viernes, febrero 26, 2016

Reel Injun, o cómo Hollywood redefine el indigenismo


Abandoné las noticias (de frente, solamente) para buscar una ficción que altere lo obvio, en el mejor sentido. A Netflix le pido Jarmusch, sabiendo que el tipo no estará. Pero resurge del archivo. No, no hay película, si no su aparición testimonial dentro de un film sobre los Indios en Hollywood. "Reel Injun" se llama el documental hecho en 2009, con Neil Diamond de protagonista. No, no es el de September Morning, si no un cineasta nacido y criado en Waskaganish, Quebec, que decidió desmantelar la mirada aborigen de la industria desde sus inicios.
El trabajo que parte cual road movie, no se agota en el Cañón, ni en el vestuario excéntrico de pieles rojas desclazados, si no todo lo contrario. Uno descubre como Tomás Alva Edison, los eligió para sus primeros intentos cinematográficos, mostrándolos en un solo plano, ahí amuchados danzando.
Nada pretencioso, Neil exhibe las contradicciones del estereotipo de sus pueblos y las distintas reconstrucciones a lo largo del siglo y pico de existencia del cine. Así, se descubren los prejuicios de la Academia al contratar falsos referentes en reiterados films, al punto de transformarlos en emblema. Un siciliano, un japones, sirven de sustitutos. O por qué no, embadurnando de pomadas, a varias estrellas, a fin de esquivar a los autóctonos.
También, el director, sin necesidad de enunciarlo o señalarlo directamente, logra que uno, como espectador, pueda repensar sobre la fiosofía del multi e hiper consagado y ponderado John Ford.
De su mano, miles de balas resurgieron, gatilladas en su mayoría a través del lamentable e icónico héroe.
Sí John Wayne.
Hay un doloroso sinceramiento en cada uno de los testimonios de los indígenas entrevistados y es el deseo de identificarse con Gary Cooper, en lugar de los apaches o de otras tribus familiares. Todas, sin excepción, aparecen hostiles y tienen su insalvable final devastador.
La cornetita de la caballería, aflora para destruir su moderado e insustancial protagonismo.
La contracara, sin embargo, surge según uno de sus testimonios con el sutil silbido de la flecha.
Es en ese imperceptible soplido, donde reside la esperanza de la pertenencia, entre tanta peluca y metáfora ingrata. Nos enteramos que Danza con lobos, los expuso, según sus propias palabras, cual decorados. Que los hippies acompañaron en parte su lucha, aunque exageradamente. Que a la india que envió Marlon Brando para recibir el Oscar por El Padrino y de paso socorrer, a una tienda reprimida por el FBI, a ella, sí, la Industria le dio un ultimatum si se pasaba de la raya. Además de humillarla posteriormente y decir que fue una modelo disfrazada.
El humor de algunos de los exponentes resulta enriquecedor y remite a todos nuestros referidos en estas tierras. Ver el documental, con Milagro Sala presa, también ayuda a comprender más las razones del castigo social. De hecho, uno de los testimonios recuerda las palizas que recibían a la salida del cine, de parte de sus vecinos blancos, a modo de reproducir el resultado triunfal de la pantalla.
Hay, sin embargo, una última escena que refiere a una película en Alaska, creo, hecha para y por indígenas. Entre el encuentro romántico de una pareja y la persecución al protagonista, se vislumbra una sensibilidad como pocas, donde los recursos y relatos de las películas formales, parecen insuficientes ante este momento final. Es ahí, cuando el indio, acosado por sus enemigos, parte de su carpa para echarse a correr, hasta donde le de las piernas. La voz en off, dentro de nuestro documental que refiere al film autóctono y su desenlace, describe a alguien que, lejos está de ser emperantado con la actuación. El tipo corre pisando hielo, pisando lagos, las piernas le sangran y en ese trayecto, uno no deja de pensar en el pibito de los 400 golpes de Truffaut, en la abuela japonesa de Kurosawa o en cualquier borrego filmado por nuestro Favio.

El documental terminé de verlo como a las tres de la mañana. Me llevó más de tres días recordar o reconocer su nombre. Muchas veces concluyo que el cuerpo asume memorias de prejuicio y el mío no tiene por que ser excepción. Resistirse a otros códigos, otras formas de vidas y costumbres, salta desde adentro como una reacción de defensa. Después el pensamiento, las creencias, amplía el trabajo más sucio para justificar, para alejar eso que se presenta. El humor, la persistencia, la danza, el saber que lo genuino perdura a pesar de tanto acoso. La matanza a principios del siglo pasado, intentó transpolar la existencia de los indios americanos, por un valor mítico. "Querían decir que nos extinguimos como los dinosaurios", cuenta una voz desde el principio. El cierre de Reel Injun, con ese hombre libre, con las risas cómplices y compartida y con la convicción vivaz de sostener sin propagandas la existencia, ratifica el sentido de los que auguran falsos sinsentidos.