jueves, marzo 23, 2017

Arranque de otoño y un texto que no fue

Siempre se puede escribir desde distintos lugares
Con bronca
Con pasión
Con pudor (o con cuidado)
Pero también, uno entiende, se puede corregir. Y en este arte de pasarle el peine fino al texto, quizás se resignen imágenes más intensas, verbos cuya fortaleza provoquen la reacción del lector más disperso, sentimientos nobles o secretos a destinatarios precisos.
Bueno, aquí hay un texto revisado varias horas después de esos saludables desbordes que algunos aspirantes a escribas nos gusta celebrar, acaso por intempestivos.
Por no medir ni horarios ni lugares para vomitarlos.
Entre el texto ambicioso y este jueves, asumo corrió algo de agua, alguno que otro punto suspensivo y mucho kilometraje (físico y mental)
Para que tengan una idea, Leer Ese manco Paz (sí ya sé, te aburro, el de Andrés Rivera) se despachó por segunda vez a medianoche. Un par de frases para graficar el encanto del tipo y no ser egoísta, aquí las comparto:.
"Leo las líneas que acabo de escribir, dice el viejo en boca del manco, tienen la frialdad de los datos estadísticos. Tantos muertos, tantos heridos, tantos prisioneros. Tanto armamento capturado. Tantas municiones. Basura. Basura que arrastra el viento de la madrugada. Basura este país de los cielos más hermosos que hombre alguno haya imaginado"

Otro párrafo, más turrito del escritor cabrón dedicado a la hinchada bloggera
Yo sí tengo cara, pero soy manco. Yo sí tengo ojos, pero soy manco, yo sí tengo boca, pero soy manco. Cambio verga por mano sana.
Una joyita, a ver si un Rozitchner, Tomás Abraham o el Secretario de Cultura es capaz de superarla.

Tampoco el amor está al margen en esta disputa entre este republicano y el estanciero de Rosas.

¿Tu carne y tus huesos, Margarita Weild, ardieron en una pira? ¿Les pregunto a tus cenizas, Margarita Weild, dónde está la patria? ¿La patria está en tus cenizas, Margarita Weild? ¿Y dónde están tus cenizas, Margarita Weild? ¿Sabías que en mis noches de insomnio, porteñas mis noches, miro y miro tus bellezas? ¿Dónde están tus cenizas Margarita Weild para acostarme con ellas? ¿Le dije eso, Margarita Weild, esté usted donde esté?
Brillante, no?
Después del libro, asumo, pasó el insomnio, dormí como un tronco y dejé en stand by mi texto vomitivo. Hablé a la mañana por teléfono con mi amigo de andanzas. De batallas perdidas entre desazón y lágrimas. Salí. Palermo-Once-Caballito-Palermo. Flor de caminata.
Paisanos jefes con hijos aprendices ofrecen a través de empleados bolitas y peruanos, sábanas en oferta. (sí de las que destiñen en menos de 24 horas)
No hay manteros porque la CABA se volvió una Sarajevo en reparación permanente y la construcción es el mejor obstáculo para cambiar empleo precarizado por otro.
Si la Buenos Aires norteporteña invita a idolatrarla, con ciclistas de publicidad, bosques y sendas para esculturales chicas aeróbicas, la de Rivadavia ratifica tantas diferencias y hace que nada tenga que envidiarle al actual conurbano.
Sobran locales en alquiler, gente dando vueltas como uno (ya saben mi horario de laburo), ex adolescentes devenidos en custodios de la seguridad (asumo que a fines de 2017, en el gobierno del Pro, 1 de cada 3 argentinos estará uniformado) y pibes enlazados a sus madres o a sus abuelas a falta de colegio.
Por Acoyte, sin embargo, la charla de dos viejitos estimulan los pasos deambulantes. (póngale onda con la foto trucha, bah y con todas en general)
"Ni en pedo me compro un pajarito", sentencia ella y uno piensa en el pobre tipo, haciéndose de la idea de que la música de su soñado jilguero podrá ser disfrutada recién en su segunda vida.

