sábado, abril 20, 2013

Cristina, la constitución y las voces que reclaman libertad de expresión

Hay en la Argentina una nueva masa. Massmediática, podríamos decir si consideramos que quienes se manifiestan en contra del gobierno kirchnerista, colocan su eje argumentativo en razones esgrimidas desde los medios: la corrupción, las reformas judiciales, las sospechas detrás de cada referente oficialista, funcionan como un GPS que separa lo bueno de lo malo, lo noble de lo sucio, lo honesto de lo inmoral.
Con estas premisas, la gente marcha, siempre atenta a los zócalos (o videograph) impulsados por el grupo Clarín a través de sus señales satélites o cómplices empresarios periodísticos quienes intentan recuperar la agenda de temas que los últimos gobiernos le corrió entre movidas políticas, prioridades distintas y fundamentos diversos.
Así, la gente salió a decir el último 18 de abril, que no quiere una justicia corrupta, obediente, que no quiere lavadores de dinero, que el dólar debería estar al alcance de todos, etc. etc. Con todo esto, sigo pensando que la principal razón de los miles que salieron a la calle, fue pedir que "se vaya la yegua". Sí, así como suena, sin vaselina, diríamos acá. Las imágenes dan cuenta de ello y las manifestaciones que intentan pedir libertad, un gobierno constitucional, equidad. Todo esto se termina cuando el insulto aparece, espontáneo, cómplice, mordaz, caprichoso, como un morbo compartido. Ahí todos se unen y no hay investidura presidencial, ni respeto institucional, ni prójimo político que valga.
Recuerdo las caricaturas de los ochenta para referirse a Margaret Thatcher, ni ésta, ni María Julia, ni siquiera Sonia Cavallo, han sido tan vapuleadas como la última presidenta argentina. Entiendo que las voces disonantes no pueden perder el tiempo y saben que la calle debe ser ganada. "Sin choripán ni planes", como dicen ellos, "auténticamente espontánea", como se vanaglorian desde las redes sociales quienes reconvirtieron el marketing y el estudio manipulador científico desde sus tablets, bb y exclusivas y exquisitas novedades tecnológicas.

T





odas a años luz de la humilde y vapuleada netbook de la escuela pública.
En el mundo, dicen que aquí la cosa está mal, contemplan al Papa esperando que no repite el modelo de argentinidad y conserve su modestia, antes de que salga con la irrebatible y recurrente canchereada porteña que nos estigmatiza como país.
Salud al 18 A y sus trampas, a sus cantitos genuinos y democráticos, esos que olvidan la violencia de género para rimar palabras como concha, puta y otros vocablos favoritos en contra de lo que, a pesar de ellos, será ícono de un modelo de país.
Después, tras esquivar las veredas rotas, los carritos de basura, los hombres, mujeres y pibitos entre sombras que no los representan, ni les importan. Vuelven a sus casas gozosos de verse reflejados ahí, como fotos panorámicas (nunca demasiado cerca, porque los epítetos se notan), pero mostrándonos a todos, que se puede de verdad. "Si queremos, acabamos con ella", o "Ella o vos", o "Andate con Néstor", manifestaciones nobles de gente que se muere por una Constitución acorde donde dólares y deseos se correspondan. En definitiva, el 2001, a esta altura para muchos, parece no haber sido el cambio de mirada de un país, si no la pérdida x el corralito y una crisis económica. Nada más, nada menos.