martes, septiembre 20, 2011

Documentos aquí

Atrás queda Parsons refrescándome uno de sus clásicos. La niebla obliga a aminorar el ritmo, justo cuando los 140, dejan de ser un límite. La bajada de la autopista, marca la hora del demorado regreso que se resiste a consolidarse. Entonces, amablemente, los tipos sugieren que pare, que frene, que basta todo. El "buenas noches" de manual refiere a la coima obligada de otros tiempos. El más pibito no sabe qué hacer con mis papeles, el otro "humanizado", me dice que "está todo mal, que con aumentos y todo, la guita no alcanza, que se vayan todos, que cambie su jefe, que lo asciendan, etc." Y pienso en esa queja cómplice que invita a despacharse. Supongo que querrá que la critique a ella,"por yegua, por zurda, por mujer, por que sí". Esperará como otros aliados de la noche eterna, un típico "hay que matarlos a todos, estos negros de mierda, con ellos esto no pasaba". Pero no, pongo cara de boludo franciscana, le pregunto por los suyos, accedo con eso de la guita que falta y le cuento de qué laburo, cuando me consulta. Se va con otro móvil, en el primero está el tercero que nunca se baja del vehículo, mantenido por el estado, para justificar los viáticos sacrificados. Desde adentro el tipo juega a las figuritas con mis documentos. Observa desafiante. Yo pienso en sus chapas, en mi celular, en la impunidad eterna, en el respeto aprendido para esto, para zafar del delito de la existencia. El pibe vuelve luego de un rato y se disculpa por la demora. A él le toca otro trabajo sucio, como la civilidad. La suerte de una buena carta, quedó trunca por un juego hecho para vencedores vencidos. Y yo celebro que a pesar de ellos, nada cambie, que todo siga igual, ajenos al deseo policíaco de querer cambiarlo todo para instalar un orden que los vuelva inmunes. Lo siento muchachos, acaso ustedes también con su omnipotencia, otra sombra, ya pronto serán.