domingo, febrero 14, 2016

Soledad

La idea se cruza sin filtro, como un escupitajo, como la peor noticia que llega para dañarte. Parece que lo mío son las necrológicas. Pero no, ahí está la Sole, aunque se fue, según me informa nuestro amigo en común Lino Fernández. Ahí, Soledad Fernández se da el gusto de sentarse con nuestra piba referente creada por Quino. ¿la habrá dibujado alguna vez, con sus primeros trazos? Lo ignoro, sí sé que la excelente diseñadora, diagramadora (pónganle el título formal que se les ocurra) y mejor compañera de laburo en Perfil, nos dejó por culpa de esa puta palabra que siempre surge desde cualquier ámbito para ratificarnos nuestra finitud.
Al saber que ya había sido despedida, le sugerí a Lino juntarnos para recordarla como merece.
De golpe, durante mis recientes vacaciones, con cada mascota que veía en la playa o en alguna cabaña, pensaba en ella, obstinada por seleccionar el mejor lugar de descanso para viajar seguro con su madre y su perra.

De Sole recuerdo su voz ronca (inconscientemente me surgió pensar en caspeada, aunque ese término no es el correcto, ni sé si existe) que acentuaba su carácter firme y cierta ironía que podría equiparla tranquilamente con Daria, Mafalda pilla del primer mundo.
Inmutable a las prohibiciones y los tiempos de la editorial, Soledad se tomaba sus minutos para fumar, generalmente con Haydée Lin; uno hubiese querido ser mosca para escuchar sus ocurrentes críticas mordaces. Porteña por convicción, se la oía feliz con su rutina y barrio como quien puede prescindir de todo y sin sufrir por eso.
A veces nos escapábamos al mediodía a almorzar y hacer catarsis sobre injusticias internas,
Fernández sabía ponerle límites a la prepotencia jerárquica, siempre con clase, aunque finalmente terminaba haciendo el trabajo de todos, si el cierre apuraba. Siempre tenía una tercera mirada sobre la realidad, que sorteaban las antinomias nac&pop, era tipa de izquierda con glamour, lo que podría fastidiar tanto a las productoras de moda, como a los eventuales militantes del progresismo.
Los dos compartíamos la simpatía por Independiente, lo que daba un plus casi tanguero. Con Sole podías hablar de cualquier cosa, sin aburrirte y el paso del tiempo guardaba el único límite necesario: volver al yugo y terminar las páginas que quedaban pendientes.
Su risa era sincera, tanto como el flequillo prolijo que peinaba hacia un costado. Sus acotaciones, ni por asomo se arrimaban al espíritu de Susanita, por eso buscando una imagen y robándosela a su perfil de facebook como corresponde (para algo tienen que servir estas putas redes que celebran todavía su cumpleaños, a pesar de su partida), comprendo por qué Mafalda fue su mejor compañía.
Soledad lidió y cuidó como nadie a su madre, comprendió a su padre cuando lo visitó en ¿La Rioja? y fue una pila de nervios cuando una tía la ayudó a comprarse un auto "como inversión".
La recuerdo todavía quejándose por las trampas de tamaño confort y reinventándose para que el intruso familiar, no le alterase tanto la rutina. Después creo que un viaje a la costa con su grupo familiar le dio sentido al intruso de cuatro ruedas.
Las especulaciones por los posibles y persistentes rajes en la empresa, las trampas y los costos del ascenso en una pirámide arbitraria, los debates sobre cine y arte, su mirada filosa y afilada para hacer el diagnóstico de subalternos y talentos advenedizos, se colaban entre milanesas a caballo o filete con guarnición.
Cuando tuvimos la chance de compartir el trabajo en el mismo medio, me reenviaron a una revista, mientras ella se liberaba de Luz, con cargo en el diario Perfil.
La vida se encarga de alejarlo todo y así, cuatro años después de saludarnos, no volvimos a vernos.
Fisgón, pispeé que en 2015, justo con su cumple, prometía comunicarse más seguido por su cuenta de face, pero supongo que la puta enfermedad, acalló cualquier intento. Desde mi ignorancia, sólo ruego que su partida le haya ganado al dolor para permitirle rajarse antes y preservarla.
Hoy espero que donde esté Soledad no permita que su ángel se apropie de su mordaz estilo, ese ocurrente y de voz caspeada. Aunque ambos como tantos, hayamos mirado de reojo siempre a los mentores del cielo.
Te queremos Soledad y gracias.