jueves, septiembre 26, 2013

Salvajes

En este combo de seguir haciendo del contexto y las especulaciones internas una gran plastilina de tonalidades diversas para concluir en ese híbrido macizo amorfo e incoloro, no pude esquivar el fastidio notorio que me despiertan las reacciones de los que se quejan y demandan democracia a rajatabla. Esos que al momento de debatir el presupuesto 2014, se ausentan porque en la condición impoluta "con ellos, o este gobierno, no queremos ni tocarnos, ni compartir nada".
Encima, se suman los "pobres" pibes del Nacional y el Pellegrini cuyas nobles intenciones de instalar una discusión curricular, se truncan en la premisa consabida troska aprendida de "cuanto mejor, peor", y salen, funcionales a bardear a la inmaculada Iglesia, facilitándole las cosas a los Granados, Feinmannes malos y fachos apetitosos.
En medio de tanta actualidad, se me cruzó pensar en esa vieja premisa de hijos de inmigrantes que sueltan intermitentemente hoy, nietos, bisnietos y pichones del mundo occidental ilustrado: "sos un indio, cosas de indios, no seas bruto, etc".
Luego de leer Fuegia, de Belgrano Rawson, me acordé de las condiciones de los salvajes y pensé en el caos de un conjunto de tipos que ven peligrar su identidad, sus costumbres y lo primero, sus vidas. Pensaba en los tipos crédulos recibiendo a los cultores de cruzadas religiosas con los brazos abiertos. Aquellos, llegados ayunando la criminalidad que supieron conseguir, después de haber hecho correr tanta sangre mora, entonces con la mesa servida de la América descubierta. Los cuerpos mestizos, el oro, la plata, la desnudez, el misterio, todo para aquellos hispanos, británicos, franceses, portugueses, holandeses, herederos de Grecia y Roma, aunque domesticados al ritmo de la inquisición, con su dios poco misericordioso bajo el brazo, a la caza de los nuevos, de lo animal. Haciéndose de la riqueza, pero también de los cuerpos, negociando las orejas, las tetas, reconvirtiendo la piel en grasa.
¿Adónde ir? ¿qué entender? ¿qué sostener? ¿Qué decir? ¿en quién creer? Sólo correr, protegerse, en definitiva, resistir y que después, los nuevos, los cultos, no vengan a hablar del mundo celeste, de los beneficios del trabajo, a estos que compararon con perros y degradaron hasta lo más bajo de la naturaleza humana, sólo para recuperar el instinto primario de la esclavitud, que da poder, crédito, convicción.
De a ratos, salvando las distancias, veo el fracaso de nuestros morochos de hoy. De Moyano perdido en su rumbo, e ilusionado por los segundos cátedra que le otorga TN a fin de golpear contundente con quien le sirva; pienso en D Elía, el que supo denunciar en 2001 como conspirador de la democracia a Duhalde, el de la ley de bienes culturales, más conocida como Ley Clarín, (ver el Palacio y la calle de M Bonasso)  pegado en todo acto delictivo, en un doble articulado por nuestros lúcidos detractores del presente grasa y camporista. Twitter, por ejemplo, reivindica las miserias de Jorge Asis, disimulando esa gran alfombra de mugre, en donde el intelectual argentino, lo perdona todo. Veo a Lilita, privilegiando jugar a la canasta o al baraka con sus amigas chetas, hasta la próxima invitación televisiva que amplifique su efectivo stand up de la sospecha.
Veo la salvajada de CNN apurando a Evo Morales, "invitado",  por Naciones Unidas, a Nueva York, respondiendo cual careo, en contra de Maduro, mientras el periodista le asegura "ve que está en EEUU, criticando y no le pasa nada".
Veo el fastidio de los hijos de inmigrantes, los nietos, los pichones, acerca del color latente. Ya no hay orejas ni bolsas de piel artesanales sobre ellos, pero igual siguen molestando, siguen siendo impredecibles, siguen moviéndose sin los cánones que persigue la democracia civilizada.
Veo la falta de educación de quienes dirigen en general, la falta de información, de aquellos que van nutriéndose de la tecnología que llega, esa al alcance de pocos, esa que puede espiar a Dilma y a nuestros hijos, porque sí, porque Apple te da esos recursos.
Veo mi salvajada silenciosa que desde un blog mal editado, con poco ingenio visual y las palabras incorrectas para buscar ser TT o para viralizar continuará con la fidelidad de los incondicionales, para satisfacer mi ego, cruzar algunos sentimientos cómplices, pero se perderá indefectiblemente dentro de un maremagnum (lo siento, me encanta esta palabra) de ofertas dispersas. Más cerca de la cloaca ribereña que de agujeros negros expandidos en el cosmos.
Salvajes que jamás podrán recuperar el espíritu primario de su esencia, pero que, siglos más, siglos menos, decolorarán nuestro sentido, hasta acabar con la miseria del gen lúcido que alguna vez supuso que su  prepotencia de raza bastaba para negar al extranjero, al otro, al nuestro, a nosotros, a mi, a mis hijos. Y aunque les duela, a los de ustedes.