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jueves, febrero 13, 2014

¿Cámara o espejo social?

Ni por asomo pretendo con este post, hacer una crítica literaria. No me salen, no las entiendo, no me gustan. Además para qué negarlo, transito poco menos de la mitad del libro aunque al escritor lo tengo junado. Camara Gesell, de Guillermo Saccomano, es lo mejor que hoy me pasa. Y bue, mucho no pasa, o sí, pasan las chicanas con el tema de los precios, los relamidos sociales que se preguntan hasta cuanto subirá el dólar para que se acabe la negrada y otras cosas por el estilo. Pero vuelvo a Gesell, esa ciudad que albergó, dicen, por casi veinte años al escriba y que se volvió libro, no sin antes dejarle un mensaje a su autor. "Mirá que meterte con el barrio es meterte en un quilombo", podría traducirse. De hecho, según relató, el pendrive que rescató apenas terminó la obra y fuera choreado, le salvó los cinco años de laburo.
El caso es que este trabajo coral, nunca mejor dicho, funciona con una intensidad que lo vuelve universal, no en un sentido majestuoso e inmaculado, si no porque las miserias de esa ciudad balnearia es equiparable a este presente y a los sujetos que nos cruzamos todo el tiempo...bah, esos que somos, que conformamos. Dueños de todo, con flema nazi, caretas, exclusivos y excluyentes, faloperos que se destruyen, idealistas que se corrompen, se matan, los asesinan o simplemente mueren. Bolitas señalados, sacudidos, ultrajados, presentes siempre. Y eso me hace pensar qué sucede con los hermanos bolivianos en relación a la argentinidad, nos molesta su mesura, su constancia silenciosa y, seguramente, su autenticidad. Pero eso da para otro debate. Si les importa, porque la verdad es que cada día que surge este tema me sorprendo con la miserabilidad del entorno. Hasta veo algo impostado en los ultraselogios hacia Evo Morales, ojo y en esto pienso desde una colega valiosa que hizo internacionales en un gran diario, hasta en Cristina.
El caso es que el peso de un paraíso playero, con bosques que podía devenir en ícono de libertad, se reconfigura con el final de la temporada y la llegada del frío. Esa frase la escuché o reproduje desde hace mucho tiempo "si sobrevivís al invierno, te quedás". Pero soy injusto, ni una línea sobre el relato. Hay un tipo, Alejo, que en sociedad con un par de amigos, gobierna las voluntades del lugar. Boga, los tiene a todos en sus manos, por causas e intereses. Una hermana descarriada y desaparecida, la herencia de la alcurnia, otro, intendente peronista, infidelidades celebradas, hijos drogones, un croata que impone dos torres en medio del bosque, con mano de obra barata e inmigrante, un periodista que se adapta a las circunstancias y se preserva con el incuestionable "pruebas, o pongan la jeta", una miss local que se levanta al campeón de motos, se embarazan, él se vuelve místico pensando en el futuro hijo, al punto de evitar tocarla. Ella, en cambio, se revuelca en sus deseos y en quien se cruce.
Hay muerte, todo el tiempo, notificada fríamente o recorrida en detalle con la pluma urgente de Saccomano. De a ratos el libro parece escrito contrarreloj, como por encargo, como quien quiere vomitarlo y largarse. Eso me gusta mucho. Por otro lado, a diferencia de mis escritores favoritos, la cercanía con Guillermo, por ideología, por temporalidad, por miradas similares, pero no por escritura (él es quien escribe, yo sólo leo) me tienta a hacer alguna observación cuestionable. Bah, no voy a hacerle caso a esta especulación, ya me cansé de escuchar criticar a los míos, de ver cómo las generaciones anteriores, la propia y hasta la que viene, se sacuden en boludeces. En realidad, el tipo me gustaba mucho desde Bajo Bandera, leí un par de libros más y viví con tanta expectativa el encuentro que recreó entre Arlt y Evita, pero tamaños de sujetos quedaron cortos en su novela. Después se colaron otros relatos, otros silencios, más distancias y se corrió de mi biblioteca.
Por suerte y por 'Cámara', lo reencontré. Entre tantas observaciones virtuales, apremios cotidianos, urgencias por disparar adjetivaciones o copiar pensamientos que circulan y nos llevan a conclusiones siempre obvias, la literatura quedó reducida a una persistente voluntad solitaria. Acaso este comentario sea un nuevo intento de diálogo literario. No, en el sentido académico, si no en esto de pelearnos en serio, por los personajes, por los libros, por los caminos, por lo que suponemos que las novelas nos cuentan y por lo que se nos canta interpretar. Como sea, sigo pateando latas en una playa de perfumes caros y tucas.

martes, diciembre 04, 2012

Europa sin tí (sin mí y sin nosotros)


Desde hace varios días pienso en Europa como la triste metáfora de nuestra falsa evolución. Porque detrás de todas las recetas que España e Italia, cumplen o intentan cumplir cuales alumnos ejemplares, sólo percibo una obstinación por mostrarse prolijos. "Ven, somos menos latinos", parecen decirles sus mandatarios a la buena de Merkel. Acaso, lo que no entiendan una parte de nuestros ancestros es que, con tal modalidad, seguirán condenados. No es el Euro y su sostén lo que pretenden financistas y correctivos mandatarios, es la seguridad, o cuanto menos, la convicción de que el viejo continente seguirá así, férreo, estanco. No ya en su simulada corporación socialista, si no en mandatos secretos y celosos similares a la postguerra. Porque la represión a las bondades del estado y sus beneficios no apuntan únicamente a deformar y limitar el desarrollo de sus jóvenes. "Se trata de que no nos llenen las casas de inmigrantes que vienen con ilusiones democráticas a incorporarse, a aprehender". En esto, hay semejanzas con Argentina. Aquí, cuando se habla de seguridad se piensa en tintes molestos. Los falsos latinos que fuimos y que aprendimos de la república española y de la generosidad tana (paisana, turca, etc.), ahora comprobamos cómo el ascenso social mérito a su fuerza de voluntad, pero sobretodo a la entereza de los inmigrantes sudamericanos, incide en nuestra pseudo sabia mirada europea heredada. Tenemos cosas en común, entonces, con la madre patria: la intolerancia, el miedo a los distintos y al ridículo. Pensar que las dotes repartidas por llevar un apellido, una manera cool de simular apertura cerebral se desgasta y decanta con los nuevos miembros del hogar.
Así, se hizo grande EEUU, pienso en esto de asimilar a cuentagotas y a regañadientes a los afroamericanos. Así, podemos hacernos grandes nosotros, con la garra de nuestros vecinos, todavía agradecidos por esta tierra bendita y trabajando para hacerla mejor (los caminos, las construcciones, la salud, la educación, se desarrolla con la voluntad de hermanos bolitas, paraguas, peruanos, etc). De hecho, los chinos (como decimos para incluir a coreanos, ponjas y todo referente oriental, con la voz despectiva que nos distinguen), ya son parte del barrio mérito a precios más cerca del Indec que del empresariado-shopping "nacional".
Acaso por esto, tengamos una pequeña y sutil ventaja con la tierra de los abuelos. Ellos, ya tienen bastante negando a quienes los bancaron desde la América (léase, granos de Evita, envíos familiares desde aquí, más las bondades Telefónica-Repsol del menemismo). Veremos si así como simulan apertura en el juego más lindo de la tierra incorporando cracks sin preguntar nacionalidades (el mercado y los goles eximen cualquier reflejo racista, si los equipos ganan), empiezan a vivir su primavera europea. Esa que ensalzan de los países árabes y que para los primeros ministros, son sólo reclamos aislados de gente caprichosa.