domingo, junio 25, 2017

Creérsela

Déjenme creer, por un rato, que podemos volvernos infinitos. Y con ese beneficio, la posibilidad de la felicidad, dure un poco más de lo común, digamos un rato prudencial.
O que la utopía no es un rodillazo en el estómago, si no un balde lleno de frutillas.
Que la convicción del dolor se puede borrar como los malos recuerdos de la infancia. Esos en los dos o tres primeros años de la existencia que se evaporan sin razon.
Dejame suponer que hay revanchas que terminan bien.