lunes, mayo 11, 2015

Un tal González

Lunes, hora de pagar impuestos municipales, obligada travesía por sendos bancos, infaltables las colas con el cancionero de la inseguridad, en reemplazo de las cuestiones climáticas. En este caso, una señora rubia, de mediana edad, se queja de sus obligaciones en voz alta "vengo de vacaciones y ahora tengo que pagar todo". Amable, la tipa cuenta que en diciembre pasó por Córdoba y ahora por Entre Ríos. "Fui a la casa de mi hijo que estudia en la Universidad. Está haciendo la licenciatura de Teología", me informa y una leve sospecha me hace pensar en su función de pastor y la probable charla del domingo a la mañana con los timbreros de Gehová. Pero no, el "acá ahora no trabaja quien no quiere, los vagos cobran y no se consigue muchacha porque no quieren sacrificarse", mata cualquier debate apocalíptico.

Por suerte, al lado, un hombre delgado, "González", (se presentaría más tarde tendiendo la mano cual pulseada en un código más de hermandad que formal) me cuenta de su reciente visita a Nogoyá. "Yo soy de allá", comenta tímido quien en tono pícaro acepta que puede ser probable que el impuesto esté vencido.
El tal González tiene esas historias de vida que cualquier empleado, cibernauta o joven de negocios, ningunearía por el sólo hecho de no distraerse en temas más mundanos.

A sus 71 quien pasó por Rigolleau, fue pizzero, trabajó de encargado de una obra cuyo objetivo reparar el mismísimo Obelisco y hasta anduvo por el frigorífico matando corderos, me dice que hace poco se volvió a casar con una mujer de 45. "Yo ya tenía tres hijas y un varón, ella era viuda, con seis". González me aconseja comprar la carne en Camino y la 21, cerca de un ex trabajo, también sin concluirlo, se nota sentirse afortunado, después de recordar un accidente automovilístico que lo llevó a estar inconsciente durante cuatro días y donde perdió la vida del conductor. "El que nos chocó, era abogado, dicen que no le podían soltar la valija, después del accidente, andá a saber qué se traía. El tipo fue condenado por crimen culposo o algo así, al auto nuestro, un Duna, lo partió en dos", rememora y cuando da detalles sobre el desafortunado conductor fallecido y lo que quedó de él, se nota que agradece haberse quedado inconsciente para verlo.
González fue llevado por los bomberos y se despertó viendo unas máquinas raras, "no sé si salís de esta", le dijo el doctor. Pero salió.
Ahora, mientras cría los dos menores de su compañera, me cuenta que tienen una hija 'Ludmila', "El nombre lo eligió el de diez, ella es un poquito Down, pero es la más malcriada de todos los hermanitos que tiene".
De pronto se me cruza la nota de ayer de Tinelli en Clarín y su sinceridad para reconocer lo difícil que es ensamblar una pareja con tantos hijos. Pero la de González es otra cosa.
El tipo que estaba primero se entera que debe ir a la Municipalidad a pagar el impuesto vencido. "Así charlamos y se nos pasó rápido", comentará antes de despedirse. Intercambiamos nombre, ´él se presentó como González, pero no por desconfiado, me dice que tiene una hermana o hija en Nogoyá, después de sugerirme conocer su pueblo. Curioso, después de muchos años de volver ahí, no sintió nada de nostalgia. "Cuando pasé, sólo pensaba en volverme", asumió tras el verso de las casas sin llaves y los vecinos en la puerta. De todos modos me dio detalles por si quería recorrer el lugar. También me informó sobre su casa, en Berazategui. Aquí no hace más pizzas pero alquila un puestito a un pizzero amigo. "Le cobro barato" y la cifra le da la razón. Le pregunto si se jubiló bien y me dice que sí, que tenía como 40 años, pero le reconocieron 28. "En una fábrica de 10, me reconocieron dos". En otra, lo echaron un año y medio después por un problema en la columna. "Le iba a hacer juicio pero arreglé por dos mil pesos", se consuela. Aquel montó parece tan poco como los de ahora. Por suerte González enganchó otro viejo laburo enseguida.
El hombre se va al domicilio recomendado por la cajera. Lo despido, hay días que pagar los impuestos tiene sentido.