sábado, septiembre 08, 2012

Ni por asomo...

...pienso rendirme de esta contradictoria manera de encarar el día a día. Como este pibe colgado en la ventana del bar en su solitaria pirueta. Sí, me siento cada vez más posmoderno, no es por cuestiones profundas o filosóficas, si no por encontrar la resistente manera de pelear el día a día, ignorando lo que fue y las proyecciones, aún cuando las necesidades por conservar algunas certezas, me confundan reavivando el espíritu nostálgico (por esto de mirar atrás) o forzar ciertos sueños esperanzadores (buscando mañanas).
   El caso es que entre ayer y hoy se me cruzaron un par de frases fortalecedoras. "Siempre está bueno ver gente volando" (a propósito de esos trapecistas increíbles que eligen las sogas y los saltos para envilecernos en nuestro terruño y que disfruté desde el Soleil); la segunda opción narovskyana es "si hay panza, hay mañana". Lo digo en una mañana de sábado cualquiera en Berazategui, con par de embarazadas, más bien feuchas, recorriendo la peatonal, inquietas como quien combate con esmero a las trampas de una nueva y obligada rutina.
Como si esto fuera poco, me cruzo con una nena del estilo Europa del este, trasladando a su ¿papá? lisiado en esos carritos desproporcionados y delirantes pa la vista, muy útiles para trasladarse por cualquier lugar. La piba mira para atrás permanentemente y el tipo resuelto, da indicaciones. Sin embargo, cuando esta historia pinta para darle más letra a la especulación (ver malas fotos tomadas a las apuradas), una adolescente extiende la sonrisa hasta la inmensidad para besar el encuentro con su novio. Expresión ideal para estudiar las razones de la felicidad y la motivación de la alegría, que hubiese surtido efecto de no ser por otra adolescente que con su contemplación de lince, relojeando al muchacho de arriba a abajo, ratificó que felicidad y alegría, son quimeras, o circunstancias de quien las vive o las quiere ver. Andá a saber, igual la pareja se fue contenta y la intrusa siguió caminando.
Yo llegué a mi casa, confirmé que mi gata sigue en celo incontrolable y  leí lo de la muerte de la hija de Pampita en un videograph. Discutimos con Gabriela acerca del rol de los padres ricos con tristeza, su obtinada maera de sumar millas en la espalda, sin pensar en lo que sus chicos necesitan (escuela y vacunas). Releí las lamentaciones de los famosos por la pequeña Blanca. "No paro de llorar", dijo su eminencia Tinelli en un zumun de graffitis huecos convalecientes de las celebridades. Después pensé en este, mi blog y su sentido, su condición de espacio arcaico, similar a las libretitas de escrituras, que poco sabe hacer ante  tanto vértigo hashtaguiano, procaz y aspiracional de máximas inmanentes e inmaculadas y narcisas. Y entendí, que había que seguir escribiéndolo.

Por ahora.