miércoles, mayo 27, 2026

La vuelta del malón



99 a 1 apuesto a que ningún transeúnte del Bellas Artes es capaz de pasar de largo frente a la imponencia de  "La vuelta del malón" (1892).

Pintada por Ángel Della Valle sobre tela de grandes dimensiones (186,5 × 292 cm) la obra subyuga al instante y no por sus nubarones precisamente.

Reconocida como una obra emblemática y de las más celebradas del arte argentino del siglo XIX, lapintura muestra el regreso de la indiada - probablemente mapuches o ranqueles- desde una pampa desolada bajo un cielo tormentoso que apenas deja pasar la luz del amanecer.

Por supuesto que los ojos se posan en el acto sobre el atractivo botín del saqueo: cruces, cálices, incensarios y objetos sagrados de una iglesia; cabezas cortadas como trofeos y, en el extremo izquierdo, una mujer blanca (la “cautiva”) desmayada, apoyada sobre el hombro de su captor musculoso.


Contexto en el que se realizó

Desemenuzar lo que parece evidente es tarea de este blog más allá del impacto y la ensoñación del propio cuadro.

Los informes de entonces dan cuenta que Della Valle la pintó con el propósito explícito de enviarla a la Exposición Colombina de Chicago (1893), que celebraba los 400 años de la llegada de Colón a América. Fue la primera gran obra argentina que trató el tema indígena en formato de “cuadro de salón”.

Un año antes 'La vuelta...' había sido exhibida en la vidriera de la ferretería y pinturería Nocetti y Repetto de calle Florida. Por entonces no existían las salas de exposiciones pública. El resultado fue un revuelo enorme: los diarios contaban que las señoras que pasaban por la calle se asustaban al verla.

Lo cierto es que ganó una medalla en Chicago y, al regreso, se exhibió en el Salón del Ateneo de 1894. La crítica la bautizó inmediatamente como “la primera obra de arte genuinamente nacional”.

Contexto histórico-político: La obra se crea apenas unos años después de la Conquista del Desierto (1878-1885), campaña militar promovida por Julio Roca contra pueblos originarios para abrir la tierra a la ganadería y la inmigración europea.

En ese momento, los malones ya eran vistos como un pasado reciente pero “erradicado” en el que Della Valle sintetiza la narrativa oficial de la Generación del 80: los indígenas aparecen como fuerzas de la barbarie (saqueo de la iglesia, cabezas trofeo, connotación “demoníaca” por el cielo oscuro), mientras la cautiva de piel blanca y aspecto “civilizado” representa la civilización amenazada.

El cuadro glorifica implícitamente la figura de Roca y vincula la campaña de exterminio con la “culminación” de la conquista de América iniciada por Colón. Es una inversión simbólica: lo que antes era despojo indígena se presenta ahora como justificación del despojo estatal.

Contexto artístico: Della Valle se formó en Florencia con Antonio Ciseri y conocía a los macchiaioli italianos. Su pincelada y manejo de luz combinan academicismo con naturalismo. Profesor en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, ya había pintado temas referidos al campo, aunque con En la pampa (1887) como su gran éxito.

"La vuelta del malón" es un ícono indiscutible del siglo XIX argentino, pero también se estudia críticamente por reflejar la ideología dominante de la época (civilización vs. barbarie). Hoy se valora tanto por su poder visual y composición dramática como por lo que revela sobre cómo se construyó la identidad nacional.

El original de 1892 nunca se vendió en el mercado de arte ni pasó por coleccionistas privados. Tras la muerte de Ángel Della Valle en 1903, la familia donó la tela a la Sociedad Estímulo de Bellas Artes con la condición expresa de que se vendiera al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) para crear un premio anual de pintura con el nombre del artista.

Eduardo Schiaffino (director del MNBA) gestionó la operación y el museo la adquirió en 1909 por $5.000 mediante un concurso público reglamentado. Esa es la única "venta" documentada de la versión grande.

Existe una versión reducida ("el malón chico") que Della Valle regaló a su amigo Pedro Lagleyze (el oftalmólogo que llevó la obra a Chicago) y que a veces se confunde con un boceto. También pintó fragmentos aislados (el guerrero con la cautiva y el indio con la cruz). No hay registros de que el original haya cambiado de manos después de 1909; sigue en el MNBA (inv. 6297).

