viernes, noviembre 27, 2015

Dejavu de cabotaje: Las viudas de los jueves


Tres socios para "Las viudas de los jueves"
Pablo Echarri, Leo Sbaragilia y Juana Viale conforman el tándem de actores elegidos por Marcelo Piñeyro y ella es la gran apuesta del director para su nueva película, "Las viudas de los jueves".



Injustamente los cuadros de Mario Pérez que cuelgan en los salones L’Automn, L’Printemps y L’Eté de La Mansión del Seasons pasan casi inadvertidos. Y no es porque les falten las clásicas barajas que usa el pintor para disparar enigmas. Sucede que la contundencia de la historia convocante y quienes la protagonizan obligan a desviar la mirada.
No es para menos, se sabe que "Las viudas de los jueves", el libro que va por la edición número 20 y fue leído por 150 mil personas, conlleva una tragedia conocida y que desde este mes comenzará a rodarse de la mano de Marcelo Piñeyro.
Tampoco es común que varios pesos pesado de la actuación, con Pablo Echarri y Leonardo Sbaraglia a la cabeza, se junten por estos días, fuera de un lanzamiento televisivo o una convocatoria política. Ambos, junto con Juana Viale, una de las apuestas del director de Caballos salvajes, aceptan dialogar sobre los countries (ámbito de la trama), los tiempos que corren y el lugar elegido para vivir.
“Me da mucha vergüenza, tanta exposición pública, ¿se notó que no quise hablar?”, dispara la muchacha, tras la conferencia de prensa. Echarri, por su lado, se escabulle de las cámaras. Lo mismo hace Sbaraglia. Ambos eligen la pausa para compartir vivencias y un plato de pastas al dente. 
¿Significa algo para ustedes que la historia transcurra en un country? 
Echarri: Viví un tiempo en un country, bah, en realidad fueron vacaciones. Los countries son un emergente necesario a la hora de una inseguridad tan grande. No creo que sea una propuesta deliberada o caprichosa de alguien, sino la búsqueda de una respuesta que tal vez el Estado no da. Es una consecuencia natural de alguien que quiere imaginar su vida resguardada. Igual la película habla de ciertos ocupantes con ciertas características, no se puede generalizar. 
Sbaraglia: Es cierto, el film habla de la crisis de 2001 y sirve de excusa para explicar cómo se va cayendo el tinglado de esa Argentina. Y Ronnie, mi personaje, es alguien que se ha salido del sistema aunque siga dentro del grupo. 
¿En tu caso, Juana, en varias oportunidades lidiaste con esto de mantener distancia y buscar un lugar para preservarte? 
Viale: Sí, pero una cosa es la invasión y otra la seguridad. Creo que los countries se eligen pensados para evitar aquello que no debería pasar. No por vivir adentro de ellos estás exento de la violencia, de la indiferencia, de la incomunicación. Los temas que toca la película suceden en cualquier clase social. 
La sola mención de sus nombres de ficción es suficiente para reconocer a quienes mantienen buena parte de la tensión en el relato de Claudia Piñeiro. Ronnie (Leo), un tipo de clase media, lleva cuatro años sin trabajo y es mantenido por su mujer y el Tano (Pablo), experto en negocios y líder en el ámbito del country Altos de la Cascada, son parte de esta aldea de “favorecidos”, de un sistema que se derrumba al mismo ritmo que el país.

La dupla de Plata quemada, especie de tándem-álter ego del cineasta, lleva a imaginar un resultado auspicioso, sin dejar de lado los dos millones de euros invertidos por Haddock Films y un elenco de lujo: Gabriela Toscano (Mavi, esposa de Ronnie), Gloria Carrá y Ernesto Alterio (Martín y Lala, otra de las parejas de la historia), Ana Celentano (mujer del Tano), Adrián Navarro (encargado de la seguridad del country) y la particular pareja que conforman Juan Diego Botto (Gustavo) y Juana Viale (Carla) coronan esta historia de desencanto y tragedia. Precisamente es a la nieta de Mirtha Legrand a quien le toca sobrellevar parte de la tensión en la historia, como mujer golpeada 
¿A qué te remitiste para elaborar el personaje? 
Viale: A nada, a vivirlo, a transitarlo. No es posible hacerlo de otra manera. 
¿Sos visceral para trabajar? 
Viale: Sí y éste no es un personaje que muchos puedan entender. Ella realmente ama a su marido. Algunos podrían suponer que está loca, pero no. Marcelo (Piñeyro) me dice que aprenda a no prejuzgarla, a quererla así como es. Sé que es muy difícil amar de la manera que ella lo hace. Yo nunca me hubiese imaginado así, pero se puede. Te aseguro que hoy entiendo a las mujeres que aman de esa manera. 

