viernes, abril 07, 2017

Política de Estado: del otro al orto

No es fácil postear en estos tiempos acerca de la política nacional. Y no únicamente por el solo hecho de quedar escrachado. Convegamos que quienes vemos a este gobierno desde la vereda de enfrente, entendemos que nuestros argumentos resultan pesados, inútiles, suelen ser desoídos o ninguneados.
Especialmente cuando el mapa mediático está sobrecargado de colegas obedientes.
A los cinco noticieros de los canales de aire, se multiplican horas de esparcimiento donde el goteo krispado deviene en un chorro irrefrenable -potenciado desde las redes sociales y los referentes "consagrados" (Del Moro, Fantino, Mariana, Mirtha, panelistas, etc)- hasta por fin transformarse en el riacho mediático que nos educa. En esta visión queda más que claro que a la cuestión ideológica, se contraponen argumentos más básicos o, mal que les pese, más pueriles.
Es que para quienes aún creemos en la lucha de clases, la justicia social o algo similar, no nos convence la antinomia de buenos o malos, ni las fórmulas optimistas oficiales del estilo Cohelo u Osho para tapar a Marx o a Jauretche.
Y, a propósito, el tuit obvio pero no por esto menos oportuno que leí hace unos días desencadenó un nuevo interrogante en relación al inmaculado y siempre cuestionable terruño que nos toca compartir.

"La patria es el orto" 
Con la impunidad de quien ofende, desentendiéndose del resto, la frase sonó certera, desfachatada e inmoral, complementaria y hasta devastadora de la que un par de años atrás había soltado Cristina.
Sí, aquella "la patria es el otro".
Pero no es esta una verdad de perogrullo. Es más, hay algo de honestidad brutal en esa reflexión tramposa que literalmente se caga en la idea del prójimo.
 "Cuidarse el culo", sugiere una voz en off, en el tema 'Autómatas del vicio', del uruguayo Santullo y uno reflota tal recomendación, sugerida en más de una circunstancia por un jefe de personal, un delegado, acaso un padre o un amigo, intentando preservarnos, del laburo o de algún bardo inminente.
Orto y otro, anagramas bien argentos. ¿no somos acaso el culo del mundo? ¿no son los otros quienes invadieron esta dulce tierra, parafraseando a don Rivera, para elogiar el lugar que nos tocó en suerte?
Antes de seguir, voy a ser crítico de la cita de Cris y no con esta idea de contrapesar la balanza, como se hace periodismo en el presente. A mi no me urge ninguna pauta publicitaria, ni ser políticamente correcto, como quienes intentan seducir al falso electorado republicano. (lo que no quita que me haya dado por las bolas Julio López y sus valijas, Once, Cromañon y otros sapos que digerí en su momento)
Hay algo noble en la idea del Otro, como el verdadero valor que significa mirar a quien se encuentra en aqieñ lado del camino. Para quienes tuvimos una formación católica, no impuesta sino elegida, el otro claramente no tiene que ver con la oligarquía, ni con los empresarios, si no con aquel excluido.
Ir al encuentro de quien está en otro lugar, en condiciones desfavorables permite entender la noción de patria como un gesto solidario, generoso.
Sin embargo, tal ajenidad confiere una distancia. Acaso la ex presidenta aludía a la noción de llegar a aquellos que se encuentran en otras circunstancias. Y suena bien.
De hecho, hay que trabajar y bastante para que exista la posibilidad de acercarse rumbo al que guarda cierta distancia. El otro es allá y si la patria lo incluye, no queda otra que movilizarse e ir hasta su ámbito para ayudar. O para intentar comprender.
Algo más o menos parecido a la utopía. Y acaso esa sea la trampa de la amigable frase. Ubicar al otro a igual distancia que la utopía, podría servir para llegar a la conclusión de que el otro, siempre estará lejos y equidistante respecto de nuestro espacio. Nuestro.

Nuestro que en relación al nuevo precepto "la patria es el ORTO", alude directamente a lo propio, lo unívoco. Bah, uno. La patria es uno. Y ahí está todo el mundo patriótico, bregando por SU seguridad, por SU bolsillo, por SU negocio. O por lo que sólo importa: lo de uno.

Admito que entre tanto otro, mío, nuestro, suyo y de ellos, se genera semejante bolonqui, complicado si suponés que todo este despelota se desarrolla dentro del mismo espacio simbólico, llamado Argentina.
O Patria, para los más optimistas.
Y la sola idea de pronombres alude al nuevo precepto instalado e instaurado en el gobierno Pro.
"SE robaron todo". Y ese TODO no da margen de dudas. Todo vs. Nada es una linda antinomia. Si SE llevaron todo, no nos queda nada. Y me tienta, aunque muchos krispados eviten el tema (no sé si alguno intentó seguir leyendo este post), pensar el 2001 cuando nadábamos en los albores de nuestra NADA.

Un aforismo complementario que escuché en estos días y que emula a otro falso intento por instalarse en este presente, describe una nueva antinomia K-Pro. Aquel "roban pero hacen", más cercano a un liberalismo o capitalismo "equilibrado", acorde a nuestro formato caudillesco, hoy tiene un curioso contrapeso, a saber.
"Se robaron todo, pero fueron buenos gestionando" vs. "No roban nada, pero son un desastre"
...no sé que es mejor", cierra un mentiroso interrogante.

Este blog no pretende tener una mirada economicista (si hubo una mera referencia fue en el reciente post sobre Billons, Singer y Argentina), pero sí decir que hay una construcción simbólica que deja en manos del auditorio la chance de hacer falsas conclusiones.
Entimema, decían en la Universidad, es un silogismo incompleto que hace presuponer que quien cierra tal idea, está más cerca de la verdad. En esta falsa alternancia roban/no roban, la trampa reside en un encumbrado concepto moral.
Y es ahí cuando el otro, se resignifica. Ellos roban, yo me cuido el culo, podría derivar en combo del impensado anagrama. O mejor dicho "si ellos roban, yo me cuido el culo". Lo que justificaría la nueva noción de patria/orto
¿En que lugar queda el concepto de prójimo, la convicción de pertenencia de clase social frente a tal devastadora antinomia?

Aludir a la grieta como la distancia entre Otro y Orto resolvería tal interrogante. Sin embargo, está más que claro en el presente que el margen se ensanchó hasta llegar a márgenes irreconciliables.
Acaso un nuevo anagrama, que no debe necesariamente caer en connotaciones sexuales, ni destructivas (para quien haga una lectura explícita o meramente lineal), sirva para



proyectar la instancia superadora del capitalismo hasta llegar a una noción de espiritu colectivo.

Sin dudas, "La patria es lo ROTO", obliga a pensar en recomponer, en enmendar, en recuperar.
Y en tales circunstancias dolorosas, como en una guerra, en una enfermedad, una crisis profunda, la salida tendrá sí o sí, un sentido conjunto.
Si el propósito es sanar, claro.