viernes, febrero 10, 2017

A recoger las partes

El tigre tiene que cazar, 
el ave tiene que volar, 
el hombre tiene que preguntar por qué, por qué, por qué.
El tigre tiene que dormir,
el ave tiene que aterrizar, 
el hombre tiene que convencerse de que entiende.

(Libros de Bokonon, según Kurt)
¿Querés creer que después de esto el tipo habla del cáncer?

Ya pasó la despedida formal del cabezón y la correa del motor o no sé qué mierda, se hizo trizas.
Ya se cumplen 26 horas de haber imaginado el velatorio (increíble, murió 15 minutos después) y yo prefiero hablar de otras cosas, recoger las partes.
Saqué y metí el tendedero en el galpón mientras la vieja (lluvia y sol) pintaba más indecisa que nunca a un cada vez más discutible imaginario casamiento.
Pasé por la carnicería, el cuerpo duele como una paliza.
Volví dispuesto a abandonarme a la garúa, cual Gulliver en un pasto picante.
Juntar los desechos de una semana particular. Tiro Silvio, Baglietto con Silvina haciendo De plenilunio (esta palabra está tan buena como la canción)
Canto, junto más partes.

Y en esto de encontrar sentido, en la previa de sentarse aquí, surge "insignificancia", término bien hedeggeriano si los hay. ¿Que no significa? El que deja de estar ¿es insignificante o significa todavía más? Permanecer y significarse ¿se corresponden?
A no irse por la tangente que la cuestión pasa por rejuntar lo que duele y seguir.
Y de golpe ahí estamos tres en el  medio de las lágrimas recordando como Néstor tuvo que ir a dirección a buscar su zapato, a riesgo de volverse a casa con uno menos.
Y la barba en su cajón lo puso por milésimas de segundo a la moda hipster, supuse mal y colocándolo a la vanguardia de la desfachatez. ¿Alguien puede negar que era un precursor en esta materia?
Y materia no es significancia. El tipo no está y ahora se resignifica más que nunca.

Y la lluvia tropical pinta a resaca de cualquier bautismo. Y febrero te cambia pero no me gusta.
Y te apuesto que entre las partes que rejunte, las lágrimas no ocupan espacio ni lugar. Incluso esa que se el escapó a Mónica entre saludos. Con ella y Marcelo, desde distintos lugares, compartimos nuestra noche de insomnio.
Y a contramano de lo que uno debería contar, hoy saqué fotos que nada que ver, un ají rojo, la vía que diariamente atravieso, con epígrafes cuasiboludosenigmáticos que nada significan.


Dejen aquí, sus correspondientes partes y abandonen este texto inconexo. Quizás sea la muerte o algún dios el que se cobre esta travesía ignorante.

"¿Algún caballero para llevar al difunto?", estampa el mayordomo de la cochería.
Ningún caballero soy, más bien un caballo, pero con sentido, con significancia. No me da el cuero para cargar su cuerpo. Cobardía, me sale de aquí, yo qué se. Por un instante se me cruza suponer que en una guerra, lo cargaría seguro. Después entiendo que sí, que estamos en guerra.
Uno de los nuestros, es además de una síntesis y una frase hecha que Robert Altman usa en The Player (Las reglas del juego), uno de los nuestros, decía, es la firme convicción de que entramos en la pendiente de las derrotas.
Jaja, encima para compensar, Pablito tira "tenemos que vernos, ahora que podemos", "veámonos antes de caer", "veámonos antes de que el que quede le toque arrastrar al que no pudo", pienso ahora.
No es un post muy pum para arriba. Pero qué esperan ¿a quién le sale bien eso de andar recogiendo las partes?