sábado, junio 07, 2014

Retazos (o requechos) del oficio

Allá x el 88, cuando un grupo de estudiantes de la UNLZ compartimos convivencia y proyectos, jodíamos con eso de "serás lo que debas ser o si no, serás periodista". Unos años antes, bastante antes, la vocación por la escritura, con esto de "el nene hace buenas redacciones", se mezcló con la voluntad social, influenciada por la formación católica. En ese tiempo, el cuentito de Jesús, sin dudas era mucho más grato que la vida en el hogar.
Ahora, curtido o no por taannto vaivén laboral, lamento que esa alternativa de decir las cosas, cuando las palabras que salían de la boca de uno ofendían, se haya convertido en opción unívoca desde lo laboral. Viendo el camino que surca nuestra profesión, simulada con colegas que la van de estrellas y no tienen escrúpulos para exhibir sus miserias (amorosas o extorsivas), y los otros (nos) que vamos precarizándonos al mismo ritmo que la palabra escrita se circuns(cribe) (cuacuac), a mensajes de textos supérfluos y a opiniones enmohecidas de bajadas de línea, creo que nuestro call center informativo, se está superpoblando y sin ser bien pago.
Entonces, suponer que una buena denuncia, una primicia, el hallazgo de un testimonio de vida que merece ser compartido, reflota ese espíritu vocacional.
Por años, nos reímos de aquello que maliciosamente la Revista Humor decía sobre este oficio-profesión. "El periodismo es un apostolado". Con ese peso, uno de a ratos percibe, siente, se mueve en la vida, como quien desea compartir una verdad inmensa, presta a ser revelada.
Acaso la saturación de simularnos hipercomunicados, nos lleva a pensar que a lo mejor, no hay nada nuevo que decir, o, en tono apostólico, ningún ideal, por expandir.