domingo, julio 05, 2015

¿Y las sociedades Tata?

Mientras la aparente mayoría, intenta deglutirse al DT argentino tras la derrota, el arduo y obstinado debate sobre la personalidad de Messi, el estilo de juego autóctono y la inclusión o no de Carlitos, afecta cualquier posibilidad de análisis sobre el juego disputado ayer en Santiago.
Además, la discusión chauvinista y los nostálgicos maradonianos (según la ocasión), ratifica el deseo de varios sobre la fácil voluntad de echar a cuanto novato que afecte los intereses del medio deportivo.
Pero a no detenerse en esto. Sobre el partido en sí, nada que discutir a la defensa, de solo pensar la bravura que a priori, impuso el equipo trasandino en los distintos partidos de la Copa América.
Mucho se dijo sobre la falta de ritmo de Dí María y que ganar minutos le permitiría recuperar energía y confianza. Acaso no sería desmesurado creer que el Fideo, finalmente se pasó de rosca. Tanto, como de gambeta. Un reclamo que siempre destacamos algunos, en esto de "hacer una de más", sólo por propio egoísmo. El ego de la selección es impulso y karma, casi en igual medida.
Parecía que Gerardo Martino había asumido la importancia de la buena química entre jugadores pero la adversidad, volvió a engañarlo.
Fue así que la inclusión de Lavezzi, mucho debió haber ofendido a los fanáticos del Apache ¿por qué no? Queda hoy más que claro que el cambio puesto x puesto no le resultó al propio Bielsa y que la audacia, en muchos casos para un técnico es intentar dejar de ser previsible por un rato (o cuanto  menos por los minutos que restan). Pero la de ayer no fue la excepción a la regla. El Tata sumó al último sexsymbol del seleccionado y la sociedad con Pastore en el PSG, abrigaba cierta esperanza, tanto para contener al adversario como para salir de contra.
Similar era pensar el tandem Aguero-Messi. Se sabe que, si hay espacios, ambos suelen buscarse de memoria, aún y a pesar de los celos de sus entrenadores. Pero no, en el mejor momento del Kun, en esto de recuperar y pelear la pelota como última y a pesar de estar siempre aislado (una característica de todo el torneo, generada por el dibujo que proyectó el propio Martino), el DT se desentendió del momento e hizo ingresar al hoy hipercastigado Higuaín. Al final, leí por ahí, que a Lio no le gusta aguantar y jugar de contra y, probablemente deberíamos pensar los argentinos antes de insultarlo que quizás, nuestro marciano NO SABE JUGAR DE OTRA MANERA.
¿Está mal?
El Barza sigue siendo la respuesta.
Tanto se pregona sobre el estilo de juego, sobre eso de que son los protagonistas y no las posiciones, que no se trata de peones si no de personas, pero cuando un técnico decide, parece estar jugando a los fichines.
En la cancha se ven los pingos y en el laboratorio, las ideas. Las intensiones, sin embargo, se ven en el juego. Y los cambios no son otra cosa que eso, cambiar.
Acaso el Tata no confió tanto en las sociedades, o confió a  medias.
Lo que queda claro es que el ni, lo dejó a mitad de camino.
Ahora sobre él pesará la presión mediática (siguen relamiéndose los menottibilardistas, más bianchistas y lombarderos); el futuro de algunos: Masche, primero, Messi (¿se bancará tantos palos?) y Tevez, después. Y la capacidad  mental para buscar la gloria en serio, más allá de aprender del fracaso (que siempre enseña)
Por ahora, nuestra sociedad, elige sacrificar a sus referentes, casi como un vicio religioso.
No es por arriba, ni por abajo. El cambio, Tata, señores, es por adentro.