martes, diciembre 04, 2012

Creedence, la abuela y tanguitos

Sábado a la mañana, sin fútbol infantil, ni corte de pasto. El programa es visitar a Dora, aún convaleciente, post operación. No hay quejas, sí calor y por qué no, algo de incertidumbre a propósito de la reacción de los más chicos. El CD de la banda preferida de Artemio, se coló en el auto entre la recientemente banda descubierta por Saverio (Nirvana), la promocionada y promovida obsesión de Cata (Violetta) y mis taras musicales. Gabriela, en tal sentido, viene resignada con las cuestiones del DJ. Y entonces, como una road movie no buscada, los viejitos que se preguntan por quién parará la lluvia y Susie Q, nos enmudecen.
Ezpeleta y Bernal son paisajes secundarios entre el rock que conozco de memoria por esas putas razones donde la sabiduría coló mi mente, sin padre melómano ni hermano mayor.
El abrazo de Dora, la sonrisa de Anita, su vecina de habitación, el hastío de mi hija por el panorama, se disimulan con las silenciosas caricias del Kun familiar, al cabello blanco de su bisabuela. El parque del policlínico, parece al de las quintas de fin de semana de ensueño. La charla breve y los tanguitos que salen de la pieza vecina, enmarcan este momento único. Pienso que el tango representa a los viejitos presentes y que el rock será mi consuelo en una próxima estadía en un geriátrico. A Save se lo digo y, éste, fiel a su fascinación del momento, sostiene que el rock no morirá nunca. Y sin embargo, siento que con los viejos, el tango nuestro, de infancias vecinales, se extinguirá igual que el siglo XX.
Entre esa tarde y la siguiente, deberé deshacerme de fotos de amigos de Dora que se escaparon de su lengua (aunque dudo de su retina). Limpiar el lugar para que el departamentito cobije a su futuro sobrino-biznieto, resulta tan duro, como sus preguntas respecto de esta maldita, por prolongada, existencia.
Una guita que se cuela en la limpieza, la heladera reliquia y su prometedora aparición en mercadolibre, ratifica que aún en las graves, la abuela sigue haciendo magia y dándonos todo, sin alaraca. Las frustraciones futboleras se colarán con la típica tarde suicida del domingo.
Por fin, el lunes Del Prado, me regalará una reinterpretación de un tema suyo que adoro y en el que cada estrofa parece disimular uno o dos acertijos. Pavada de tanguito.


Basta de palo en la rueda
basta de pelo en la lengua
basta de paja en ojo
y de toscano en la oreja.
Ponete pilas anguila
para empujar el cascajo
no quedan pisos abajo
lo único que hay está arriba
me lo cantó un pajarito
en su casita de rejas,
por bailar con la mas linda
lo acosó la mas fulera
y a puro brazo partido
antes del fin de las cuentas
mi árbol torcido endereza
el viento cuando le pega
y aunque me cueste el celeste
en negro siempre trabajo
y si me voy al carajo
mi vocación me plantea
soltar los pies en el aire
en las nubes de mi tierra
mi palomita guerrera
a la luna cabecea,
Y aunque la pase redonda
y cuadrada me la devuelvan
yo siempre llego hasta el fondo
desbaratando defensas,
yo en el bazar elefante
conejo por tu pradera
el soldado que más sirve
porque no huyó de la guerra
nadie es perfecto decía
un imperfecto cualquiera
que por ser santo insistía
tirando la primer piedra
al diablo con la experiencia
la realidad noticiera
solo al soltarse a destajo
la presión se desbloquea
Que viva la lapicera
y los papeles en blanco
con las palabras mas feas
voy decir que te amo
y canto porque molesta
y apesta estar silenciado
canto al cohete explotando
las virtudes del petardo.
Basta de palo en la rueda
basta de pelo en la lengua
basta de paja en ojo
y de toscano en la oreja
que viva la lapicera
y los papeles en blanco
con las palabras mas feas
voy a gritar que te amo
el canto que homenajea
a los silencios prestados
canto al cohete explotando
las virtudes del petardo.



(Las virtudes del petardo, Alejandro Del Prado 2010)