En el camino, me preocupa la posibilidad de ser atrapado por el laberíntico Parque Chas. Ignorante, pienso en Avenida Córdoba como referencia y me encuentro con Leopoldo Marechal.
Su aparición remite a Adán BuenosAyres, descubrir un aliado literario e ideológico, renueva la confianza. Además de sus novelas, su memoria me genera cierta tristeza, tal vez por su decisión de pasar al ostracismo con los siguientes gobiernos. Igual a cuando se silencia una voz sabia.

Hay murales y graffitis que realzan la vista, como árboles inquietos y sonrisas callejeras.
Una esquina con cincuenta docentes-piqueteros (quitémosle la connotación negativa a la palabra) cambia la alegría chamamecera de cada semáforo rojo, para decir que esperan una respuesta del Bullrich educativo, ausente con aviso en esta contienda interminable de cagarse en la escuela pública.
Por distintas razones, durante este último mes, Scalabrini Ortiz se me volvió familiar. Una mina se acerca al policía de un banco y ya a su lado, llora y cuenta que la afanaron. Me huele más a catarsis que a ganas de recuperar lo perdido.
Fumar Malboro, me entero de costado, sale cincuenta y pico de mangos. Con lo justo, la compradora llega con los billetes y se los lleva. Más una barrita de cereal. Hay un boliche de comida árabe en El Salvador y programo el bocho para prometerme visitarlo la próxima vez. Paso por el Varela Varelita que tiene más de jóvenes soñándose 2.0 que de bohemios e intelectuales.

El regreso a la eventual vivienda dura poco. El trabajo en el Sur (o sea, más cerca de casa) apura. Una flaca canta Quizás, quizás, perhaps, perhaps en el subte y otro, ya en la línea C se debate entre el Mnoppfler de Sultanes del Ritmo y el Carpo de la ruta 66. También hay tiempo para encontrar un histórico de la infancia en el bondi. Mucha bici y caminatas sarandinenses con el kia que de entrada le esquiva la vista a la memoria (o viceversa)
Sigue en el barrio, cuenta, una costosa separación sobre sus espaldas, abuelazgo prematuro, nuevo matrimonio y un impensado doctorado en Medicina. "De enfermedades preguntame lo que quieras", desafía. Su hermano mayor quedó en el camino y su nueva mujer sobrelleva sus días con cálculos casi asesinos. Tal involuntaria experiencia demuestra que seguir pedaleándole a las cosas es casi un acto de heroísmo.
Ya en el barrio y antes de las 17, Omar, el peluquero, soporta estoico el bardeo de uno de sus clientes históricos. "Por qué no ponés una maquina de café de verdad, en lugar de este jarrito de mierda?", tira el tipo de traje, buscando complicidad. También ciclista el tijeretero, comparte orgulloso su última travesía, Palmira-Colonia en Uruguay, genera envidia, aún con la locura de haber hecho a tientas 100 kilómetros en nueve horas.
Los chistes sobre el modo de emparejar cabelleras continúan: "Te pone ese líquido para tapar las cagadas que se mandó", insiste quien cumple con el ritual del corte desde sus 18 años y suma pelea a modo de sutil venganza para sanear el costo del laburo "Si hasta una vez me cortó la oreja ¿A vos también?, me pregunta, Viste, es un hijo de puta y encima no puede poner una máquina de café de verdad". Las bromas siguen con el ritual de talco, a pesar del calor en el cuello y esa complicidad que te da la lealtad de años, a prueba de un mundo donde lo global tiene tanto de cotillón, como hablar d
el clima o de este gobierno.
Un sandwich (sánguche para mejor decir) ya en el yugo. Un me gusta del facebook que parece querer decir otra cosa. La jornada más larga se va extinguiendo.
Y yo tenía ganas de compartir en este post, lo que había escrito de madrugada y sabiamente opté por pasarlo a deguello, antes de enchastrar este blog.
Será más tarde.
Si tengo ganas de corregirlo.