sábado, abril 22, 2017

13 reasons why nos interroga 1 y otra vez

Poco más de tres semanas atrás, desoyendo la oferta de Netflix, eludí 13 reasons why, para seguir con la fidelidad de mis caballitos de batalla: mi demorada y favorita Ray Donovan,  Billions y Better Call Saul. Claro que la mención que hizo mi hija de esta serie dirigida en apariencia para adolescentes me llevó a no perderla de vista. Su debilidad por las redes sociales la hace experta en el rubro. Así se adelantó antes que nadie con Once (Once Apon a time, llamándola como se lee); se encandiló con otra 11, en relación a la Eleven de Stranger Things (sin dudas la serie más exitosa de 2016), descubrió en secreto Pretty Little Liars y hoy engrosa la lista de los fanáticos de Walking Dead. 
Precisamente como ésta última no me convence, descarté la historia de Hanna, aunque la curiosidad pudo más. 
Y quién podría esquivarla: una piba que se suicida y deja varios casettes involucrando a compañeros como posibles responsables de su determinación.
Sin embargo, el efecto primario pasó por minimizarlo a lugares comunes: “es sobre bullying”, “habla del suicidio”, “típico conflicto yanqui”, “demasiado retorcida”. Ninguno de estos peros frenó el fenómeno, el boca en boca ganó audiencia silenciosa y se expandió entre los pibes, pero también entre los padres. Como tal, intentar descifrar los códigos de la adolescencia (por no decir los que “padezco en casa”), significó despachar la serie en menos de una semana.

El post de la poesía de su protagonista, también ratificó el interés social del nuevo fenómeno en ficción:     ...Algunas chicas se saben todas las letras de las canciones que cantan juntas. Encuentran la consonancia en sus risas. Sus codos entrelazados resuenan en armonía. ¿Y si no puedo tararear de forma afinada? ¿Y si mis melodías son las que nadie escucha? Algunas personas pueden reconocer un árbol. Y un patio delantero y saber que llegaron a casa. ¿Cuántas veces puedo caminar en círculos hasta que deje de buscar? ¿Cuánto falta para que me pierda para siempre? Debe ser posible nadar en el océano del que amas. Sin ahogarte. Debe ser posible nadar sin convertirte en agua. Pero sigo tragando lo que pensaba que era aire. Sigo encontrando piedras amarradas a mis pies.
Por supuesto que los medios se hicieron eco del tema, el debate instalado en nombre de la libertad de expresión sobre “si los chicos están aptos para verlo”, oscila entre un pedido de censura y una manera de acusar a los padres presurosos, de pacatos o desubicados.
Millones de retuits avalan el éxito. 
Desde aquí, humildemente podemos decir que el abordaje de la serie no sólo interroga la relación de los chicos entre sus pares, sino el rol de la escuela, la falta de comunicación padres e hijos, la hipocresía entre los diferentes estratos sociales y hasta el discutible sentido contenedor de los profesionales que abordan distintas problemáticas de la edad.
Lo que no hay dudas en cuanto al guión es cómo queda reflejado el pesado recorrido que les toca atravesar en soledad a sus protagonistas (Clay, Hannah, Justin, Alex, Jessica, Courtney) y qué pocas razones o respuestas encuentran dentro de los diferentes núcleos que atraviesan.
Acaso la visión magnánima que se le otorga a los medios para permitírsele todo y minimizar los daños que puedan generar, puede hacer repensar que la sola condición de volverse espectador no implica, tener el control de cualquier situación, compleja, sencilla o como se presente.
“Existe un protocolo sobre la difusión de aquellos que se hayan suicidado o atravesado una crisis de intento de suicidio”, me comentó recientemente una amiga, experta en educación. También la señal estrella, advirtió a su público en un par de capítulos, del mismo modo que el bingo te dice que jugar es nocivo y tantas otras normas, hechas en apariencia para ser sorteadas ex profeso.
En mi caso, puedo celebrar que mi hija haya desistido de verla hasta el final (cómo saberlo), igual que un par de compañeras, pero queda planteado el interrogante sobre lo endeble que es todo a la hora de reflejar situaciones límites. Tampoco me olvido de los históricos efectos dominó que generó el asunto, por ejemplo en Gobernador Galvez, en su momento o lo controvertido del caso Junior en Carmen de Patagones.

Acaso el bueno de Clay recuperando su relación con ex amiga suicida, intente una moraleja optimista. 



El relato (como todo buen relato) abre más preguntas que respuestas.