martes, marzo 14, 2017

Tener espalda

¿Existen dolores inspiradores?
Y no hablo sólo de los del alma. Tampoco me referiré a los de muela, oídos o estomacales, inmanejables para el pensamiento, si no a otros más persistentes, intensos. No, no son las articulaciones, esas donde la humedad suele jactarse de cosquillearnos para recordarle a las viejas lesiones que el tiempo no barre nada, si no todo lo contrario.
¿Cómo es la frase realmente, 'tener espalda o tener espaldas'?
Me resisto a asumir que la función del plural no sea más que una exageración de esa parte que va de los hombros a la cintura, que sólo refiera a tamaño o cantidad.
Aún sin consultar a la RAE, calculo que 'tener espalda' alude a tolerar y soportar, algo así como un bagaje amplio para demostrar nuestra capacidad de aguante; para sostener aquello que nos pesa y con lo que debemos transitar.
Cargamos con lo que nos toca llevar en suerte, aún sin poder modificarlo. Imposible mirar lo que hay detrás nuestro, salvo ayudados por algún espejo o por alguien que se ofrezca a orientarnos (a riesgo de que su mirada nos haga sentir el sobrepeso)

Mi espalda, cuyo dolor vigente bien puede ser promovido por pinchazos haitianos, aquella cuna del vudú  (¿mentira, no existen semejantes enemigos!, creo), mi espalda, sigo, siempre se adaptó a mochilas incómodas. Mochilas que, en más de una sesión terapéutica, quisieron emular a una cruz religiosa. ¿Pero qué llevás acá adentro?, supo ser más de un reclamo, tras constatar el adoquín embolsado. Una agenda, una o varias promesas de lectura, (¿te acordás en el bondi, con La Voluntad de Caparrós?) un grabador, revistas, diarios, CDs, impuestos, cuadernos, pulloveres, etc,

Sin embargo, digamos que no todo peso debe necesariamente ser hostil.
Sobre nuestras espaldas, también nos simulamos fuertes para cargar a caballo a la persona amada, jugamos a cococha con quienes nos hacen sentir superhéroes, eludiendo los cochecitos y creyéndonos que tal fortaleza continuará con nosotros para siempre. Aprovechar al mango el contacto con tus pibes que en su inocencia se sienten altos o a punto de volar, hasta que nos de el cuero, claro.
Todo este delirio por un dolor que está a punto de cumplir una semana y que, según la guardia, no registra lesiones importantes.

Hago paréntesis que en realidad abre ideas para entender, de alguna forma qué le pasa a la espalda..
*espalda: Del lat. tardío spathŭla 'omóplato', 'espátula', dim. de spatha 'pala'. Parte posterior del cuerpo humano, desde los hombros hasta la cintura.  Dep. Estilo de natación similar al crol, pero en el que el nadador va con la espalda hacia abajo. espaldón ( barrera para resistir el empuje de las tierras o las aguas). Cuerpo armado que protege la retaguardia de una expedición.
espalda mojada Persona que pasa o pretende pasar de forma ilegal la frontera desde México hasta los Estados Unidos. caer, o caerse, de espaldas  asombrarse o sorprenderse mucho.cargado de espaldas Dicho de una persona: Que presenta una convexidad exagerada en la columna vertebral. cubrir las espaldas a alguien Resguardarlo, protegerlo. presentarle la espalda, generalmente en señal de desprecio. Desairarlo, ignorarlo, desatenderlo , echarse algo a la espaldas Despreocuparse de ello. espalda contra espalda Sirviéndose de apoyo mutuamente. guardar las espaldas a alguien cubrir las espaldas. hacer alguien espaldas Sufrir, aguantar. tener alguien buenas espaldas
Tener resistencia y aguante para soportar cualquier trabajo o molestia.tener seguras las espaldas tener protección superior a la fuerza de los enemigos. tener las espaldas anchas Aguantar paciente y estoicamente todo tipo de desgracias o de afrentas. espaldarazo ayuda que recibe una persona o cosa en su trayectoria hacia un fin social o profesional 'Recibió un espaldarazo de su padre cuando inició su propio negocio'. Reconocimiento de los méritos que una persona tiene en su actividad. 'La beca fue un espaldarazo a su carrera de investigador'.

Es tentador suponer que aquello de tener espaldas, quede enlazado con la experiencia. No siempre es así, también refiere a la gente con poder, algunos agraciados de la vida, a los curtidos de tantos golpes, a los que se bancan la parada.
Raro si uno piensa en ejemplos familiares o ajenos, podría descubrir que no hay un solo aspecto moral para englobar tal frase. No todas las personas honorables tienen espalda y sí también hay mucho garca que se jacta de tal ponderosa"virtud".

A mi la espalda me remite al pasado. Por razones obvias, presentes y físicas podría ser el inmediato;  aunque pongamos un manto de sospecha para pensar que en nuestra columna vertebral sobrellevamos no sólo la historia familiar, si no el adn que determinará quizás movimientos impensados, incluso paradójicamente a futuro.
¿Estarán ocultos en el coxis los 21 gramos del alma?

Afortunadamente, en mi caso, la consabida molestia se ubica un  poco más arriba (tanto lío, dirán, por haber desagotado la pelopincho a baldazos...si es ese el verdadero origen del dolor), algo así como en posición cóncava, oblicua o diagonal al corazón.
El problema pasa por no poder ver qué sucede realmente con las escamas desgastadas de uno que nos antecede, ¿adónde van a parar? ¿Se reconstituirá la piel? ¿Cuál será el ejercicio más conveniente para liberar y resucitar mi espátula cansina? El recetario indica reposo, menos carga en la mochila, poco ejercicio y, de ser posible, masajes descontracturantes: píes de geishas altamente recomendables (upps, perdón niunamenos lo hice otra vez)

En todo caso, con el correr de los días iré al rescate de la 's' perdida en el título de este post.
Simularé la mejor parte de la historia de Manolo, mi padrino marinero para recuperar mi fortaleza, rescataré los consejos del hermano sindicalista (que sí sabe de aguantar chubascos)  y a echarse a andar.
En definitiva, a mis espaldas no les quedará otra que hacer lo que se me cante.
Aún y a pesar de esos incontrolables  y ¿misteriosos? pinchazos que aparecen de vez en cuando.