por qué Barenboim y Argerich no van por la tevé pública?- Porque el Pro ya arregló con TN, Señora..., esto, decía me lleva en cambio a pensarnos mejores personas de haber tenido la chance de gozar de sus pinceladas, sus girasoles, sus cuartos azules.
¿Por qué no creer acaso, que las dos grandes guerras hubieran significado apenas malas pesadillas colectivas, frenadas a tiempo porque afortunadamente primó el sentido común universal?
Ojo, si todos alardeamos del efecto de la mariposa de Bradbury, también la influencia del arte en lo cotidiano, debería transformarnos.
Quizás el exacerbado enamoramiento de los japoneses por la obra del pintor holandés constituya un reflejo tardío colectivo. Claro que en ellos, como en ningún otro pueblo, se evidencia el sabor de la derrota.
Y mientras Tini Stoessel deja de ser una opción potable para mi hija que va creciendo, la frase "Alumbraremos sin luz", de una cantante y música argentina (reconocida en Japón y peleando el día a día por las calles del barrio de Boedo), enciende la casa y a una preadolescente cuyo baile y su entonación, felizmente salen de lo común.