Debates sobre la estigmatización del indio

En consonancia con la mirada de fines de siglo, no hubo debate sobre racismo cuando el cuadro fue exhibido en la calle Florida. Por el contrario, la prensa la celebró como “la primera obra de arte genuinamente nacional” y el público lo interpretaba como la genuina justificación de la Conquista del Desierto de Roca.

En verdad, el debate crítico se dio con fuerza entre 2010-2020, cuando se empezó a leer la obra como manifiesto ideológico de la Argentina Blanca y como imagen fundante del estigma anti-indígena.

Los puntos centrales del debate actual son: Representa a los indígenas como demoníacos (saqueo de iglesia, cabezas cortadas, connotación impía), salvajes y amenaza natural a la civilización blanca. La cautiva blanca semidesvanecida refuerza la idea de “civilización amenazada” y justifica el exterminio. Invierte simbólicamente los términos: el malón indígena aparece como barbarie, ocultando el “malón blanco” (la violencia estatal de Roca).

En resumen, no existió ningún vínculo personal o directo de Ángel Della Valle con los pueblos indígenas. Era un porteño urbano (hijo de inmigrantes italianos), que pasó gran parte de su juventud (1872-1883 aprox.) estudiando en Florencia con Antonio Ciseri. Regresó a Buenos Aires sin haber viajado a la pampa ni haber tenido contacto con mapuches, ranqueles u otros grupos originarios.

Sus representaciones indígenas (En la pampa 1887, La banda lisa 1887 y sobre todo La vuelta del malón 1892) fueron creadas enteramente en taller, desde el imaginario colectivo de la ciudad.

Según la entrevista que le hizo Julio Botet en agosto de 1892 (citada en el texto oficial del MNBA), el tema del cuadro se inspiró en “un malón a una población no mencionada, comandado por el cacique Cayutril y el capitanejo Caimán”.

Con Julio A. Roca el vínculo fue indirecto y de carácter profesional. Su gran amigo (y médico personal) Pedro Lagleyze (oftalmólogo) era paciente de Roca.

Gracias a la intervención de Lagleyze, Della Valle pintó el retrato oficial del presidente y también El general Roca pasando revista (1894). Lagleyze fue quien llevó La vuelta del malón a la Exposición de Chicago en 1893 y recibió como regalo la versión reducida (“el malón chico”).


La pintura misma no fue encargada por Roca, pero la historiografía (texto oficial del MNBA, Laura Malosetti Costa y otros) la lee como una glorificación simbólica de su figura y de la Conquista del Desierto (1879). 
Se exhibió en 1892, justo cuando Roca buscaba volver a la presidencia, y sintetiza los argumentos que justificaban la campaña: los indígenas como amenaza demoníaca a la civilización, la cautiva blanca como símbolo de la nación amenazada y el amanecer como triunfo de la “luz” blanca. 
En palabras del MNBA: “el cuadro aparece no solo como una glorificación de la figura de Roca sino que […] plantea implícitamente la campaña de exterminio como culminación de la conquista de América”.

El retrato oficial de Julio Argentino Roca

Della Valle lo pintó gracias a la mediación de su amigo Pedro Lagleyze (paciente y amigo de Roca). Es un retrato formal, típico de los presidentes de la época, con Roca en uniforme o traje de gala, destacando su figura como líder militar y político.


"El general Roca pasando revista" (c. 1894)

Esta es una obra más dinámica y histórica: muestra a Roca a caballo pasando revista a tropas de caballería, rindiendo tributo a su rol en la Conquista del Desierto. Della Valle investigó detalles militares en vivo (pidió estudiar una formación real). El original está en colección privada (según catálogos de la Fundación para la Investigación del Arte Argentino y NYU Archive), por lo que las imágenes disponibles son reproducciones de libros o publicaciones (como en el libro de Guiomar de Urgell sobre Della Valle).

Ambas obras reflejan el alineamiento de Della Valle con la élite de la Generación del 80 y el culto a Roca como "civilizador".

El retrato es más íntimo/formal, mientras que "pasando revista" es épico y militar.






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