Y vos, Pablo, ¿algún referente que te remita al Tano? 
Echarri: El Tano es absolutamente reconocible, un tipo de clase media de Caballito que, por su audacia con los negocios y cierto talento, logra ubicarse dentro de un estrato más alto. Esto lo lleva a disfrutar de una serie de beneficios, llamémosle placeres de la vida, como el mejor auto, los mejores vinos y la cantidad de servidumbre, esencial para no tener que estar esclavizado en la crianza de los hijos. En síntesis, el Tano es un poco lo que todos, o muchos, queremos lograr. 
¿Cuánto hay de Ronnie en vos, Leo? 
Sbaraglia: Quizá mi desafío es luchar para evitar que ciertos comportamientos míos aparezcan en él. Porque yo soy más emocional, más sanguíneo. Ronnie es irónico, sabe tomar distancia de las cosas. El se ha corrido del sistema, entonces no lo disfruta, lo padece. Aunque sabe que a la larga, saldrá de ahí. Todos los que lo rodean son gente exitosa y él trata de ingadar sobre la felicidad que ese sistema les da. En realidad, no entiende por qué ellos lo disfrutan tanto. 
¿Creen que la película se corresponde con el presente? 
Viale: Quizás antes hubiese sido raro, este año vino como anillo al dedo. 
¿Te viste afectada por la crisis? 
Viale: La verdad, no tanto, he tenido grandes proyectos, con lo cual estoy sumamente agradecida, pero si veo alrededor, las noticias me matan. ¡Cinco mil empleados echó Toyota! El plan rescate... pará, me mareé. 
¿Te interesa el tema? 
Viale: No sé si me interesa pero me llega, todos los días leo, me nutro. Igual, siempre me pregunto si lo que uno lee es lo habilitado para la gente. Cuánta censura habrá detrás de eso. 
¿Y en tu caso, Pablo? Dijiste que eras afortunado pero hasta ahí... 
Echarri: Es que es así, algunos tendrán más posibilidades y desecharán más proyectos. La realidad es que uno concreta lo que se va haciendo posible, sobre todo en un país como la Argentina, donde la situación fluctúa y oscila de un extremo a otro, tanto y con tanta rapidez. Fijate, venimos con años de televisión y de mucha proliferación en el cine y hoy esa proliferación está casi nula. 
¿Vos, Leo, creés que la película es oportuna? 
Sbaraglia: Lo es a nivel mundial, pero también local. Cuando leí el guión vi que hablaba con precisión del argentino. Sabía transmitir aquello que uno odia de la argentinidad, esa sordidez, esa cuestión canchera, un poquito facha. 
Echarri: Claro, del deseo de pasarla bien, de pegarla y ocupar un lugar que no es el que vivieron los viejos. 
Sbaraglia: La novela lo retrata muy bien; la mirada racista, xenófoba, antisemita, esa capacidad de la invisibilidad de las otras clases sociales que no sean las propias. 
Pero de 2001 a hoy, ¿encontrás cambios? 
Sbaraglia: La crisis fue necesaria para poner los pies en la tierra, aunque hoy vuelvan a estar un par de metros por encima del suelo. En ese momento, muchos dijeron: “No voy a ser rico, pero salgo a hacer lo que quiero”. En ese sentido, con la acumulación social y cultural se produjeron fenómenos muy originales. Eso fue precioso. Viniendo de España he revalorizado mucho más a nuestro país, una diversidad y una capacidad de lucha. Originalidad, en la lucha. 
Un lugar para vivir. La desértica imagen de un caballo perdido en una de las paredes y los dos obispos abandonados a su suerte en una capilla derruida contrastan con el relato del actor. Ni qué hablar del paraíso de los Altos. Entonces, saber si los espacios elegidos se corresponden con el presente surge casi necesario. Los tres, por diversos motivos, tuvieron y tienen la chance de elegir otros ámbitos a la hora de vivir. 
¿Encontraron su lugar? 
Viale: ¿Físico? No, yo creo que no pertenezco a ningún lado. Hoy estoy acá y es una elección. El día que no estuve fue porque lo elegí. Pero no estoy segura de ser parte de nada. Son elecciones, uno va transitándolas y tienen sus consecuencias. Hoy elijo estar acá, mañana quizá te depara otra cosa. 
¿Qué pasa con los hijos? 
Viales: Ellos van con nosotros y nosotros nos amoldamos a ellos. Nada es tan riguroso. 
Echarri: Tengo muy claro que este es mi lugar. Con mi familia y los míos. Viajar es consecuencia del trabajo, agradable, esperada, pero circunstancial. 
Sbaraglia: A mí también me cuesta imaginar el futuro en otro lugar que no sea la Argentina, quizá no termine siéndolo, pero a priori aquí la paso mejor, tengo mucha infraestructura emocional, no por argentino, sino por haber crecido acá. Aquí, los domingos no te alcanzan. En España, los domingos se sobran, son eternos. 
“El Tano me seduce por trágico” 
Al margen de las bondades del ganador que interpreta, Echarri admite que el personaje lo seduce porque “en definitiva es un papel trágico. No concibo roles sin esa característica”. Admira la inteligencia del Tano, aunque también se permite juzgar su proceder. “Cuando la compañía de seguro decide indemnizarlo, elige para sobrevivir un negocio que requiere cierta insensibilidad. Es legal, pero dista de lo moral. Por eso, lo que le pasa al Tano es un conflicto reconocible, incluso para quienes no están en ese estatus. Es un emergente puro del capitalismo, que en vez de relacionarse con su familia y provocar un vínculo profundo, decide poner todo afuera. Cuando el afuera deja de estar, adentro no hay nada.” 
“Soy utopica, una gran voladora” 
Juana Viale rechaza la palabra “expectativas” de su vocabulario. No lo concibe, casi como una invitación a quitarla también de las preguntas. “Es algo que no tolero, lo que vivo lo palpo, lo siento, lo sangro. Soy así”, define sin vueltas. 
Admite que le encanta haber sido convocada y el desafío que representa participar en Las viudas de los jueves. “Si me llamaron es porque vieron que existe algo que yo les puedo dar”, agrega conforme por sumarse al grupo. Coherente, Viale se resiste a proyectarse en el futuro. 
¿Quién es más optimista, vos o Gonzalo (Valenzuela, su pareja)? 
Creo que yo, soy una gran utópica, una voladora por el espacio. Pero la realidad no se le escapa a ninguno de los dos. Creo que con poco se puede conseguir mucho y hay veces que realmente con poco no conseguís nada.